Manuel Arango pide donar 1% de utilidad

A sus 73 años, el CEO promueve la responsabilidad social con el Centro Mexicano para la Filantropía; el presidente de Parque Reforma cree que su mayor misión es colaborar con el desarrollo de México.
Manuel Arango  (Foto: Carlos Aranda / Mondaphoto)
Gisela Vázquez

A los veintitantos años, Manuel Arango dedicaba los siete días de la semana a trabajar y trabajar y pensar en el crecimiento de Aurrerá (la empresa familiar que en 2000 vendieron al gigante Wal-Mart). “Sólo pensaba triunfar y no en cómo ayudar a la gente”, admite el veterano empresario.

Pero desde hace 27 años, con la fundación del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), Arango ha dejado paulatinamente su actividad empresarial. Ahora, a sus 73 años, dedica 20% de su tiempo a su empresa Inmobiliaria Parque Reforma, que actualmente desarrolla en la ciudad de La Paz, Baja California, una de las marinas más modernas que tardará 10 años en construir y requerirá la inversión de 900 millones de dólares (MDD).

El resto de su tiempo lo dedica a la sociedad, su mayor pasión. “Me dedico a ver de qué manera puedo aportar para el desarrollo de México en todos los sentidos: desarrollo económico, social”. Defensor del medio ambiente, de la cultura, de la educación, su sueño es contribuir a que en México haya un verdadero Estado de Derecho. “Es el cimiento de toda transformación”, dice. Durante la entrevista habla del nuevo rol del empresario como ciudadano.

Alguna vez Jack Welch (ex presidente de GE) declaró que las empresas deben tener como máximo objetivo buscar la creación de valor. ¿Qué piensa usted?
La visión de Welch es conservadora. Es erróneo el argumento de aquellas empresas que piensan que su función es maximizar la rentabilidad de la compañía con el propósito de darle el mayor número de dividendos a sus accionistas y que ellos hagan con su dinero lo que quieran, que sean los accionistas los que hagan las obras.

¿Cuál debería ser la responsabilidad de la empresa?
Las empresas deben asumir una responsabilidad en diversos campos, no sólo en dar dinero, sino en la ética, en el medio ambiente. Cuando dicen que cumplen la ley y con eso basta yo les digo que cumplir la ley no es generosidad, es una obligación. Yo les digo “aparte de cumplir con la ley, ¿cuáles son tus actos de responsabilidad?”. La responsabilidad es ir más allá de lo que marca la ley. Por ejemplo, supongamos que hay un vacío en la ley en materia de medio ambiente, pero eso no significa que voy a tirar mis desechos en cualquier lugar. La empresa debe preocuparse por el entorno en el que opera.

¿La responsabilidad social debería estar ligada con la rentabilidad de la empresa?
Sí. Está probado que los aspectos de responsabilidad social ayudan al crecimiento de la rentabilidad. Cuando una empresa es socialmente responsable hay menos rotación, están más contentos. El mercado reconoce el comportamiento de la empresa, los colaboradores y los consumidores lo reconocen también.

Las empresas dicen “quiero ayudar”, ¿pero, en términos de pesos y centavos, qué quiere decir esto?
En EU, las empresas destinan 5% de sus utilidades antes de impuestos a un programa específico de asistencia, a sus fundaciones o a un programa externo de educación, medio ambiente, etc. Aquí en México, Cemefi promueve que las compañías se comprometan a dar sólo 1%. Las empresas mexicanas han visto que si dan esa aportación es redituable para ellas, ya que son bien vistas por sus proveedores y por el gobierno y aumenta la preferencia de sus marcas.

Pero en épocas de crisis, lo primero que reduce una empresa es el presupuesto para las fundaciones o para los programas sociales.
Si la empresa adoptara el porcentaje de 1%, ya no tendría que decidir si lo quita o lo mantiene. Si no tengo utilidades, entonces no doy. Si la empresa gana poco, da poco. Con un porcentaje establecido desaparece el debate de dar o no dar.

¿Qué es lo que más valora de un empresario?
A mí lo que más me gusta es cuando un empresario dedica parte de su tiempo a crear un modelo que se pueda replicar. Por ejemplo, el de microfinanzas es un modelo replicable. Ahí el propósito es poder financiar a más gente y no que el empresario se haga más rico.

Personalmente, ¿usted hace voluntariado, va a una zona marginada a entregar comida o pone adobes?
He hecho muy poco voluntariado de ese tipo. Hay veces que uno tiene que aportar en un terreno más que en otro. El motor que más me motiva es convencer a las empresas y a los ciudadanos de que el recurso más importante del país es el humano y que si ese recurso no lo ponemos al servicio de la sociedad, nunca vamos a tener un país como el que soñamos. El único camino para tener un país rico es cuando todos los que participan en todos los sectores aportan parte de su tiempo para solucionar los problemas.

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¿Cuál debería de ser la relación del empresario con la política?
Cuando un empresario me dice: “Yo no me quiero meter en política”, le respondo, “es como si me dijeras: ‘yo no soy ciudadano’”. Una cosa es hacer política partidista y otra cosa es, yo, como ciudadano, quiero saber qué hacen mis legisladores, quiero transparencia, que me rindan cuentas ya que es mi dinero. Los ciudadanos, además de ayudar, tenemos que participar en la política y en ese sentido sí soy político.

¿Cómo se ve en 10 años?
Si los vivo, tengo 73 años. Me veo extremadamente activo hasta el día en que no pueda por razones físicas. Mi tiempo lo dedico a temas de participación ciudadana, llámese filantropía, temas ambientales, y a las fundaciones que he creado. Siempre me pregunto qué puedo hacer como empresario, qué puedo hacer como ciudadano de México. Ésta es mi pasión, es lo que ha enriquecido mi vida. Soy político, pero no quiero participar directamente en un partido.

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