&#34No caer en dogmatismos&#34 <br>Ricar

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Desde 1950, el abogado Ricardo García Sáinz (ciudad de México, 1930) no ha parado de ocupar elevados cargos. Aún estudiante en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, se estrenó como servidor público con la Subdirección de Ingresos Mercantiles de la Secretaría de Hacienda. Ese fue el inicio de una trayectoria profesional ligada a la administración de recursos públicos y privados. En 1953 se tituló con una tesis dedicada a los convenios tributarios y el hecho fue celebrado con una gran recepción en la casa de Hugo B. Margáin, su primer padrino político. A partir de ese año, García Sáinz transita y abandona constantemente las altas esferas de varios gobiernos priístas hasta desembocar en un rompimiento con el partido oficial.

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Pocos saben que a García Sáinz se le atribuye el mérito de haber logrado la primera privatización en los gobiernos revolucionarios cuando, en su puesto de director de Condumex (1956-1966), consigue que el Estado venda La Consolidada, una empresa fabricante de cables que pertenecía a Altos Hornos de México. Su éxito en el ámbito privado lo llevó a ocupar durante una década (1966-1976) la Subdirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y a ser elevado a la categoría de secretario de Programación y Presupuesto en 1977. Dos años después, el entonces presidente José López Portillo le exigió la renuncia bajo el argumento de que “no pudo con el paquete”. Tras cuatro años de congelamiento político, García Sáinz reapareció en 1982 cuando aceptó la dirección del IMSS. En 1991, el presidente Carlos Salinas le pidió la renuncia y luego de un breve y polémico paso por la dirección de Mexicana de Aviación, decidió dar un giro político a su carrera y aceptó una diputación plurinominal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Convencido de nunca haber sido priísta, García Sáinz es el “peso pesado” del PRD en el tema más candente de la LVII Legislatura: el presupuesto de egresos e ingresos para 1998.

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El presidente Zedillo ha manifestado una posición inamovible en el tema del presupuesto de egresos e ingresos de 1988. ¿Qué significa tal postura?
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Me parece que en la parte del IVA es algo que la Cámara discutió. En cuanto al presupuesto, se hizo un planteamiento y yo creo que el compromiso es el alejamiento de los dogmatismos y las descalificaciones. Sólo nos debe animar el tamaño de las responsabilidades que tenemos frente a nosotros, con la clara visión de que el presupuesto es sólo uno de los instrumentos de política económica, que tiene una serie de condicionamientos dados por la realidad misma, por los factores externos y por las limitaciones legales impuestas por los compromisos que se convirtieron en normas jurídicas.

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En el tema del IVA, ¿se puede gastar más y recaudar menos?
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No. Como planteamiento, no. Todos estamos conscientes de que hay que mantener el equilibrio fiscal.

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¿De qué tamaño debe ser el déficit?
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La diferencia entre los ingresos estimados y los volúmenes de gasto necesarios puede ser manejable hasta 1.5% del PIB. Pero el déficit tiene que ser visto no sólo en sus aspectos cuantitativos, sino cualitativos.

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¿Es partidario de cubrir el déficit con nuevos créditos?
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La forma de cubrir el déficit a través de créditos varía mucho según la naturaleza de los créditos y los propósitos de su uso. Al igual que en el equilibrio fiscal, pienso que tenemos la absoluta convicción de que es fundamental que el resultado de la política presupuestal permita que el déficit resultante sea manejable.

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El gobierno pretexta que al atenderse las exigencias de la oposición se cae en el peligro de desatender las necesidades sociales, ¿es válido el argumento de decir “no puedo escucharte porque si no me olvido de los pobres”?
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En absoluto. Tenemos el empeño de usar los mayores recursos posibles en el desarrollo social al igual que en los temas de fortalecimiento del federalismo y en las inversiones básicas para garantizar el desarrollo... Pero ponemos énfasis en el desarrollo social, en orientar mayores volúmenes de recursos a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación...

