Rangel pide fusionar banca de desarrollo

Héctor Rangel Domene, director de Nafinsa, envía una carta al Congreso a través de CNNExpansión.com; defiende la propuesta de fusión de Nafinsa, Bancomext y el Fideicomiso Minero.
Hector Rangel Domene  (Foto: Notimex)
Héctor Rangel Domene

Señores legisladores:

Primeramente, creo que es importante destacar lo que ya se ha hecho para paliar los efectos de la crisis global.  En el caso de Nacional Financiera y el Banco Nacional de Comercio Exterior, estas dos instituciones han jugado un activo papel en el diseño y aplicación de programas anticíclicos, primero, y acciones específicas este mismo año para apoyar a las empresas que resultaron afectadas por la emergencia epidemiológica que vivió México hace algunos meses.

En este sentido, Nafinsa y Bancomext han sido un efectivo brazo ejecutor que ha canalizado recursos por casi 130 mil millones de pesos -110,293 millones y 17,965 millones respectivamente- a las empresas en los últimos 10 meses, en beneficio de miles de entidades productivas, particularmente pequeñas y medianas, y protegiendo con ello cientos de miles de empleos.

Creo que para lo que resta de 2009 y para el año siguiente los retos son muy importantes, y también que para enfrentarlos hacen falta reformas estructurales que tienen que ver con lo fiscal, lo laboral y el tema educativo, entre otros.

En el tema que me ocupa, el de la banca de desarrollo, creo que la decisión más importante que tiene que tomar en este sentido el estado mexicano, es definir qué modelo se requiere para cumplir de mejor forma con los objetivos de financiamiento y desarrollo de los mercados y proyectos productivos.

Este modelo debería considerar un horizonte de cuando menos 10 a 15 años y tomar en cuenta que nuestra economía está estrechamente vinculada con Norteamérica y globalizada en muchos aspectos, pero al mismo tiempo con una penetración financiera muy baja y con una gran necesidad de ampliar la disponibilidad de crédito a las empresas y familias mexicanas.

Es ahí donde la banca de desarrollo debe jugar un papel importante para facilitar dicho acceso al crédito, llenar huecos que deja la banca privada y financiar proyectos de inversión estratégicos o innovadores.

En este camino, creemos que todo apunta a la conveniencia de iniciar cuanto antes un proceso de consolidación de las múltiples instituciones de fomento que existen en nuestro país, y que realizan funciones de intermediación financiera o de otorgamiento de crédito, pues el sistema actual no es el más eficaz ni eficiente para atender las urgentes necesidades de crédito de nuestra economía.

Estoy convencido de que la propuesta de fusión de Nafinsa, Bancomext y el Fideicomiso Minero (Fifomi) y que ya ha sido discutida en el Senado de la República,  está bien planteada y seguramente será enriquecida por la discusión legislativa.

Esta fusión permitirá atender de una mejor forma a las empresas mexicanas, porque se evitarían duplicidades, pero también permitirá contar con un capital adicional de aproximadamente 2 mil millones de pesos que se traducirán en una capacidad crediticia mayor en alrededor de 20 mil millones de pesos, así como ahorros de gasto operativo del orden de 1,200 millones de pesos anuales, lo que ampliaría aún más la canalización de financiamiento en otros 10 mil millones de pesos adicionales al año.

Insisto en que la banca de desarrollo es un instrumento poderoso del estado mexicano que ha contribuido y puede contribuir mucho más a ese desarrollo y a facilitar el acceso al crédito y al capital, a las empresas y familias mexicanas.

México enfrenta problemas importantes para recuperar su desarrollo y generar mayor crecimiento económico para que la población pueda tener más y mejor empleo en un futuro cercano.

La crisis actual nos obliga a todos a actuar decidida y rápidamente con este propósito.  No hacerlo, evidentemente nos aleja de ese objetivo común de bienestar.

Aunque parezca reiterativo, realmente las dificultades pueden transformarse en oportunidades, si se actúa oportunamente en consecuencia.

Creo que lo que tenemos que propiciar es un ambiente más competitivo para hacer negocios, con reglas claras que propicien una mayor inversión privada.

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Para ello, están pendientes las reformas estructurales tan comentadas: la fiscal, la laboral, la energética, la educativa.  En fin, todos aquellos instrumentos legales que nos permitan desregular la economía, en un marco de claro estado de Derecho, porque al final del día se trata de sentar las bases de un desarrollo sano, sostenido, que nos permita generar riqueza y, sobre todo, más empleos para los mexicanos.

Héctor Rangel Domene es director general de Nafin

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