8 x 4

¿Por qué no podemos crecer? ¿Qué tiene entrampada a la economía mexicana?

El 8 x 4 es una mala fórmula para la administración foxista. Significa, ni más ni menos, que el saldo trimestral de des- empeño económico desde que este gobierno tomó las riendas del país es negativo: ocho trimestres de contracciones versus cuatro de crecimiento. Puntos en contra para quien habló hasta el cansancio, durante su campaña, de montos de crecimiento de 7% al año.

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La cifra de 0.4% de desarrollo en el tercer trimestre resfrió las expectativas de los hombres y mujeres de negocios mexicanos. El problema se acentuó, precisamente, porque con 1.2% registrado en los tres meses anteriores germinó la esperanza del inicio de una recuperación sostenible, alimentada aún más por el crecimiento de 7.2% logrado por la economía estadounidense en el periodo julio-septiembre de este año. La encuesta que hace el Banco de México con 32 casas de análisis vislumbraba un aumento de 1.02%; la realidad fue bastante más triste.

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Conviene revisar con frialdad estos datos para desempañar un poco el aura de incertidumbre. Como ya es sabido, el desempeño de la locomotora de la unión americana tiene poco que ver con la industria manufacturera, que es la principal consumidora de exportaciones mexicanas. De hecho, este sector creció sólo 2.9% en el periodo señalado, un número débil comparado con el conjunto de la economía. Por tanto, el sector manufacturero de México sigue de capa caída (-3.6% en el tercer trimestre), lo cual ya es visible en un ramo tan emblemático como el de vehículos. De acuerdo con un reciente reporte de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, las ventas internas y externas de automóviles están cayendo. Tan sólo en octubre pasado las primeras se contrajeron 3.6%, mientras las segundas (dato alarmante) lo hicieron 15.2%.

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¿Mayor contracción a la vista? No necesariamente. Aunque no se espera a corto plazo un repunte vigoroso de la industria manufacturera en el vecino país del norte, nadie está suponiendo tampoco que los números continúen a la baja. Como ya comentamos, inicia una recuperación gradual de este sector en Estados Unidos, que es el principal estimulante de la colocación externa de mercancías mexicanas. Pero la cosa va bastante menos rápida de lo que se vislumbraba unas semanas antes.

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Lo que conviene tener en cuenta, sobre todo para los partidarios de un peso débil, es que la moneda ya no es una diferencia competitiva para ser exitoso en el exterior. De hecho, como bien se analizaba en el portal de negocios Sentido Común, la debilidad de la moneda nacional es para muchos “un reflejo de que México ha perdido competitividad frente a otros países en los mercados internacionales”. Además, un peso menos fuerte podrá abaratar en el corto plazo los productos mexicanos en el extranjero, pero también incrementará las presiones inflacionarias en el mediano plazo. Por tanto, adiós competitividad.

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No hay que darle muchas vueltas: como el propio presidente Vicente Fox señaló en la Cumbre de Negocios de Veracruz, en octubre pasado, el país requiere de “un shock de expectativas”. Y esto implica dar una buena noticia a los mercados a través de las reformas fiscal y eléctrica. ¿Alguna otra idea?

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–Los editores

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