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El gobierno dijo que si disminuye el IVA, también disminuirá la ayuda social.
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Es una partida que afecta, pero es uno de los tantos componentes de los ingresos del sector público. Se está manejando una cifra de ingresos del orden de $880,000 millones de pesos y el monto de la reducción máxima del -IVA se ubica en el orden de los $20,000 millones. Entonces, el manejo del conjunto de las cifras que tienen un destino cuestionable –como los rescates bancarios o carreteros– hacen posible una reasignación. No debemos caer en dogmatismos o planteamientos planos.

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¿Cómo sería el presupuesto ideal del PRD?
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Uno que satisfaga lo que esperamos: un crecimiento sostenido de la economía y que se traduzca en desarrollo; que haya generación de empleos, elevación de los salarios y que encontremos las mejores formas de corregir las tremendas desigualdades económicas que existen. Tendríamos que estar ciegos para no percibir los niveles de pobreza en los que viven las mayorías.

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Al parecer, ha habido muchos ciegos en México...
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Tenemos que escuchar atentamente lo que dice el secretario Ortiz... La razón por la que le doy una respuesta tan evasiva es porque creo que estamos en una época en la que debemos suprimir todas las descalificaciones para construir consensos.

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Pero, ¿qué pasa cuando es el propio Presidente quien califica de buenos y malos a los legisladores?
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Debemos insistirle que hay una nueva realidad en la Cámara. Hay una mayoría de la oposición con clara conciencia de lo que implica la unidad. Y es en esa realidad, construida a partir de las elecciones del 6 de julio, donde se dan los debates.

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Si se cumplen las peticiones de la oposición en materia económica, ¿no se corre el riesgo de que el gobierno justifique un posible fracaso?
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No creo. La versión final del presupuesto es corresponsabilidad de todos los partidos, no sólo de la oposición.

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Existen países con mayor relación entre tasas de IVA y porcentaje de captación tributaria. Por ejemplo, España. Tiene un IVA de 12% y la captación es de 6% respecto del PIB. México tiene un -IVA de 15% y sólo capta 2.9%. ¿Cómo se puede corregir esta situación?
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Las verbalizaciones reiterativas del gobierno se centran en atacar la evasión fiscal, pero hay una gran complejidad en el cumplimiento de las obligaciones. Eso estimula la llamada economía informal, paralela a las estructuras económicas. Pero, cuando llega a ser muy alto el nivel de la tasa no genera recaudación, sino que provoca estímulos a la evasión o sirve de contención del gasto. Por lo tanto, el saldo final puede provocar un incremento de tasas y disminución en la recaudación. La realidad en México es que tenemos una base gravable muy reducida e índices de defraudación muy elevados.

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¿Por qué el PRD ha recapitulado en sus peticiones sobre el presupuesto de ingresos y egresos para 1998?
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Soy candidato externo, no miembro del partido (García Sáinz se afilió al PRD el 24 de noviembre pasado). Se pensó que focalizar el esfuerzo fiscal que beneficia a las clases más necesitadas permitía más niveles de beneficio. El planteamiento es bajar el -IVA de 15 a 0 en algunos de los artículos fundamentales, porque no incorporaban en su derrama –como ocurre en una reducción general– a otros grupos.

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¿Cómo recuerda su paso por la Secretaría de Programación y Presupuesto?
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Me tocó iniciar los trabajos en la administración de López Portillo como subsecretario de Patrimonio Nacional, pero sólo por un mes, ya que cambió la organización de la administración pública y fui nombrado subsecretario de Industria Paraestatal. Después de 10 meses, ocurrió una crisis dentro del gabinete económico de López Portillo que culminó con la renuncia de Carlos Tello (secretario de Programación y Presupuesto) y de Julio Moctezuma Cid (secretario de Hacienda). Entonces me tomó por sorpresa ser nombrado secretario de Programación y Presupuesto al mismo tiempo que se nombró a David Ibarra como secretario de Hacienda. Iniciamos los trabajos de elaboración muy rápida del presupuesto a presentar a la Cámara baja. Fue un trabajo intenso y muy interesante por la fecha establecida por la ley para la presentación del presupuesto de egresos y la de la renuncia del anterior titular.

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¿Agradece a López Portillo que lo haya llevado a las ligas mayores de la política mexicana?
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Sí, me dio mi primera oportunidad a ese nivel. Pero, pasados un par de años, decidió pedirme la renuncia a mí, a Jesús Reyes Heroles (secretario de Gobernación) y a Santiago Roel (secretario de Relaciones Exteriores). En una sola tarde fuimos sustituidos los tres... En mi lugar entró Miguel de la Madrid.

