A la búsqueda de nuevas anclas

Más que instrumentos de política económica, el ancla que creará y atraerá a la inversión debe
Alejandro Castillo

A pocas generaciones de mexicanos les había tocado vivir una coyuntura histórica como la actual, en la que coinciden la incertidumbre económica, la inseguridad social y el desgaste del sistema político.

- El martes 3 de enero, después intensas negociaciones, se acordó paquete de medidas dirigidas a ha frente a la emergencia económica dejó al descubierto la devaluación. Dicho paquete pretende dos objetivos básicos. El primero es el de limitar al máximo el impacto inflacionario de la devaluación, de modo que los precios aumenten sólo 19% en el año. El segundo, sanear la deuda de corto plazo, representada por los $29,0001 millones de dólares en Tesobonos que vencen en 1995.

- El paquete señala que los salarios se deben mantener dentro del rango establecido en la concertación firmada el 24 de septiembre de 1994, con un incremento de 7% más un subsidio fiscal de 3%. Por su parte, las empresas se comprometieron a aumentar sus precios sólo en la proporción que los afecte la devaluación del peso, en tanto que el gobierno anunció que, recortará el gasto en 1.3% del PIB y el Banco de México limitará su financiamiento crediticio a N$ 12,000 millones de nuevos pesos.

- Para hacer frente a la situación de emergencia creada por el inminente vencimiento de Tesobonos, instrumentos de deuda pública pagaderos al tipo de cambio vigente al vencimiento, se buscó el apoyo de organismos financieros multinacionales y, principalmente, los respaldos gubernamentales de Estados Unidos, Canadá y otros países desarrollados. Paralelamente se anunció un programa de privatizaciones que abarcaría aeropuertos, puertos y comunicaciones. Cabe señalar que, de acuerdo con el Banco de México, en el primer trimestre se vencerán $10,337 millones de dólares; en el segundo $6,510 millones; $8,533 millones en el tercero y en el cuarto $3,780 millones.

- Pese a sus buenos propósitos, el paquete de emergencia no establece plazos y tampoco define cómo superará los problemas que se le presenten.  Desafortunadamente, las dificultades del momento se entremezclan con los rezagos estructurales que no se quisieron atacar en el pasado reciente y que ahora impiden una intensa competencia interna. Así, sin pretender ser exhaustivos, se podrían señalar:

- El programa de emergencia gira en torno a la posibilidad de que el tipo de cambio se estabilice en N$ 4.5 nuevos pesos por dólar. Sin embargo, las dificultades para retener capitales y lograr equilibrar el mercado de cambios podrían llevar al tipo de cambio a fijarse arriba de N$ 5 pesos por dólar. Eso, irremediablemente, provocará ajustes en las otras estimaciones. Por otra parte, la posibilidad de lograr recursos rápidamente mediante privatizaciones encuentra la limitante de que el mercado nacional no es atractivo, seguirá deprimido y quienes inviertan no podrán recuperar su inversión en el corto plazo;

- La decisión de recargar el peso del ajuste en los salarios, después de 12 años de sacrificios del poder adquisitivo, impedirá que el mercado interno contribuya a superar la crisis, además de que podría generar conflictos sociales;

- El aumento de precios no se podrá limitar al conjunto de bienes o componentes importados; quienes estén en condiciones de hacerlo preferirán destinar mayores volúmenes a la exportación para aumentar sus ingresos, aunque ello signifique escasez en el mercado interno, factor que contribuirá a provocar una inflación mayor a la esperada. Los puntos del programa que se refieren a la necesidad de impulsar una mayor eficiencia sólo son enunciados; no señalan cómo atender la urgencia de volverse un país con mayor productividad, que es la única manera de resolver la crisis;

- La intención de mantener el equilibrio fiscal será puesta en riesgo por el aumento del costo de la deuda y la caída de los ingresos tributarios debido a la menor actividad económica.

- El trimestre de la esperanza
Considerando lo anterior, es de suponer que los próximos meses no serán fáciles para nadie. Las condiciones en las que ocurrió la devaluación, que evidenció las limitaciones del proyecto neoliberal, provocó una sobrerreacción que afectará irremediablemente a Argentina y probablemente a Brasil y Perú.

