OK, eres el dueño... ahora sé buen jefe

Cualquiera puede ser propietario de una empresa, pero pocos tienen el temple para ejercer el puesto; un buen dueño sabe crear valor, captarlo y multiplicarlo... pero son virtudes que debes aprender.
empresario-ejecutivo.jpg  (Foto: Jipiter Images)
Regina Moctezuma

Todo dueño de una empresa familiar se enfrenta a decisiones recurrentes como cerrar una línea de negocio que ya no funciona o convencer a la familia de que vale la pena endeudarse para comprar una firma más grande y así crecer.

El desafío al que se enfrenta en esas situaciones es saber tomar la decisión sin afectar el rendimiento del negocio.

Si lo logra es porque sabe ejercer la ‘dueñez', dice Carlos Dumois, creador de este término y quien fundó el CEDEM Expertos en Dueñez Empresaria, hace 25 años.

Dumois define la dueñez como la habilidad del propietario para crear riqueza en su compañía y su familia. Pero el problema es que no se nace con esta característica.

"Los empresarios llegan incrédulos", dice Dumois, quien compara el primer encuentro con sus clientes como el de un psicólogo con su paciente.

"Lo primero es aceptar que algo les duele, puede ser problemas con los socios, mala relación con la familia o impedimentos para crecer", explica.

Una vez que el dueño reconoce que algo no funciona en su empresa, Dumois y su equipo hacen un diagnóstico para identificar por qué la compañía no está creando valor al ritmo que lo hacía antes.

"Uso la metodología de espejo para que se vea reflejado y le caiga el veinte", dice. No da un dictamen porque cuando lo hacía, 90% de sus clientes no lo ejecutaba.

El detonador de casi todos los problemas del dueño es su soledad. Por ello, lo primero en el camino del dominio de la dueñez es que el dueño forme un consejo de administración que los acompañe en las decisiones difíciles.

Ricardo Aparicio, director del Centro de Investigación para Familias de Empresarios del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), llama a este proceso ‘institucionalización' y asegura que es la forma en que el dueño puede influir en las decisiones de la empresa sin meterse en la operación diaria.

Esto sucede a partir de la segunda generación, pues es muy raro que el fundador de una empresa se plantee crear un consejo de administración.

"Es su negocio y siente que nadie le va a venir a decir cómo hacerlo", dice Aparicio.

Para reducir aún más la sensación de soledad, el dueño puede transmitirle a sus directivos el sentimiento de que son socios para que ellos hagan lo mismo con los empleados y consigan menos rotación, explica José Luis Rivas, académico del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Sólo dos de cada seis empresas familiares llegan a la segunda generación y sólo una de cada seis alcanza la tercera, señala Aparicio.

La razón de esta ‘epidemia' tiene que ver con que los dueños no saben guiar sus empresas y las dejan en manos de un director general ajeno a la familia.

Para Dumois, un buen dueño es el que sabe dar los lineamientos pero sin meterse en la operación de la empresa, y que genera oportunidades, las impulsa, pero también reconoce cuándo abandonarlas.

"Una de sus labores es el abandono estratégico de productos, líneas de negocio o subsidiarias", dice. Su mayor temor, en cambio, es lidiarlo con la familia.

El rol de un buen dueño

Hay tres tareas que todo dueño debe realizar:

  • Crear valor. Asegurarse de que la oferta de su empresa es superior al resto para mantener cautivo al consumidor.
  • Multiplicar el valor. Darle los lineamientos al director para exprimir una buena oportunidad trayendo gente nueva, invirtiendo en talento o probando nuevas tecnologías.
  • Capturar el valor. El dueño le pone un estándar de rentabilidad al director y le pide cuentas.

Cerca de 2,000 empresarios mexicanos han conseguido incursionar en otros mercados y hacer crecer sus líneas de negocio gracias a que han sabido jugar efectivamente su rol de dueños.

Unos 400 más, principalmente de Centroamérica y Sudamérica, también han recurrido a los consejos del CEDEM.

En México, los nombres van desde Agustín Coppel, de la cadena del mismo nombre, quien le dio a Dumois la idea de registrar la palabra ‘dueñez', hasta Jesús Vizcarra, productor de SuKarne, que vende 50 veces más que lo que facturaba cuando contrató el servicio hace 25 años.

En Colombia, la fábrica local de baterías Mac (de Ernesto Mejía) pidió asesoría para no perderse los beneficios de la apertura comercial.

Hoy es el mayor proveedor de baterías, aceite y lubricante para autos de la región en sociedad con Johnson Controls.

El dueño más difícil de ablandar es el que posee una empresa que vende entre 1,000 y 3,000 mdd al año, ya que el miedo a perder lo que tiene lo paraliza y no le permite innovar.

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Hay muchos modelos de dueño a seguir, pero el favorito en México tiene un cara conocida: Carlos Slim.

Dumois explica que hace más de 20 años Carlos Llano, fundador del IPADE, le comentó que Slim sería el mejor empresario de México: "Dijo que tenía las agallas y que no tenía límites ni de país ni de sector".

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