&#34Hay Fox para rato&#34

¿Qué se puede esperar del actual Presidente? ¿Cuál es su percepción de las críticas? La visió

"Qué voy a estar cansado, si esto apenas empieza", dice el Presidente en un momento de la sesión fotográfica, mientras trata de fajarse la arremangada camisa para hacer evidente la hebilla del cinturón, una insignia plateada de "FOX" que, rebelde, rehusa enderezarse. Es verdad, no ha transcurrido tanto tiempo desde que el entonces candidato hacía el ademán victorioso. Un año, apenas. Y sólo siete meses como Presidente de la República. Pero Vicente Fox en ese tiempo ya ha recorrido mundo –Europa, Lejano Oriente, Norte y Centroamérica–, y vaya que acumula escaramuzas verbales y políticas con la prensa, un Congreso plural, empresarios, industriales, el jefe de gobierno del DF, su propio partido.

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No es que le agrade contrapuntearse con tan diversos públicos, al contrario: mercadólogo de corazón, está muy interesado en mantener alto el rating de la marca Fox –robusta en el extranjero, por cierto–, y admite su preocupación por revisar con lupa las frecuentes encuestas de sus niveles de popularidad. Quiere gustar, convencer. Igual que en los tiempos de campaña, periodo que cita reiteradamente en la entrevista que presenta Expansión, cuando de los reveses sacaba coraje y los convertía en puntos a favor. Ya como titular del Ejecutivo, se está percatando de que las cosas son ligeramente diferentes. Quizá debido al tiempo que lleva aclimatarse al nuevo cargo deja traslucir cierta nostalgia por su gobierno en Guanajuato, época en el que echó a andar programas que le dieron resultados y que ahora quiere implantar a escala nacional.

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Precisamente por creer que las mejoras y el estilo de conducir que aplicaron para una región pueden ser traducidos a todo un país, se muestra desconcertado cuando los empresarios ("no todos, son ciertos sectores, más bien hablamos de los exportadores") lo encaran, le sugieren dar virajes bruscos en su política económica, le reclaman su distracción en programas que no son prioritarios para ellos –por ejemplo, el apoyo a las empresas de microcréditos–, le critican el seguir sosteniendo la actual paridad cambiaria; la sociedad duda de la pertinencia de una reforma fiscal como la propuesta y los medios evidencian incongruencias entre sus declaraciones y las de algunos miembros de su gabinete… En definitiva, un arranque confuso.

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"En la política, con los años, uno va curtiendo la piel", dice, pero por momentos Fox no acaba de acostumbrarse a que sus actos de "transparencia" –como el asunto de los gastos de la Presidencia, en especial el de las costosas sábanas y toallas– sean tomados de una manera exactamente contraria a la planeada. Este comunicador nato quiere encontrarle la cuadratura a la dinámica de los medios masivos que hoy portan una flamante postura crítica.

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Él, parece, toma la actitud de escuchar y aprender. Corrige en lo que está convencido que no funcionará (como el "consejo empresarial" de Pemex), pero muestra una seguridad inflexible en lo que según su punto de vista es necesario para el país. Ahí están sus opiniones respecto de la libre flotación del peso, la apertura al capital extranjero, el apoyo a los microempresarios, el control de la inflación, la disminución en las tasas de interés, el aumento de productividad en vez de la devaluación inducida.

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Lanza señales de que el rumbo actual pudiera tener ligeras desviaciones, mas no sufrir golpes de timón dramáticos. Así pues, "hay Fox para rato", sentencia quien dirige un gobierno que hace recordar uno de esos días en los que llueve y sin embargo hay sol.

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A continuación, extractos de la entrevista con Vicente Fox Quesada.

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Hay una creciente desconfianza de muchos empresarios, quienes aseguran que no existe un proyecto definido, ¿cuál es su opinión?

