Las calificadoras: un trío que desafina

Las agencias han protagonizado las últimas crisis y esto no es casualidad para Luis Miguel González; el director de El Economista opina que es momento de regular su poder y terminar con el oligopolio.
lehman brothers lamco rt.jpg  (Foto: CNN)
Luis Miguel González*

“Si pudiera reencarnar, lo haría en forma de una agencia calificadora de riesgos, porque así podría intimidar a cualquiera”, escribió hace un lustro Jeffry Frieden, un académico de Harvard.

Más allá del humor, la cita nos da una idea de la reputación que tienen estos cancerberos del sistema crediticio. “Son el equivalente financiero del arsenal del Ejército de Estados Unidos. Tienen el poder para destruir la economía de un país”, dice Thomas Friedman. Son la puerta al mercado de capitales, la eminencia gris de las finanzas mundiales y pueden ser el juez que ordena al verdugo cortar la cabeza.

Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch. Estas agencias son responsables de la calificación de emisiones por un total de 30 billones (millones de millones) de dólares al año. Han facilitado el crecimiento explosivo de algunos negocios y la realización de grandes obras de infraestructura, pero también han sido protagonistas en las grandes crisis y quiebras de los últimos 15 años: Tailandia en 1998; Argentina en el corralito de 2001; Enron, World Com, Parmalat entre 2000 y 2002; Lehman Brothers en 2008 y ahora Grecia.

Cada una de estas crisis comenzó con una baja en la calificación determinada por una o más de las agencias calificadoras. Este downgrade puso en marcha un círculo vicioso de desconfianza que derivó en el cierre del acceso al capital.

El final de cada historia fue la bancarrota o algo parecido. La segunda parte de cada película dedicó una gran cantidad de tiempo, tinta, papel y pantalla al rol desempeñado por las agencias calificadoras. Se les ha acusado de ser ineficaces para detectar los problemas a tiempo. Se habla de miopía, relaciones non sanctas con las emisoras y conflictos de intereses.

“Es como si los estudios de Hollywood pagaran a los críticos para hacer las reseñas de sus producciones”, dijo The New York Times.

Los maestros del universo

Las agencias son empresas centenarias que, a pesar de su edad e importancia, son relativamente poco conocidas por el gran público. Moody’s, la más grande de todas, nació en 1909 cuando John Moody, un inversionista y analista financiero, comenzó a clasificar información de las compañías ferrocarrileras. Un siglo después analiza 12,000 compañías en 100 países.

S&P se nota todos los días a través de su imprescindible índice accionario. Fitch fue fundada en 1916 y pertenece a un holding francés, Fimalac.

The new masters of the universe”, las llamó Timothy J. Synclair en un excelente libro dedicado a analizar su trabajo. Se volvieron superpoderosas hace unas cuatro décadas, cuando comenzó el proceso de desintermediación financiera. Entonces, muchas empresas y países dejaron de considerar el crédito bancario como la alternativa principal y optaron por emisiones de bonos y otros instrumentos. Para hacerlo necesitaban un juicio independiente sobre su capacidad de pago y ahí estaban Moody’s, S&P y Fitch.

La calificación de las agencias va desde la AAA, que es la máxima posible, hasta la D, correspondiente al default. La AAA es mucho más que el 10 en el aula, es el nuevo patrón oro de las finanzas mundiales.

Rentables pese a sus errores

Las tres agencias pasaron de ganar 2,000 MDD en 2002 a una cifra superior a 6,000 MDD en 2007. A pesar de sus fallas, fueron uno de los negocios más rentables de Wall Street.

El 93% de las empresas que emitieron bonos de hipotecas subprime tenían calificación AAA. Lo mismo Lehman Brothers o el polémico fondo Abacus 2007-AC1, de Goldman Sachs. Por eso hay tanta molestia contra ellas e iniciativas para regularlas y limitar su poder.

“No hicieron un buen trabajo por la nación ni por los tenedores de acciones”, dice el informe del senador Carl Levin.

Vienen cambios en el marco regulatorio de las agencias. EU estudia la forma de obligarlas a revelar posibles conflictos de interés; detallar los cómo y los por qué de las decisiones de ratings y eliminar barreras de entrada a la competencia en este mercado oligopólico.

El comisionado europeo, Michael Barrier, alude a la creación de una agencia pública encargada de calificar la deuda de los gobiernos. Algo cambiará, pero poco. Las agencias son la peor solución a la calificación de emisiones, a excepción de todas las demás alternativas conocidas.

* El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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