@YaestoyenTwitter

Gabriela Warkentin explica qué es Twitter, para qué sirve y por qué ella es una asidua twittera; la directora de Comunicación de la Ibero expone la importancia de entender su peso en México.
twitter  (Foto: Especial)
Gabriela Warkentin

Le dedican portadas de revista; se habla de la ‘Revolución Twitter’ en Irán; Nielsen reporta un crecimiento en el número de usuarios de casi 2,000% de 2008 a 2009; las marcas buscan cómo insertarse... Nos referimos a Twitter. ¿Una novedad tecnológica más?, ¿sólo una moda de comunicación? No lo parece.

Dicen que en México no hay mucho más de 5,000 twitteros; que andan pegados a las novedades tecnológicas (entre geeks y sólo tech-awareness); que son críticos/ácidos/inconformes; más hombres que mujeres (pero, ojo, éstas van en aumento; a nivel mundial son de hecho más las mujeres usuarios); que tienen entre 20 y 40 años (aunque hay quien coloca la frontera superior en los 25 o los 30), urbanos, con estudios; que sin duda les gusta exponerse, y mucho; que tienen blogs o están en otras redes sociales; que hacen uso de las tecnologías con fines también profesionales; que valoran la movilidad y, por supuesto, la inmediatez; y que saben decir lo que tienen que decir en 140 caracteres. El perfil propio de los misioneros tecnológicos: con espíritu aventurero y a sabiendas de que están conquistando territorios aún vírgenes.

¿Qué es Twitter (http://twitter.com)? Es una plataforma (no red social) que permite a sus más de 11 millones de usuarios en el mundo enviar desde la web, dispositivos móviles u otras redes sociales, mensajes de máximo 140 caracteres (unas 20 palabras) que se ordenan cronológicamente. Sus creadores apuntan que los 140 caracteres responden a que la mayoría de los teléfonos celulares o dispositivos móviles permite el envío de mensajes de texto (o SMS) de máximo 160 caracteres.

Su identidad la da un pajarillo azul, porque twitter viene de tweet, que en inglés significa, literalmente, ‘piar’.

La lógica de Twitter funciona en base a ‘seguidores’: a quiénes y a cuántas personas sigues, y cuántos o quiénes te siguen a ti. Un usuario nuevo se da de alta (a través del sitio o mediante un dispositivo móvil ya que hay aplicaciones para iPhone o BlackBerry). Luego se busca a personas conocidas, personajes deseados, medios de comunicación, marcas, asociaciones. Cuando encuentra lo que busca, acepta seguirlo, y a partir de ese momento aparecerá en su sitio todo lo que el seleccionado escriba.

Viene ahora la parte menos fácil: lograr que lo sigan a él, porque sólo así quienes lo siguen podrán enterarse de lo que tenga que decir. Si no sigue a nadie y nadie lo sigue, su twitteo será como pararse a hablar en la esquina de una calle transitada: podrá decir lo que quiera, nadie reparará en ello (la paradoja se hace patente aquí también: así como se ha demostrado que ocho de cada 10 sitios web son visitados sólo por quien los creó, así también se estima –lo hizo HubSpot hace unos meses– que casi la mitad de los usuarios de Twitter o nunca han twitteado o no tienen quien los siga, es decir, quien los escuche).

Diversos estudios publicados en el sitio Sysomos (www.sysomos.com/insidetwitter/) apuntan a que más de 90% de los usuarios de Twitter siguen a alrededor de 100 personas y son seguidos por otros tantos. 

En pocas palabras: es un espacio de información, de actualizaciones inmediatas, de hacer más sencillo lo que de por sí ya hacemos en las redes sociales (así lo planteó Jack Dorsey, su fundador, en julio de 2006), una red de microrredes que ha tenido un crecimiento explosivo que responde a la sencilla pregunta: ¿Qué estoy haciendo?

Se calcula que en México hay 5,000 twitteros y habría que preguntarse por qué reparar en este nicho ciberparlante. La respuesta es: justo por ello.

En épocas en que reconocemos la importancia de los nichos como manifestación de la diversidad social, económica y cultural, resulta fascinante sumergirnos en la conversación continua de los twitteros; porque si bien en México no son muchos, a nivel mundial los usuarios suman varios millones.

Hoy, los twitteros mexicanos forman una especie de comunidad de iniciados, con sus códigos y alguna que otra regla. Marcan tendencia, que en estos tiempos no es cosa menor. Hablarle a unos pocos elegidos, que a su vez están interconectados, pero hablar mucho y de manera constante, es una de las esencias de la comunicación del siglo XXI.

El mundo Twitter

El más popular en Twitter es Ashton Kutcher (el esposo de Demi Moore), con más de 2.9 millones de seguidores.

