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Luego de 20 años detrás de su columna &#34Plaza Pública&#34, el reconocido periodista habla sin a

Columnista de las “grandes ligas” –que los hay pocos–, obsesionado por el estilo, las prácticas del poder y el crecimiento de la sociedad de lectores; periodista cuya imagen, maneras e independencia lo colocan frecuentemente en polémicas al interior del gremio… Todo lo anterior hace de Miguel Ángel Granados Chapa un hombre que impone respeto.

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Con 20 años de su columna “Plaza Pública” a cuestas, acepta como norma estar dispuesto a recibir el juicio distinto o el franco desacuerdo de sus lectores, y dice estar en lucha permanente por derrotar sus prejuicios y no dejarse vencer por las mañas o la rutina.

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La suya es una actividad que lo ha hecho transitar por diversos periódicos de la ciudad de México, desde su salida de Excélsior –donde “me imaginaba jubilándome”– hasta su nueva casa, Reforma, después de varias mudanzas que lo llevaron a Cine Mundial, Uno más uno, La Jornada y El Financiero, y que le han provocado, afirma, más desventajas que ventajas, puesto que “el ánimo se desgasta y la confianza en las personas disminuye notoriamente”.

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A pesar de esa “actitud arisca” que dice poseer, Granados Chapa no evade ningún tema cuando se trata de hablar de la situación que viven actualmente los periódicos, los periodistas y los columnistas políticos.

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De entrada, Granados Chapa advierte que si en los últimos años se han dado cambios en los medios de información han sido, básicamente, por la exigencia del público que demanda una mayor profesionalización y seriedad por parte de los periodistas. “Hasta hace un cuarto de siglo –apunta– los medios tenían como único interlocutor al gobierno y, ahora, los que han logrado relevancia e influencia en la opinión pública es porque están en un permanente diálogo con sus lectores.”

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Sin embargo, reconoce que todavía existen “traspiés, zigzagueos y derrapes” en algunos periódicos que se prestan a publicar filtraciones y hacen de sus titulares notas descabelladas y amarillistas. Antes, agrega, cada uno actuaba por su lado porque contaban con un lugar seguro en el mercado; y sobre todo, tenían interlocución con el poder: “Ahora hay que buscar a los lectores, pelear por ellos”. Y a veces, dice, se pelea con armas legítimas, con mayor profesionalismo, con mejores firmas, con mejores servicios, pero otras, con amarillismo y con cabezas escandalosas que no tienen sustancia. Esto, expresa, forma parte del aprendizaje, del tránsito hacia una verdadera prensa seria.

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HAY DEMASIADAS COLUMNAS
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Pero esos cambios que le han dado una nueva cara a la prensa escrita han repercutido, al mismo tiempo, en el oficio del columnista político. A decir de Granados Chapa, hace dos decenios el atractivo o el interés que despertaban columnas como la de Manuel Buendía o la de José Luis Mejías, era por el hecho de “revelar” información mientras que el resto de la prensa se mantenía “silenciosa”. Con el tiempo, explica, los periódicos han ido abriéndose y ventilando cada vez más acontecimientos relevantes, por lo que las columnas ya no pueden ser de “revelaciones”, porque éstas se encuentran en todo el diario.

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Según el periodista, la nueva función del columnista político es más de interpretación y análisis, aunque por supuesto está obligado a tener información “de primera mano”.

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También la competencia ha llegado al gremio de los columnistas políticos y ahora “abundan” en los periódicos, lo cual ha contribuido –comenta Granados Chapa– a que la relevancia del oficio haya disminuido y que, de tener un “rango privilegiado”, ahora se le reste valor debido a tanta “columnitis”. Confiesa que no todos esos espacios son relevantes y sí “absolutamente prescindibles”, porque la información no sólo abunda cotidianamente, sino que se le halla con “densidad” y “carne” en el resto del periódico. Eso, afirma, ha provocado que los columnistas hayan dejado su esencia y ejerzan el chismorreo trivial y el humor dudoso.

