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El presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD) es de esos políticos que meditan muy bien, casi paladean, sus respuestas. Pausado, preocupado por la claridad de sus expresiones, Andrés Manuel López Obrador conversó con Expansión la mañana del pasado 25 de noviembre. Hacía unos días que se había entrevistado con el presidente Ernesto Zedillo y la disputa en torno a la Ley de Ingresos y al Presupuesto de Egresos de la Federación arreciaba en el Congreso.

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La mayoría de los temas abordados sigue vigente. El político tabasqueño abundó sobre las discrepancias entre su partido y las autoridades y las cúpulas empresariales y financieras (“no estamos de acuerdo con el truco tecnocrático de llamar ‘populismo’ a lo poco que se destina a las mayorías y darle el nombre de ‘fomento’ o ‘rescate’ a lo mucho que va a parar a unos cuantos”) y se dio tiempo para bosquejar el proyecto económico perredista (“no somos partidarios de que el Estado asfixie la iniciativa de la sociedad, pero tampoco de que incumpla con sus responsabilidades sociales”).

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Crítico del papel del Presidente en la transición democrática mexicana (“vive envuelto en la indefinición”), López Obrador no dejó de reiterar el desafío del “sindicato de gobernadores salinistas” con miras a la sucesión presidencial y aprovechó para marcar su raya; Cuauhtémoc Cárdenas puede considerarlo un buen prospecto para la Presidencia en el 2000, pero él no titubea al declarar: “No tengo esa aspiración.”

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Hace más de un año, cuando usted asumió la presidencia del PRD, declaró que el partido estaba en una etapa decisiva. “O nos constituimos en una opción real de gobierno hacia el año 2000 –dijo– o nos quedamos como una oposición únicamente contestataria.” ¿En qué etapa ubica hoy al PRD?
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El PRD se consolidó en las últimas elecciones. Es una opción real de poder. Nos posicionamos política y electoralmente y estamos en condiciones de contender por la Presidencia de la República en el año 2000. El partido ha crecido de manera significativa. Es el que más está avanzando.

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¿A partir de qué dice esto?
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Pasamos de siete distritos federales electorales, que ganamos en 1994, a 70 el pasado 6 de julio. Gobernamos en 300 municipios del país. Desde el 5 de diciembre gobernamos la capital de la República. En Tabasco, a pesar de que no se nos reconoció ningún triunfo, pasamos de 39 a 42%. En Veracruz ganamos en 59 municipios; crecimos de 27 a 31% del 6 de julio a la elección del 19 de octubre; ganamos en municipios muy importantes, todo el sur del estado: Coatzacoalcos, Minatitlán; en el norte ganamos en Tuxpan; ganamos Xalapa, la capital. En Jalisco también crecimos: gobernábamos seis municipios, ganamos en 11; pasamos de 11.4%, que obtuvimos el 6 de julio, a 16%.

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Si revisamos las cifras vemos que el PAN ha perdido votos. También el PRI. Y el PRD está avanzando. Traemos impulso y estamos preparándonos para las elecciones de 1998. Van a celebrarse elecciones en 14 estados de la República. También vamos a hacer un alto en el camino para fortalecer nuestra organización política, para actualizar al PRD y ponerlo en correspondencia con los nuevos tiempos. Vamos a imprimirle más principios, a formar cuadros, a consolidar nuestra organización interna. Tenemos como meta constituir un comité en cada una de las 70,000 secciones electorales del país. Es toda una reforma del partido, preparándolo para el siglo XXI, no sólo para el año 2000.

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Durante la campaña de Cárdenas por la jefatura del DF se hicieron evidentes las diferencias entre las cúpulas empresariales y financieras y el PRD. ¿Cuál es, por ejemplo, la posición concreta de su partido frente a las Afores?
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Nosotros sentimos que son altos los costos de intermediación, que el dinero de los trabajadores no va a tener los rendimientos suficientes. Hay estudios en el sentido de que por cada $100 pesos el trabajador pierde, por la simple contratación del servicio, alrededor de $30 pesos. Recuperar ese capital que de entrada le descuentan le va a llevar un tiempo considerable. Por eso el PRD propone que la gente se inscriba en la Afore del Banco de México, que es la menos onerosa.