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Comparto el desencanto de quienes no están viendo el crecimiento. Esta es una situación que se presenta repentinamente en noviembre de 2000; nadie preveía lo que hoy vemos. Todos los países hicimos pronósticos de crecimiento y sin embargo vino la desaceleración de Estados Unidos, encabezada por una fuerte caída en materia de electrónica y alta tecnología, que se expande rápidamente a todo el mundo. No hay un sólo país que no haya rectificado sus expectativas de crecimiento a la baja. Esto nos detiene el proyecto original de 4.5% que teníamos para este año, y hay quienes no son optimistas: por un lado los exportadores, que ven en la fortaleza de la moneda un obstáculo para su capacidad de competir, y quienes perciben en la mejoría de los salarios, por primera vez en muchos años, otra desventaja competitiva.

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A estos empresarios les digo que es muy claro nuestro proyecto: en lo macroeconómico vamos hacia una convergencia con las economías de Estados Unidos y Canadá, que implica llegar a igualar tasas de interés e inflación, tener una moneda equiparable o estable respecto de la de la Unión Americana y, en suma, una economía competitiva. Esto nos traerá gran estabilidad. De hecho, ya avanzamos a gran velocidad para lograrlo. A los empresarios que ven un problema en el tipo de cambio les digo que hoy tienen una tasa de interés que no habían visto hace años, lo que compensa el valor de la moneda con la reducción en costos; además, está el hecho de una inflación a la baja que les ofrece estabilidad y competitividad. De enero a mayo este renglón en México ha sido inferior al de Estados Unidos; así que no hay argumento que valga en cuanto a pérdida de competitividad, cuando menos con esa nación.

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Por el otro lado, las tasas de interés se acercan cada vez más a las del país vecino. Eso también trae competitividad. Un empresario no debe de sorprenderse porque haya altibajos en la economía, menos debe de espantarse o preocuparse porque se presente una desaceleración en la Unión Americana. Yo creo que la economía mexicana está muy fuerte en sus variables fundamentales y lista para despegar antes que nadie, en cuanto los mercados se recuperen.

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Por último también les digo a los exportadores que en nuestros niveles de participación en el mercado estadounidense la mayoría de los productos netamente nacionales no llegan a 1%. Entonces hay donde reponer ese mercado que está en recesión, o en disminución, y si no se pueden reponer en Norteamérica está toda Europa, con un acuerdo de libre comercio. Así que yo diría: échenle ganas, ánimo y vamos a seguir construyendo para que pronto veamos los tiempos de expansión y crecimiento que hemos propuesto.

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Usted dice compartir el desaliento del empresariado en general, como si fuera un ente homogéneo, ¿qué cosas específicas le han pedido?

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Aclaro primero que no es todo el empresariado el que está en esa postura. Por eso distinguía a los exportadores, en los que realmente está más marcado el sentimiento. No existe ni una catástrofe ni una crisis; lo que un hombre de negocios debe tener es temple y luchar para salir adelante. ¿Qué me han mencionado los empresarios? Por un lado, el asunto del tipo de cambio, por otro lado, la escasez de crédito y en tercer lugar un mercado interno de poca expansión. Yo diría que esos son los temas principales que me exponen y que no son producto de este año ni de este gobierno: son problemas permanentes.

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¿Qué estamos haciendo en estos tres frentes? Abrimos el mercado de Europa con un acuerdo de libre comercio, una reducción arancelaria de golpe y porrazo de 60%; si eso no es oportunidad de reponer mercado entonces qué es. Promovemos el país e invitamos a empresarios a buscar oportunidades fuera y asociarse estratégicamente. Los chinos están más que dispuestos a hacer estas alianzas. En Jalisco se dará la primera en materia de ensamble de tractores; convencimos a la empresa china que abriera la inversión a capital mexicano y ya se está proponiendo a quien ocupará esta posición. Ahí están las oportunidades, pero de que hay que luchar, hay que luchar.

