Tec enseña a invertir con dinero real

Según el ITESM, para aprender a invertir hay que usar dinero propio, no simuladores o ‘panchólares’; los alumnos de Administración Financiera arriesgan dinero real como parte del programa de estudios.
Deyanira Hernández y Priscila Peña  (Foto: Adán Gutiérrez)
Guadalupe Cadena

Priscila Peña es una estudiante universitaria que, además de acudir a las clases de Administración Financiera, dedica algunas horas a manejar sus inversiones en las que arriesga dinero propio.

No es que distraiga tiempo de las tareas y los exámenes para jugar al broker, sino que las actividades prácticas forman parte de sus estudios. Ésta es una “experiencia padre y diferente”, dice, porque como un inversionista profesional debe conseguir fondos, abrir cuentas bancarias, elegir instrumentos atractivos y compararlos con el mercado.

Peña forma parte de la primera generación de estudiantes del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Ciudad de México, en participar en un programa que involucra los mercados financieros reales.

Hace un año, los alumnos que estudian los primeros semestres de Administración Financiera fueron a una sucursal de BBVA-Bancomer, para abrir sus cuentas bancarias. Cada uno hizo una aportación inicial de 2,000 pesos, divididos en dos: una cantidad para cuentas eje y otra para inversión en fondos; las proporciones variaron según las decisiones de los titulares. En todos los casos, el portafolios estuvo integrado por dos fondos, BMERAHO y Triple B, de renta fija.

Lo que tienen en sus manos los estudiantes “no son ‘panchólares’, no es un simulador, es dinero contante y sonante”, comenta Daniel Moska, director de la División de Negocios de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México del sistema ITESM. Lo que se propone “es contribuir a la difusión de la cultura financiera y formar personas responsables en sus finanzas”. Los alumnos se darán cuenta, por ejemplo, que si bien el papel gubernamental es más seguro, al final de cuentas resulta más caro para la economía, por su bajo rendimiento, y porque en lugar de financiar proyectos productivos, como pequeñas y medianas empresas o refinerías, los recursos van al gasto operativo del gobierno.

“Esto se lo puedes explicar a los chavos en la clase pero es mejor que ellos lo vivan, porque a partir de ahí van a surgir propuestas”, dice el profesor.

Viviana Guevara, directora de la carrera de Administración Financiera, explica que los jóvenes de los primeros semestres sólo pueden invertir en instrumentos de renta fija, a mediados de la carrera tendrán disponible la renta variable y en los últimos semestres incursionarán en derivados.

Los alumnos de séptimo, octavo y noveno semestres ya tienen una materia –que vale por dos, dado su grado de dificultad–, en la que manejan inversiones de Bancomer, que aporta un fondo de 3 millones de dólares. Los estudiantes deben rendir cuentas a un comité de inversiones. “Es una materia muy demandante y de mucha responsabilidad”, explica Mónica Escalante, profesora de la carrera, “pero había que empezar desde más abajo”.

La estudiante Deyanira Hernández, de los primeros semestres, dice que esta práctica de inversiones ha roto paradigmas porque el trabajo se organiza en equipos, lo que obliga a los jóvenes a negociar y llegar a acuerdos. “En mi equipo tuvimos que ver si invertíamos mitad y mitad, o 70 y 30, o 90 y 10%” del capital, pero, finalmente, se decidió que de la bolsa de recursos se destinaran 3,000 pesos al fondo Triple B y 1,000 al BMERAHO. En 57 días, el equipo de Hernández obtuvo un rendimiento anualizado de 5.1%, el mejor de la clase.

Mónica Escalante explica que en los primeros semestres se premia el rendimiento, pero más adelante se tienen criterios más estrictos, para enseñar a los alumnos que también es importante vigilar que no se tomen demasiados riesgos con tal de obtener ganancias. El programa de prácticas, que será replicado en otros campus del ITESM, dejó que las inversiones más premiadas fueron las que ingresaron primero al mercado y que diversificaron sus recursos.

Para las profesoras Mónica Escalante y Matilde Suárez, las técnicas de aprendizaje activo tienen la virtud de poner a los alumnos en contacto con la realidad, de modo que se ven obligados a resolver problemas concretos y a tomar decisiones maduras. Por ejemplo, el alumno Luis Arturo Villar tuvo que enfrentarse con la regulación y los trámites. Por no contar con su credencial de elector, la apertura de sus cuentas se retrasó y lo mismo pasó con sus prácticas. Priscila Peña refiere que los altibajos de la Bolsa durante los últimos meses, “fueron algo feo porque nos afectó a todos”, pero comprendió que así funciona la economía.

Los jóvenes han entendido que no basta con estudiar y hacer tareas, sino que además es necesario revisar a diario indicadores económicos y financieros, estar al tanto de las noticias de negocios y consultar enormes bases de datos.

Otro gran aprendizaje, explican las profesoras del ITESM, es que los alumnos se ven forzados a manejar la tolerancia hacia variables fuera de control del agente financiero pero que influyen en la economía. Y también se dieron cuenta de que la falta de decisiones rápidas trae consecuencias, ya que las cuentas sin movimientos tienen un castigo de 100 pesos mensuales.

En el ciclo escolar, que empezó en agosto, los jóvenes inversionistas se preparan para iniciar la segunda etapa del programa de inversiones. “Tal vez no tengamos todos los conocimientos, pero que nos hayan dado la oportunidad de ver qué se siente (invertir) me emociona”, afirma Deyanira Hernández.

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