Twittean desde el ciudadano común y corriente hasta Barack Obama, Ellen Degeneres, Andrés Manuel López Obrador, el PTI, VNN, Time, Nike, la Selección Mexicana y la policía mexicana… hay política, deporte, pornografía, marcas, muchas marcas, videojuegos, música, estados de ánimo, preguntas, recomendaciones, enojos, convocatorias, reconocimientos, apapachos.

En México y el mundo latinoamericano, algunos de los twitteros más seguidos son @RicardoZamora, @jmatuk, @Ibero909FM, @profeco, @wow2000, @laquesefue… (http://wefollow.com/twitter/mexico), con varios miles de seguidores. Y se habla de todo: platillos consumidos, bebidas preferidas, estados de ánimo, productos comprados, sitios favoritos, tecnología, vacaciones (con nombres de hoteles, restaurantes, atracones), TV, cine, sugerencias de productos; se intercambian fotografías, canciones, videos (a través de ligas), y se comenta, opina, informa, opina y opina. ¿Alguien ya se dio cuenta de que un grupo de twitteros mexicanos es consumidor asiduo de Dubonnet (el aperitivo francés)?

¿Qué da Twitter?
Un gran mundo de datos sobre lo que las personas están conversando; un termómetro para la reputación (de marcas, personas, situaciones); un sentir sobre el ambiente y las tendencias. Twitter permite identificar a los ‘Social CPM’ o Costo por Millar Social: es decir, el mayor o menor valor en función de la capacidad de sus miembros para influir en la demanda de determinados productos y servicios; por ello no importa en sí el número de seguidores, sino el poder de influencia y vinculación de cada uno.

Pero, sobre todo, Twitter da la seguridad de la ‘conversación privada que se hace pública’.

¿Qué no da Twitter?
Tiempo, reflexiones profundas, diálogo sostenido (no es un chat, es más una conversación global). En términos tecnológicos, Twitter aún adolece, como muchas redes sociales, de la incompatibilidad entre algunas plataformas, lo que lleva todavía a mantener sitios y espacios diferenciados que no siempre se intercomunican.

Twitter se ha visto reacio a la inserción comercial directa, pero está probando ser una mina de oro para mantener la reputación de las marcas, para el control de crisis y daños, para la movilización.

Pero, sobre todo, Twitter no da lo que la sociedad no tiene: esperar que el twitteo movilice, revolucione y transforme, es no reconocer las dinámicas propias de cada entorno. Cada vez que se habla de una nueva forma de comunicación, surgen los detractores que señalan que ni es tan nueva ni cambia nada. Esta sola expresión manifiesta ya que de lo que se está hablando es importante. Un reciente artículo publicado en el diario El País decía que “Twitter no basta para la revolución” (en referencia a las pasadas elecciones en Irán, y el movimiento estudiantil que se ha alimentado, sobre todo, por los más de dos millones de twitteos enviados en el periodo más álgido del conflicto poselectoral), a lo que habríamos de responder que cada vez basta menos una sola lógica comunicativa. Y si no, que se lo pregunten a los mercadólogos.

En su blog (http://pisanty.blogspot.com/) el académico y experto en TI y Comunicación, Alejandro Pisanty (@apisanty con casi 500 seguidores), refiere: “A diferencia de LinkedIn o Facebook, es posible ‘seguir’ (leer las actualizaciones) a una persona sin que se establezca una relación recíproca, y reenviar al espacio público (retweet) mensajes recibidos.

En general, la dinámica de Twitter es ágil, inmediata, casi instantánea, íntima e intrusiva. Alrededor de cada uno de los usuarios se va creando una comunidad de lectores y leídos, de emisores y receptores y retransmisores, que personaliza la experiencia. “Twitteo para comunicarme con personas que aún no conozco y para enterarme de cosas que dicen personas que aún no conozco”.

Hace algunos días fui a Veracruz a dar una charla sobre hostigamiento y acoso sexual desde la perspectiva de la comunicación y el uso del lenguaje. El salón donde estaba tenía buena conexión a internet, y mientras exponían mis compañeras de mesa, y luego yo, twitteamos lo que se estaba diciendo.

Muy pronto se sumaron a la conversación voces que me daban ejemplos de acosos sexuales sufridos, que recomendaban sitios en internet, que me pedían que fuese dura en mi exposición. Casi nadie de los presentes en el aula sabía qué es Twitter, cuando comenté lo que estaba haciendo mientras exponía. Tampoco importó, porque la conversación se da en niveles simultáneos y en tiempos diferidos.

La autora es directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana y de Ibero 90.9 FM. Articulista, conductora de radio y TV, news junkie, twittera (@warkentin)... y lo que se sume.

 

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