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Sin embargo, no es sólo un asunto técnico y de rendimiento del capital. No estamos de acuerdo con la forma como se decidió lo de las Afores. No hubo la consulta suficiente a la sociedad. Fue un programa vertical, impuesto. Puede tener justificaciones, pero ya no estamos en condiciones de aceptar nada que no sea consultado a los ciudadanos. La diferencia de fondo que tenemos con el gobierno tiene que ver con la política económica: no compartimos la idea de que deban privatizarse las ganancias y socializarse las pérdidas. No estamos de acuerdo con el truco tecnocrático de llamar “populismo” a lo poco que se destina a las mayorías y darle el nombre de “fomento” o “rescate” a lo mucho que va a parar a unos cuantos.

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Hace tiempo señaló que en la reorientación propuesta por el PRD con respecto al modelo económico no se aceptaría que se siguieran contemplando partidas presupuestales “para subsidiar a banqueros y constructores asociados con políticos”.
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Es un ejemplo de lo que ha significado la actual política económica. Se están comprometiendo recursos fiscales –es decir, dinero de todos los ciudadanos– para el rescate, como le llaman eufemísticamente, de banqueros y contratistas.

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Tenemos el caso del Fobaproa: el gobierno ha comprometido recursos por un monto de $400,000 millones de pesos. Eso, más temprano que tarde, lo tiene que pagar el pueblo de México. Conozco la justificación de los hombres del gobierno: “Había que apuntalar el sistema financiero, había que proteger a los ahorradores.” Sin embargo, se pudo haber buscado una opción menos costosa para los mexicanos. La mayor parte de la carga se orientó a la gente y en algunos casos hasta salieron beneficiados los dueños de los bancos.

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Por otro lado, tenemos información de que las carteras compradas por Fobaproa se concentraron en un grupo muy reducido de corporaciones. Se habla de que 500 corporaciones vendieron cartera a Fobaproa y que cada una de ellas tenía créditos de $500 millones de pesos. Es decir, todo el rescate se concentró en apoyar a banqueros y a grandes corporaciones. No tuvo efecto en deudores agropecuarios o hipotecarios, que son la mayoría de los que tienen problemas de cartera vencida. Ese es un asunto en el que no estamos de acuerdo y creemos necesaria una auditoría técnica y administrativa a Fobaproa. Le hemos dicho al Presidente que así como tuvieron el talento para crear el Fobaproa, así queremos que lo tengan para crear un plan de rescate para la mayoría del pueblo.

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Usted ha criticado el “fundamentalismo neoliberal” de las autoridades. ¿Qué quiere el PRD para México en materia económica y cómo piensa lograrlo?
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Queremos, en primer lugar, impulsar actividades productivas y crear empleos. Esto significa dejar de orientar el presupuesto y la política económica en beneficio de la especulación financiera. Pensamos que debe reactivarse la economía dando garantías, estimulando al inversionista y al micro, pequeño y mediano empresario. Tiene que haber una política del gobierno de impulso a las actividades productivas. Al mismo tiempo, debe ponerse en práctica una reforma fiscal integral, que haga progresivos los impuestos, que impulse al que produce, al que trabaja, y grave las ganancias obtenidas en actividades bursátiles.

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No estamos en contra del hombre que con trabajo y esfuerzo –y de conformidad con la ley– logra obtener un patrimonio. Al contrario, ese hombre de negocios merece respeto, protección y apoyo. Estamos en contra de la riqueza mal habida, de la que se obtiene de la noche a la mañana al amparo del poder público, como ha sucedido en los últimos tiempos en nuestro país. Como sucedió en la época de Salinas, que mientras el pueblo se empobrecía, aparecían 24 hombres de negocios en la lista de los más ricos del mundo. El PRD está por la generación de la riqueza, por que ésta se produzca y haya crecimiento económico. No se puede distribuir la riqueza si no se genera, pero para eso es necesario cambiar la política económica.