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Segundo: ¿qué hacemos en materia de crédito? Rescatamos algo que estaba destrozado –la banca de desarrollo– y vamos muy aprisa en este sentido. Ya Nacional Financiera, de enero a mayo, ha atendido a cerca de 25,000 empresas pequeñas y medianas, cuando en todo el año pasado sólo se ocupó de 14,000; prácticamente se ha duplicado la cifra. Para final de 2001 llegará a 55,000 organizaciones atendidas, y la meta es llegar a 400,000.

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La banca comercial ya está bajando créditos –aunque no de manera muy extensa– pero empieza a abrirlos a tasas de interés muy convenientes tanto para hipotecario como para pymes. Atacamos este problema también por la vía de la creación de una hipotecaria para la vivienda, que fortalezca el otorgamiento de créditos. Además echamos a andar el sistema de microcrédito, respecto del que hay confusión a pesar de que lo explicamos con mucho detalle: nosotros hablamos de que se crea un fideicomiso, el cual respaldará con financiamiento y crédito a micro financieras, que son organizaciones de la sociedad civil. El micro crédito está destinado a los pobres, a las mujeres humildes, no a las pequeñas y medianas industrias.

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¿Por qué no se habrá entendido ese programa de apoyo?

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Pues no sé, yo no me explico muchas cosas que están pasando en materia de comunicación pública en estos momentos, hay temas que no parecen entenderse o no se quieren aceptar, y se manejan de manera contestataria. Pero estas microfinancieras son las que otorgarán el crédito. A toda la prensa le señalamos que varían las tasas de interés manejadas: van de 1.5 a 7% mensual. Sin embargo, ya los medios han establecido que es 7%. Por supuesto que le tengo mucha fe al microcrédito para que mujeres muy humildes, que apenas tienen para comer, puedan obtener un poquito más de ingreso. Mujeres que no saben leer y escribir entran a un proceso productivo, se vuelven verdaderas empresarias que hablan de tasas de interés, de mercados, de costos, de precios de venta.

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El problema del mercado interno lo estamos atendiendo dejando en libertad las negociaciones salariales; este año los incrementos son en promedio 10.3%, cuando la inflación es de 6.5%; se trata de un aumento considerable del poder adquisitivo. Por esto el consumo sigue impulsando a la economía, por eso las ventas de automóviles crecieron 10% en lo que va del año. Hay 14.5 millones de empleados, trabajadores, asalariados que tienen mayor capacidad de compra que el año pasado. Aunque la economía trae luces y sombras, hay cosas que van bien, otras están estancadas y únicamente debemos esperar a que mejore el crecimiento de la economía estadounidense y de algunas otras en el resto del mundo para que la nuestra despegue bien.

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¿Qué papel juega en este esquema la inversión extranjera?

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Fundamental. Mientras no tengamos suficiente ahorro interno el camino es la inversión extranjera directa y la estamos promoviendo. Este año batiremos récords y seguramente llegaremos a los $15,000 millones de dólares, muy por encima de los $10,000 millones promedio que se han logrado en otros años. Siguen fluyendo dólares porque México ya es un país que tiene alta confianza de mercados e inversionistas. Es un país con gran atractivo.

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¿Qué les diría a los extranjeros que quieren invertir en sectores que permanecen cerrados, como Pemex y la Comisión Federal de Electricidad?

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Tenemos tres estrategias: una tiene que ver con Pemex. No habrá privatización en este sexenio, no vamos a proponerla. Por otro lado cambiaremos el régimen fiscal para liberarla de su pesada carga y permitirle estar en condiciones competitivas con cualquier otra empresa del mundo. Esto hará que Pemex crezca, se expanda, genere empleos, se integre verticalmente, desarrolle tecnología y, sobre todo, que sea de alto impacto para toda la productividad en el país y el crecimiento del PIB. Una organización como el que estoy describiendo será de enorme aliento para la pequeña y mediana empresa del país, porque además le vamos a dar entrada a proveedores de Pemex, a través de un programa de Nafin que los financiará.