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¿Qué pasó en los siguientes tres años?
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Después de la renuncia salí de México. Me fui con mi familia a Europa.

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¿Fue un viaje sólo de descanso?
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Un poco de descanso y un poco de alejamiento de las secuelas de una renuncia a un cargo de esa importancia.

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Después de eso, De la Madrid lo hizo director del IMSS.
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Sí, me citó en su casa para invitarme a regresar a la seguridad social. Para mí fue una inmensa satisfacción por el particular afecto que he tenido por la seguridad social. Y, también, por el hecho de haber recibido la invitación de la persona que me sustituyó en la Secretaría de Programación.

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¿Salinas también lo llamó a su casa para ratificarlo en el puesto?
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Así es. Me dijo que había decidido invitarme a continuar al frente del IMSS. Allí permanecí durante un poco más de dos años.

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Muchos piensan que la sustitución de García Sáinz por De la Madrid en la Secretaría de Programación y Presupuesto fue el primer paso que los políticos tecnocráticos lograron en su camino hacia el poder. ¿Esto fue así?
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Le diría que es relativo. De la Madrid tenía ya un cargo importante antes, era subsecretario de Hacienda... Su llegada a Programación y Presupuesto le abrió un espacio de tal tamaño que incluso lo convirtió en candidato a la Presidencia.

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Y usted, ¿alguna vez aspiró en serio “a la grande”?
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No.

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El trabajo que más le elogian es su paso por el IMSS, ¿por qué?
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Nunca hubiera pensado que algunos lo vieran así, porque fue una época de restricciones. Sin embargo, establecimos vínculos con los trabajadores e intenté ser muy claro en las limitaciones de la institución. El mayor esfuerzo de mi administración fue ampliar la cobertura de la seguridad social. Mantuvimos altas tasas de crecimiento y se incorporaron nuevos grupos, sin que tuviera un costo sobre la seguridad social, sino un costo fiscal. Era época de contención de salario y disminución de su valor real; creo que logramos resultados satisfactorios.

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Después del IMSS vuelve a salir de la escena política.
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Salinas me ratificó en el IMSS y dos años después me pidió la renuncia. Regresé a la universidad y poco después me invitaron a dirigir Mexicana de Aviación.

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Usted llegó a Mexicana de Aviación recién privatizada. ¿Hizo el trabajo sucio de poner orden en una empresa que fue mal administrada por el gobierno?
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No, sería muy injusto plantearlo así.

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Pero usted llegó a una empresa en quiebra...
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Llegué en una situación muy difícil originada ya dentro de la administración privada.

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¿Está seguro?
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Sí... En muy buena medida la crisis se debía a factores externos. Era una época en la que el pasaje cayó a raíz de la Guerra del Golfo...

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¿Qué tenía que ver la Guerra del Golfo con las rutas de Mexicana?
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Abatió brutalmente la demanda de servicios. Además, había otros factores, como la decisión gubernamental de desregulación –que, a mi juicio, se hizo precipitadamente– y el inicio de una competencia depredadora donde las empresas que nacían podían operar en condiciones ventajosas en el mercado.

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¿En que consistió el plan de rescate?
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El énfasis se puso en establecer las condiciones para lograr una gran alianza estratégica con Aeroméxico. Concentré mi mayor esfuerzo en crear buenas condiciones para esa alianza. El día que terminó de concretarse presenté mi renuncia al Consejo de Administración.

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Después de las decepciones que ha tenido en el gobierno, ¿no guarda rencores políticos?
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Yo diría que no. Evidentemente no es nada grato decepcionarse, pero si uno tiene el mínimo de sentido común y de reconocimiento de las propias limitaciones, la primera pregunta que uno debe hacerse es “¿por qué me nombraron?” Nos extraña que nos pidan la renuncia y, en cambio, vemos natural que se nos nombre. Comprendiendo que la política es una combinación de elementos, circunstancias y necesidades, creo que la renuncia debe verse en ese contexto y no como una agresión personal. Así fue siempre en mi caso: una necesidad política. No tengo motivos para cuestionar esas decisiones.