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Cuando hablo de fundamentalismo en los hombres del gobierno es porque han actuado con más rigidez que los funcionarios de los organismos financieros internacionales. Y esto se viene observando desde el sexenio pasado, en la forma como aplicaron la apertura comercial, sin límites estratégicos; en la manera como ocasionaron con esa política la quiebra de sectores, de ramos productivos en el campo y en la ciudad. Esto que tenía en la mente Pedro Aspe y que se sigue aplicando, que si resultaba más barato comprar mercancías afuera que producirlas había que importar más, sin tomar en consideración una serie de factores. Hasta Japón, pudiendo comprar el arroz más barato afuera, lo produce, porque cualquier país protege sus actividades productivas básicas. No estoy a favor de que se cierre la economía; eso sería absurdo en un mundo interrelacionado como el que vivimos, pero tampoco se puede abrir de par en par y poner a competir a los productores mexicanos con los extranjeros en completa desventaja, cuando estos reciben subsidios o créditos baratos. Nosotros estamos por los equilibrios. No somos partidarios de que el Estado asfixie la iniciativa de la sociedad, pero tampoco de que incumpla con sus responsabilidades sociales.

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En el PRD se ha señalado de manera general la necesidad de revisar las privatizaciones y reformas constitucionales realizadas durante el sexenio pasado. ¿Cuáles deberían analizarse y, si es conducente, revertirse?
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Las cosas han cambiado. Sería difícil revertir ciertas medidas. Creo, sin embargo, que es necesaria una revisión a fondo de todo el sistema financiero nacional, porque aun con todas estas grandes cantidades destinadas al rescate de los bancos, la crisis continúa. Se puede decir que técnicamente los bancos están quebrados.

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Hace falta, por ejemplo, revisar a profundidad la forma como se decidió privatizar la petroquímica, la decisión de entregar 49% de las acciones a particulares y que el gobierno mantuviera 51%. Nuestra propuesta es de otro tipo. Queremos definir qué productos son estratégicos –seis, ocho, 10 productos básicos– y el resto que puedan ser transformados por empresas particulares. Y no sólo con 49% de participación, sino hasta con 100%; dándole prioridad a empresarios mexicanos. Son temas que debemos seguir discutiendo en la Cámara.

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Usted ha sido muy crítico con el papel del presidente Zedillo en la transición democrática que vivimos. Le ha señalado indefinición, indecisión, falta de voluntad. Hace más de un año anotó: “Si no cambia el rumbo, va a terminar en el basurero de la historia.” ¿Cómo lo ve hoy en día?
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Igual. No se decide. Vive envuelto en la indefinición. No tiene ganas.

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El pasado 19 de noviembre se reunió más de dos horas con él, ¿cómo lo percibió?
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Él es un convencido de su política económica. Nosotros no compartimos con él esa visión, pero hay otra cosa de fondo: no quiere entender que hay una nueva realidad política en el país. No acaba de entenderlo y por eso no se decide a encabezar la transición, por eso no tiene un proyecto político encaminado a establecer las bases del México democrático que está demandando a gritos la sociedad. Él quiere seguir aplicando la misma vieja política de la simulación, del desgaste, del empantanamiento de los problemas, de la cerrazón, porque no acepta que hay una realidad distinta. Nosotros pensamos que hay una nueva realidad y, por lo tanto, que se requiere una nueva política de Estado. No se puede poner vino nuevo en botellas viejas. Por eso vamos a dialogar, pero de antemano sabemos que es muy poco lo que se puede lograr, porque él está anclado en su esquema. Esto no quiere decir que sea infructuoso hablar con el Presidente; siempre es conveniente, cuando menos para intercambiar puntos de vista y para que escuche una opinión distinta.