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Por el otro lado, la CFE ha encontrado una fórmula a través de los Piridiegas [Proyectos de impacto diferido en el registro del gasto] para construir 16 plantas de generación de energía eléctrica que garanticen cuando menos de aquí al año 2004 el abasto, cosa que no pueden decir California o Brasil.

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Proponemos pues un cambio estructural en Pemex, una apertura a la inversión en generación de energía eléctrica, y un mecanismo para que el sector privado invierta en la extracción de gas natural seco no asociado a petróleo, bajo una rectoría clara del Estado. El gas extraído será entregado de inmediato a Pemex para su comercialización, una especie de maquila. Tenemos iniciativas para abrir la energía eléctrica y el gas natural a la inversión privada, pero sin privatizar.

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Hay quienes piensan que en la intención de traer mayor inversión hay una postura a favor del extranjero y en contra de los empresarios locales. A raíz de la operación de Banamex, Carlos Slim decía que no tiene ningún sentido poner las cuentas en manos foráneas…

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¿Pues por qué no compró él a Banamex? Lo hubiera comprado y todo el mundo estaría muy contento; o sea, las cosas son y las cosas suceden. Yo creo que aquí lo importante es que el cliente, el usuario de la banca –tanto para ahorro como para inversión– queden totalmente garantizados y con posibilidades más amplias. A mí me encantaría ver que todas las empresas fueran de mexicanos, pero hay que poner los pies en la tierra: si no hay ahorro interno no se dará esto. No discriminamos; al revés, todo plan que tenemos se aplica por igual a un empresario mexicano que a uno de fuera, pero además para micro, pequeñas y medianas industrias tenemos proyectos verdaderamente extraordinarios con el fin de que puedan expandirse y crecer.

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Hemos logrado que 1’400,000 nuevas declaraciones se den de alta en Hacienda en sólo cuatro meses; por eso el IVA crece 11% y el ISR 6% en términos reales, y por eso cada ciudadano tiene más confianza en el gobierno y está dispuesto a participar pagando sus impuestos. Esta es la estrategia que seguimos para eliminar la economía informal y acabar con la evasión fiscal. Entonces, hay que lograr la reforma hacendaria. Espero que el Congreso, pensando en México, dé este gran paso adelante. Eso sumado permitirá tener las finanzas públicas más sanas en décadas y una economía totalmente sólida.

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¿En esta política de brazos abiertos a la inversión foránea habrá alguna cortapisa?

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Ninguna. Es bienvenida la inversión extranjera directa y la nacional, las apoyamos por igual. Yo sólo estoy promoviendo que venga la inversión. La apertura está y existe. Ya lo señalé: apertura, no privatización –subrayo– de la parte eléctrica y del gas natural. En lo demás fluyen los capitales nacional y extranjero y, en ese sentido, diría que los empresarios pueden asociarse estratégicamente con transacciones de vanguardia de muchos países que están deseosos de invertir. Ahí están las oportunidades en plantas generadoras de energía eléctrica y sin embargo los recursos han venido de fuera, no le han entrado los locales. Volveremos a abrir la inversión, por ejemplo, para plantas tratadoras de agua. Vendrán los españoles o los chilenos, pero la puerta está abierta para los mexicanos. Abriremos el terreno de las carreteras bajo fórmulas mixtas de inversión privada con financiamiento y fondos fiscales, [pero nos] aseguraremos de que no suceda lo de la vez anterior. Oportunidades de inversión hay en México.

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Por otro lado, para la pequeña y mediana empresa hemos creado una subsecretaría y hemos revolucionado a Nafin y puesto a Bancomext con el fin de que atiendan a este mundo. Abrimos una oficina en Los Ángeles para micro y pequeños empresarios, donde pueden ir y tener un almacenaje, una bodega, una fuerza de ventas a su disposición, y entrar directo al mercado. Experiencias sumamente exitosas que hicimos desde Guanajuato, que ahora instrumentamos nacionalmente, y que permiten vender al exterior de manera directa a cada empresario. Impulsamos fuertemente el desarrollo regional de infraestructura; el caso del Plan Puebla-Panamá no es más que oportunidades para empresarios que le quieran entran; sobran alternativas ahí, como en el plan que presenta la frontera norte de ambos lados en cuanto a plantas tratadoras de agua, carreteras, libramientos y generación de energía eléctrica. El campo está abierto.