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En lo que usted llama “necesidades políticas”, ¿qué tanto hay de la famosa disciplina priísta?
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Yo siempre me sentí totalmente libre. Por ejemplo, en el último caso (la salida del IMSS) me era muy claro que mi postura de defensa de una forma de seguridad social solidaria se enfrentaba a la visión neoliberal que se ha ido acentuando. Cada vez vemos más claro cuál es el proyecto neoliberal en materia de seguridad social. Yo me convertí en un elemento de confrontación innecesaria dentro de la administración. Por eso lo entiendo como una decisión donde era conveniente que yo saliera.

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¿Cuándo y por qué inició su alejamiento del PRI?
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Nunca fui un priísta realmente militante. Me parecería engañoso acreditarme ahora como un priísta muy activo. Fui un funcionario público que participaba en algunos eventos del partido, pero nunca un militante activo. Mi alejamiento de la posición gubernamental –más que del priísmo, con el que nunca tuve punto de referencia– fue en la medida en que ha cambiado el modelo económico. Ha habido transformaciones muy profundas y la visión del papel del Estado, las responsabilidades y las estrategias de desarrollo son distintas. Así se fue acelerando mi distanciamiento del partido y mi última “aceleración” arranca con motivo de las reformas a la Ley del Seguro Social donde se adopta un modelo evidentemente privatizador y concentrador del ingreso. La nueva ley disminuye sensiblemente los derechos sociales de los trabajadores. Eso me colocó en una situación cuestionadora creciente que derivó en la oportunidad de participar como candidato a diputado externo por el PRD.

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¿Ya ha encontrado identificación ideológica con el PRD?
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En contraste con lo que señalé acerca de la visión que tiene el PRI sobre los conceptos básicos del desarrollo de la vida social, encuentro muy amplias coincidencias con el PRD.

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¿Qué pasó por su cabeza cuando el gobierno cambió el rumbo de la política social a partir de los años 80?
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Sigue pasando por mi cabeza y es algo que no abandono, siento el compromiso y así lo he tomado desde que llegué a la diputación. Mi compromiso es revertir la reforma a la seguridad social, no para regresar al pasado, sino para construir una nueva seguridad social solidaria para el próximo siglo. Y que sea una seguridad social que cubra mayores grupos, que sea estable y autofinanciable. Y que el tema central sea el del bienestar del trabajador y su familia.

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¿Cómo es la condición del converso político?
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Nunca lo había pensado... Pero me siento muy bien, muy tranquilo conmigo mismo. Creo que he tomado las decisiones a partir de la premisa de cómo cumplir mejor con mi responsabilidad y mis compromisos con mi familia y mis semejantes.

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¿No le han censurado por esa decisión?
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Ha habido cuestionamientos, pero diría que mi paso al PRD ha sido ordenado, armónico.

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¿Qué hubiera sido del PRD sin priístas disidentes como usted?
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Sería un ejercicio de imaginación en el que corremos el riesgo de sobredimensionar nuestra presencia o subestimar la de los perredistas. Es un escenario donde no es factible hacer tales ejercicios.

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Entonces, ¿cómo cree que el PRD se salvará de caer en venganzas políticas si gran parte de él está nutrido de priístas disidentes?
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Hay una gran distancia entre haber estado en otro partido y el que haya un propósito de revancha. Puedo asegurarle que no existe.

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¿Cómo se siente en su primer cargo de elección popular?
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Lamento mucho no haber estado antes en la Cámara. Me ha parecido una etapa muy enriquecedora. Me hubiera encantado ser diputado hace muchos años por lo que implica de aprendizaje, de conocimiento de la realidad, de contacto con otras posturas políticas.

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Cuando termine su legislatura, ¿se le antoja otro cargo público?
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No lo he pensado, pero, si mis condiciones de salud lo permiten, sí. Me interesaría seguir activo en la política.

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¿Bajo el ala protectora de su actual partido?
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Sí, no tengo ninguna duda de mi vínculo y mi identidad con los planteamientos del PRD.

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Y, ¿si lo vuelve a llamar el PRI?
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No. Tengo muy definida mi postura ahorita.

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