El PIB necesita cirugía reconstructiva

Ciertos hechos negativos se reflejan de forma positiva en el PIB, afirma Luis Miguel González; el director editorial de El Economista explica que hay un problema de forma en la medición del PIB.
Gráfica  (Foto: Archivo)
Luis Miguel González *

¿Qué tienen en común el alcoholismo, los embotellamientos de tránsito y el narcotráfico? Son hechos negativos que se tornan positivos, a través de esa alquimia que es la medición del Producto Interno Bruto (PIB).

El consumo sin moderación de alcohol aparece como un movimiento económico en restaurantes y bares o en la industria de vinos y licores. Un atascón vial genera mayor consumo de gasolina y un ingreso cuantificable para los dueños de las gasolineras y Pemex. La producción, reparto y consumo de droga es una actividad moralmente reprobable y un delito, pero explica entre 2 y 6% del PIB de Colombia o México, según los expertos. Aparece en él en forma de compra-venta de inmuebles, joyas, armas, operaciones financieras y pago de salarios, entre otras cosas.

El problema no es el PIB, sino la forma en que lo medimos. El PIB es el ‘Rey de Corazones’ de las estadísticas económicas, pero tiene límites. No es una fotografía de gran precisión, sino algo más parecido a un cuadro abstracto. Lo sabía su inventor, el ruso americano Simon Kusnetz hace 70 años. Lo sabemos hoy, pero lo olvidamos y con frecuencia caemos en la confusión. Es bueno tener un crecimiento positivo del PIB, pero no es bueno todo lo que lo hace crecer.

La tala de un bosque aparece en las estadísticas como una contribución positiva al PIB. La madera obtenida hace sonar la caja registradora y aparece en la matriz insumo-producto de las estadísticas nacionales. Ahí están también las hachas, aserradoras y hasta los cigarros que fuman los leñadores.

Nunca pongas tu fe en lo que las estadísticas dicen, hasta que no sepas lo que no dicen, dice William Watt. El caso del PIB le da la razón. No está diseñado para registrar los efectos secundarios de algunas actividades que ponen a girar las ruedas de la maquinaria económica. Tampoco sirve para valorar los millones de acciones valiosas que no implican transacciones monetarias. El cuidado de los bebés sólo entra en las estadísticas cuando lo realiza alguien que cobra por ello. El cuidado de los hijos no figura en el radar de las estadísticas ni tampoco el tiempo, esfuerzo y talento que dedican a cocinar las amas o los varones de la casa.

Lo que medimos, determina lo que hacemos. Si medimos las cosas equivocadas, tomaremos decisiones absurdas. Una gran parte de las políticas públicas son diseñadas y evaluadas a partir de su aportación al crecimiento del PIB, pero este Rey de Corazones no es en la vida real lo que parece en los planes económicos. Registra como positivos algunos delitos, si estos implican transacciones monetarias. Pasa por alto algunas de las acciones más generosas de nuestras vidas.

El crecimiento del PIB debería estar relacionado con el aumento de la calidad de vida y el bienestar. No lo está. Por eso hay esa discrepancia entre crecimiento del PIB y los niveles de satisfacción del Happy Planet Index, del que hablábamos hace poco. Por eso hay tantas mentes rebeldes empeñadas en revisar la forma en que se mide el PIB.

Joseph Stiglitz y Amartya Sen son dos de los personajes más importantes abocados a esa tarea. Estos premios Nobel fueron convocados por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, a trabajar en una Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social. “Hay un abismo entre lo que hacemos y lo que la gente percibe y necesita”, dijo Sarkozy al integrar la comisión, hace 18 meses. Más de dos tercios de los franceses no siente que las cifras del PIB reflejen su bienestar. Peor aún, no creen en las estadísticas que dicen que un francés promedio es más rico hoy que el de hace 30 años. Ellos se sienten peor y más pobres, aunque el PIB per capita diga lo opuesto.

Las cosas no son diferentes en EU, Inglaterra e India, dicen Stiglitz y Sen. Podríamos añadir México. La comisión hace una docena de recomendaciones para acercar el PIB a la realidad. Valorar los placeres derivados de la relación con el medio ambiente; poner más énfasis en el punto de vista de los hogares y ponderar cientos de actividades que no figuran en los mercados como cuidar los jardines, preparar galletitas, cuidar bebés y visitar a las abuelitas. Ya lo dijo Watt: “No le pongas un altar al PIB, hasta que no sepas lo que significa”.

* El autor es director editorial del diario El Economista

 

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