Clase media en peligro de extinción

Los problemas de su desaparición pasan por disminución de inversiones e inestabilidad política; el director editorial de El Economista advierte de las presiones por el fisco y el desempleo.
clase_media_casa  (Foto: Cortesía SXC)
Luis Miguel González

Con ustedes, ¡la clase media! Mírela bien, no le quite los ojos de encima. Ahora está ahí, mañana… será otra cosa y tendrá otro tamaño. En el año 2006, en México había 13.1 millones de hogares que cabían en la categoría de clase media. El total había caído a 11.8 millones para 2008. Las cuentas son de la consultora GEA y no incluyen el efecto de la crisis que estalló con la quiebra de Lehman Brothers. “El nuevo número podría quedar en torno a los 10.5 millones”, dice Ernesto Cervera, director de GEA.

Adelgazamiento de la clase media, le llaman algunos, pero las estadísticas no están para eufemismos. Estamos ante algo mucho más drástico. Son más de dos millones de hogares que salieron de la categoría en cuatro años. Si fuera una novela de misterio, preguntaríamos ¿cómo es que desaparecieron? Si estuviéramos en una obra de Agatha Christie, diríamos ¿quién es el asesino? No tenemos mayordomo, Expreso de Oriente ni salones de té. Nos encontramos en una sociedad en evolución. La clase media ya no es lo que era. Una generación atrás era la encarnación de la estabilidad. Ahora son el eslabón más débil de la cadena y sinónimo de vulnerabilidad.

La clase media era la mitad de los 26 millones de hogares mexicanos. Ahora es menos de 40%. Es una mala película que no se proyectó de un día para otro. México no tiene una política de promoción de una clase media y eso explica muchas cosas. Del descenso registrado en el último cuatrienio, hay muchos villanos: el credit crunch; la precarización laboral; las dificultades crecientes de los micro y pequeños negocios, la presión fiscal y hasta el aumento del número de divorcios.

¿Divorcios? Sí, como lo oye. El matrimonio es, también, una institución económica, como lo explicó el Nobel Gary Becker. El matrimonio es la suma de dos ingresos y la división de muchos riesgos: desempleo y enfermedad, por ejemplo. La separación acaba con esa sociedad. Aumenta los gastos y los riesgos de cada uno de los ex cónyuges. Del divorcio de dos clasemedieros bien puede resultar un par de nuevos pobres.

El adelgazamiento de la clase media es un fenómeno global. Se habla de él en Alemania, España, EU, Argentina y Colombia. L’adieu de la classe moyenne (El adiós a la clase media), se titula un best seller francés de Jean Lokjine. The middle class on the precipice (La clase media en el precipicio), es el nombre de un ensayo de la experta Elizabeth Warren. No todo es oscuridad. En sentido contrario, se menciona el caso de China donde hay más de 200 millones de personas en la clase media y decenas de millones se incorporan cada lustro. Los gigantes de Asia están bien, pero son otra cosa.

El comportamiento de la clase media es un reflejo de la salud de un país. A los europeos les preocupa el final del estado de bienestar universal y a los estadounidenses, el aumento de la factura médica y educativa. En México, ¿qué? Quizá el final de la promesa de ascenso social.

Una nación con una clase media en ciclo ascendente tiene motivos para hacer cuentas alegres: un mercado interno al alza y un enorme potencial de cambio social. Impulsa el surgimiento de pymes e invierte en educación y bienes culturales. Una clase media a la baja provoca el efecto contrario. Disminuye el consumo y la inversión y otras cosas. Más allá de los efectos económicos, se pone en marcha un círculo vicioso: una clase media deprimida es más propensa a favorecer respuestas gubernamentales de corte autoritario. El miedo a la libertad, de Erich Fromm, estudia este fenómeno en lugares tan distantes como la Alemania que propició el ascenso nazi y el Chile que tocó la puerta en los cuarteles para que ocurriera el golpe de Pinochet.

En otra época en la que la clase media estaba en ascenso se hablaba de nuevos ricos y ‘nuevorriquismo’. El descenso ha producido un concepto bizarro: los Nuevos Pobres. En esta expresión, que nació en Argentina, caben personas que nunca antes fueron pobres, pero sufrieron una pérdida total o significativa de su fuente de ingreso. No pueden comprar aquellas cosas a las que estaban acostumbrados. Son todo un acertijo en términos de mercadotecnia y política social: “No es lo mismo atender a pobres que a nuevos pobres”, dice Bernardo Klinsberg.

Somos una sociedad mutante y por eso es tan difícil definir la clase media. El ingreso no basta. Debemos considerar otros factores, como el nivel educativo, los hábitos y el capital cultural. Un pepenador tiene mayores ingresos que un egresado de ingeniería sin empleo. ¿Quién de los dos es más clase media? Quizá ninguno. Bienvenidos al tercer milenio, en el que la estabilidad y la certidumbre han cedido su lugar a otras cosas.

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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