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Entonces qué pasa, ¿el que no invierte es un tonto?

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Esa palabra ya no la voy a repetir. Yo entiendo muy bien porque soy un pequeño empresario; estamos muy apalancados, con dificultades, desde aquel golpe monumental de 1994. Los hombres de negocio están apenas recuperando la confianza, impulsando el crecimiento. Necesitamos limpiar el asunto de las carteras, porque mucho empresario que ya rehizo su compañía, que ya está funcionando correctamente, todavía tiene deudas y por tanto no es susceptible de crédito y financiamiento en la banca comercial. Estudiamos cómo remover eso. En fin, yo creo que hacer crecer la economía, generar empleos, es una tarea del sector privado, no del gobierno. Éste pone las condiciones y el empresario es el que invierte y saca adelante su proyecto.

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¿Cómo siente a su gabinete? Parece que hay diferencias en el equipo.

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No. Tenemos debate y conflicto todos los días, pero cuando es ordenado, cuando es positivo, la discusión es valiosa. Hay una clara sincronía respecto de hacia dónde vamos y cómo vamos a llegar ahí; tenemos nuestro Plan Nacional de Desarrollo, toda nuestra ruta y nuestro camino bien marcados. Se han creado muchos fantasmas en estos últimos dos o tres meses, yo no sé por qué el empeño de demostrarlos.

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¿Será la resistencia al cambio?

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Sólo el tiempo dirá quién tiene la razón, pero el equipo está sólido, unido; nos juntamos mínimo una vez a la semana. Platicamos por horas, discutimos, tenemos puntos de vista diferentes, tomamos soluciones juntos y cada uno atiende su responsabilidad. Eso me da mucha confianza, me hace saber que las cosas van a ir bien. Hay Presidencia para rato, hay fortaleza en Fox para rato, aquí nadie ha bajado la cabeza, ni se ha doblado. Al revés, la crítica es un acicate, nos hace mover para adelante. Por ejemplo, esto de las toallas fue una iniciativa nuestra, es un cambio radical que significa transparencia. Nosotros montamos en internet esa información –la de los gastos de la Presidencia– para que la conozca todo el mundo. Vamos a tener que aprender a vivir en esta nueva cultura. Tanto la opinión pública como los medios verán con naturalidad que existen tales datos en todos los renglones y como funcionarios aprenderemos que ahora cada decisión de compras lleva responsabilidad inmediata, porque está en internet.

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¿Platica y llega a consensos con Guillermo Ortiz, el gobernador del Banco de México?

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De vez en cuando. No discutimos ni su negocio ni el mío. Él entiende la tarea de llevar el Banco de México, de llevar la política monetaria. Yo tengo la de gobernar el país desde el lado ejecutivo. De vez en cuando hacemos intercambio de ideas, pero hemos respetado profundamente la autonomía [del Banco]. No sólo eso, sino que me da mucho gusto que haya sido tan acertado lo que está haciendo, porque son sus responsabilidades y está cumpliendo a cabalidad el bajar la inflación y las tasas de interés. Hace una importante contribución al país al tener las reservas más grandes de la historia.

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¿Hay peso fuerte también para rato?

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Peso fuerte. Lo queremos competitivo y en flotación. Esta política siempre da por determinado tiempo un poco más valor, después un poco menos, pero ofrece tranquilidad a la economía; le ha dado estabilidad y creo que es excelente. Cuando menos en lo que nosotros pensamos no debe de cambiarse en este sexenio, seguiremos en flotación.

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