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A usted parece preocuparle mucho el papel del “sindicato de gobernadores salinistas”...
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Precisamente por la indefinición del Presidente –al no conducir el cambio, al dejar pasar, al dejar hacer–, ese vacío que está dejando lo están ocupando otros. Es una realidad el agrupamiento de los gobernadores del sur y del sureste. Madrazo, Bartlett, Diódoro Carrasco, Cervera y otros ya están apostando a la candidatura del PRI a la presidencia. Bartlett ya se destapó. Ya hay desafíos al Presidente.

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¿No podría malinterpretarse esta preocupación como que de algún modo usted quiere que el presidente de México siga manteniendo esa prerrogativa, que tantas décadas se le discutió, de designar por “dedazo” a su sucesor?
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Estamos en un proceso de transición y hace falta que haya conducción política. No se puede dejar el país a la deriva. No quiero un presidente autoritario. Quiero uno que tome la iniciativa política para garantizar que el proceso hacia la democracia se dé de manera ordenada. Si él no participa, si se aísla, habrá inestabilidad política en el país. No es fácil romper reglas escritas o no escritas sin tener un proyecto alternativo. Hay una regla de oro del sistema que consiste en que el presidente nombra al candidato del PRI a la presidencia. Si se rompe y no hay una política alternativa indudablemente habrá inestabilidad.

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Se podrán preguntar los que nos van a leer, “¿qué le importa, por qué se mete en un asunto que tiene que ver con el PRI?” Y hasta podríamos decir “tienen razón, allá ellos”. Sin embargo, lo que sucede ahí tiene repercusión en la vida del país. No olvidemos que ya asesinaron a un candidato del PRI. Si se rompen las reglas, si no hay una conducción política, habrá problemas al interior del PRI y generarán turbulencias políticas que afectarán el conjunto de la vida pública.

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En el seno del PRD ha habido algunas manifestaciones en el sentido de si convendría o no definirse de izquierda. ¿Cuál es su posición?
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No tiene por qué definirse el PRD en el marco de la geometría política. Es un partido que recoge lo mejor de la historia nacional. Se inspira en los ideales igualitarios de Morelos, en la política republicana de Juárez, en los ideales democráticos de Madero, en lo que significó para México la política popular y patriótica del general Lázaro Cárdenas, en lo que representó el movimiento estudiantil de 1968 y otros movimientos populares. Pero como siempre lo sostengo, si nos fuerzan mucho pues diríamos que sí somos de izquierda, o de centro-izquierda, porque ahí está ubicado el corazón.

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Hace poco usted reconoció que la radicalización del movimiento que encabezó en Tabasco espantó a muchos sectores. Con ciertos matices, podría decirse lo mismo del PRD. ¿Cómo hacerle para cambiar la imagen de confrontacionista a ultranza que pueda tener de su partido mucha gente?
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Ya resolvimos ese problema. Y lo hemos resuelto en poco tiempo. La imagen del PRD de hace un año y medio es distinta a la actual. Caló hondo la campaña de Salinas en contra nuestra. Esta idea de que el PRD es un partido de confrontación y de violencia lograron meterla hasta la médula. Sin embargo, ya se superó eso. La prueba está en los resultados del 6 de julio y en los de las elecciones posteriores. ¿Cómo se logró? Ya no existe el ambiente que había con Salinas, los medios de comunicación están más abiertos, ya no hay campaña contra del PRD y hay más unidad al interior del partido.

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¿Cree que un mal desempeño del gobierno perredista en el DF cancelaría las posibilidades de una presidencia perredista en el 2000?
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No lo sé. No quiero ni siquiera imaginarlo de esa forma. Estoy seguro de que se va a hacer un buen gobierno. Estoy viendo las cosas con optimismo. No pienso que vaya a haber fracasos.

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El propio Cuauhtémoc Cárdenas lo ha reconocido como alguien con las características para ser candidato del PRD a la presidencia en el 2000. ¿Qué le parece?
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No tengo esa aspiración.

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¿Prefiere ser gobernador de Tabasco?
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Prefiero regresarme a mi estado y cumplir con un compromiso que tengo con la gente de estar en México mientras sea presidente del Comité Ejecutivo Nacional y acabando esta etapa regresar a mi estado.

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