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¿Y cómo afronta el columnista el diluvio de información cotidiana?, se le pregunta. Sin faltar la permanente curiosidad y la investigación –responde–, un elemento que se hace insoslayable es la credibilidad. Las columnas son un género de periodismo personal; la gente las lee en virtud del autor. Se tiene una mayor o menor presencia en la prensa, ante la sociedad, en la medida en que se goza de credibilidad y son pocos los que la tienen; más bien es un valor que escasea.

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LA OBJETIVIDAD NO EXISTE
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Granados Chapa opina que, en general, el periodismo es subjetivo y que las columnas políticas de antemano son parciales, porque son géneros de autor: el qué se dice está indisolublemente ligado con el quién lo dice. Agrega: “No sólo es legítima la parcialidad, sino que se espera que haya un punto de vista sesgado, matizado y pintado por el color del autor”.

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Los prejuicios de este columnista, además, juegan un papel muy importante al momento de examinar la conducta de un personaje. “Uno quisiera que, a la hora de escribir, predominara lo sustancial de un gobernante, tanto lo que uno percibe de éste como las referencias –que pueden ser de elogio o de descalificación– que uno tiene de él a través de otras personas. A veces se examina con dureza a alguien y se es injusto, o se parte de una información mal planteada; otras, puede ser al revés, se exalta a alguien que no lo merecía”, argumenta.

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Para no ir muy lejos, Granados Chapa cita el caso de Mario Ruiz Massieu; al salir de la Procuraduría General de la República, en 1994, muchos articulistas, incluido él, dieron por válidas sus razones y lo legitimaron. “Al poco tiempo vimos nuestro error y debo reconocer que me equivoqué –y remata con humor–: Es parte de nuestro oficio meter la pata.”

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Pero, ¿qué hacer con los desmentidos, los desacuerdos y las animadversiones que despiertan sus comentarios y análisis? Sobre estos puntos, el columnista tiene muy claro que “los lectores tienen derecho a tener un punto de vista contrario al mío, aunque más bien son desacuerdos; es normal que haya tanto coincidencias como diferencias”, advierte.

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Observa, sin embargo, que un columnista no se puede permitir el lujo de cometer errores de información y que debe rectificar a tiempo, pero que también ocurre que cuando alguien no está de acuerdo con un determinado juicio y encuentra un error de hechos se valga de eso para descalificar toda la argumentación.

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¿Y cómo detectar cuando se le quiere utilizar para desprestigiar a alguien?, se le cuestiona. El ex director de Radio Educación (estación donde también conduce un programa homónimo de su columna) tiene una respuesta para todo: “Yo me encuentro con todo tipo de gente, unas veces son los protagonistas de los acontecimientos, otras tantas, son los expertos. A veces los primeros buscan influir y aportan información; así es fácil saber que se trata de una información interesada. Y si decido publicarla es porque considero que hay un interés superior –digamos de la colectividad– que justifica coincidir con el juego de esa persona. Supongo que me ha ocurrido que no percibí que había intereses detrás de una información y pues, ni modo, le hice el juego a alguien. Las denuncias contra funcionarios llegan a carretadas, pero no siempre están fundamentadas o documentadas. Después de todo, esto es como manejar: a veces hay que frenar, otras acelerar y otras tantas se necesita cambiar de carril”.

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A CÁRDENAS LE LLEGARÁ SU MOMENTO
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Granados Chapa es conocido por su apoyo a Cuauhtémoc Cárdenas debido, comenta el periodista, a las difíciles circunstancias electorales en las que solían competir los partidos de oposición. Con el ascenso del Partido de la Revolución Democrática (PRD) al gobierno de la ciudad de México la situación será diferente, explica. “Una cosa es el apoyo a un disidente u opositor, y otra el examen de las tareas de un gobernante.”

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Sobre el comportamiento que tendrá la prensa ante las acciones de Cárdenas, Granados Chapa comenta que ya se tuvo una primera “probadita” de que, -llegado el momento, no habrá dificultad en enjuiciar la conducta de Cárdenas; la prueba más inmediata se tuvo -cuando nombró a su hijo como miembro del equipo de enlace.

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Aunque dice confiar en la próxima administración a cargo de Cárdenas, como periodista distingue que “una cosa es alentar el desarrollo de la oposición y otra es dejar pasar las acciones de gobierno aunque esté en manos de la oposición –y afirma–: Si los actos de gobierno de Cárdenas son de tan mala calidad como los de sus antecesores priístas, lo vamos a hacer notar, sin duda”.

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Y dice más: “Yo soy un periodista que hace política –es falso que los periodistas sean apolíticos–, pero yo hago política ante el poder y la oposición. He querido ser un periodista que examina las circunstancias independientemente de intereses previos y, debo decirlo, a veces en una lucha constante contra mis propios prejuicios, que trato de derrotar. Pero, más que nada, a mí me interesa hacer un periodismo crítico, que si bien tiene cierto prestigio en la sociedad, también es desdeñado por personas que no le tienen ningún respeto. Sin embargo, no se puede tener una sola calificación de toda la sociedad”.

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Y si de prestigio se habla, mucho ha sido lo que la prensa mexicana se ha ganado a base de subsidios, prebendas y embutes –corrupción más que institucionalizada entre los reporteros–. Según Granados Chapa, también estos “prestigios” que durante años ha ostentado el periodismo están en vías de extinción. Una de las razones que aduce es que, hoy en día, los periódicos más relevantes y con más peso en la opinión pública, están dedicados solamente al diarismo ya que la “acumulación de intereses empresariales de los propietarios o el hecho de que se dediquen a otros negocios disminuye el vigor periodístico”. Entre estos últimos estarían rotativos como El Heraldo de México y Novedades. En cuanto a los subsidios, el caso de Excélsior es más que ilustrativo, pues aunque se mantiene gracias a los apoyos gubernamentales ha dejado de tener influencia, ya que es anticuado en todo, tanto en su tecnología y administración como en su sensibilidad periodística, señala el columnista.

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Respecto de los embutes, el periodista dice que también “van en retirada” por varios razones: una creciente ética en el gremio –que se refleja en una generación de jóvenes que no quiere seguir con esta práctica–; empresas más conscientes y que han incrementado los ingresos de su personal, y por último –y tal vez, el factor más determinante–, el que los gobiernos ya no tienen tantos recursos económicos y el que no existe una garantía de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) esté siempre en el poder.

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RETIRARSE A TIEMPO
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A punto de cumplir 56 años, con una larga trayectoria periodística que le ha dejado buenos y malos momentos, amigos y enemigos, el también director del suplemento Hoja por Hoja –dedicado al comentario de todo tipo de libros y distribuido con 12 periódicos– reconoce que le preocupa que la vejez le pueda ganar en su oficio cotidiano, tanto en la percepción de los acontecimientos como en el estilo de su escritura, a la cual, comenta, le pone tanta atención como a la información. “Yo espero que, con el tiempo, haya mejorado; no querría que las mañas, el oficio y la rutina me hubieran carcomido.”

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En tono melancólico dice que, con los años, la madurez lleva a la sequedad. Y a propósito de otro periodista, Julio Scherer García, Granados Chapa señala, sin concesiones, que su reciente libro Salinas y su Imperio es “muy malo”. “Creo que don Julio no se debió haber dado el lujo de publicar ese borrador; pienso que el editor debió habérselo robado de su escritorio creyendo que era el bueno. Podría decir que es un acto de vejez de don Julio el haberse convertido en recadero de Salinas de Gortari y luego hacer creer que sus revelaciones serían muy importantes al publicar lo que publicó.”

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Y concluye: “Precisamente, uno de los temores que tengo es envejecer mal. Mis hijos son muy sarcásticos conmigo. Alguna vez les hice la broma de que yo quería que fueran amorosos diciéndome en qué momento debería retirarme y me dijeron: ‘La semana pasada, papá’.”

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