- Esa sobrerreacción dificultó la puesta en marcha del programa de emergencia. Muestra de ello fue que en la subasta del 11 de enero las tasas de interés de Cetes a 28 días subieron a 40%, en tanto que los Tesobonos ofrecieron rendimientos de 20%. Lo grave es que a pesar de esas tasas, en la subasta de esa semana sólo se colocó el 16% de los Tesobonos ofrecidos por el Banco de México.

- En paralelo con lo anterior, se generalizó la reetiquetación en todos los comercios y se autorizaron alzas de precios en diversos productos básicos. Lo elevado de las tasas de interés y la incertidumbre sobre el comportamiento del mercado llevaron a empresas como Televisa a anunciar un fuerte recorte de personal, en tanto que empresas como Volkswagen y Mercedes‑Benz pusieron en marcha un paro programado en su producción. Muchas pequeñas y medianas empresas se encuentran en riesgo de quiebra.

- A su vez, el índice de precios y cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores reportó una drástica caída, llevando a niveles mínimos los precios de acciones de empresas líderes como Cemex y Cifra. Considerando el peso de los activos de esas compañías y su posición en el mercado, la decisión de los inversionistas resultaba incomprensible. Es importante señalar que, independientemente de que la mayoría de las empresas estén en riesgo de reportar una fuerte caída en sus utilidades debido al impacto de la devaluación y la disminución de sus ventas, hay firmas que tienen una posición que las convierte en una inversión segura para el largo plazo.

- Es posible que una solución política a los conflictos de Chiapas y Tabasco, la decisión de mejorar y aplicar la justicia a todos los niveles y la puesta en marcha de una verdadera reforma política, amplíen los consensos en torno al gobierno. Eso, aunado a una mejor evaluación de la magnitud de] impacto devaluatorio y un eventual acuerdo en lo referente a los Tesobonos que están por vencer, serían elementos que ayudarían a renovar la concertación sobre otras bases. Así, al término del primer trimestre se podrían introducir ajustes en lo referente a salarios e inflación. De hecho, es importante tener en cuenta que el impacto real de la devaluación sobre los precios lleva a reconocer que el crecimiento de precios se acercará a 30%, considerablemente más alto que el estimado en el programa de emergencia.

- La ubicación del problema
Entre las múltiples consecuencias de la devaluación, se ha generado una amplia discusión acerca de los elementos que han fallado en las diferentes épocas, bajo distintos modelos y estilos personales de gobernar y que han impedido que México abandone la condición de subdesarrollo.

- Hay quienes parten del supuesto de que el gobierno salinista realmente promovió una economía liberal que acercó a México a la modernidad. Estos análisis suponen que la devaluación pudo haber sido evitada con una comunicación adecuada y posiblemente la puesta en marcha de nuevos instrumentos. Sin embargo, quienes así piensan no toman en cuenta que los inversionistas deciden en función de comparar las tasas de rendimiento y la posibilidad de hacer efectivo el premio, no se basan en buenas voluntades o simpatías. Si les ofrecen mejores premios y más seguros en otras latitudes... emigran.

- Para otros, que reconocen que hubo un error en la decisión de retrasar la devaluación, la solución al problema económico gira en torno a la venta de los activos del país. Desafortunadamente, la privatización no siempre es una decisión atinada. Vale recordar que, históricamente, en el desarrollo del capitalismo, las grandes obras de infraestructura fueron asumidas por el Estado, porque de esa manera los costos se repartían homogéneamente entre los capitales privados. Por otra parte, la experiencia del programa carretero del sexenio salinista demostró que esa disyuntiva no resuelta, entre la búsqueda de la utilidad pública y los intereses de los capitales que desean la pronta recuperación de la inversión, limita los beneficios que pudiera proporcionar la infraestructura. Además, mientras no haya democracia nadie podrá vigilar la adecuada utilización de los recursos obtenidos por la privatización.

- El nuevo proyecto
Lo cierto es que, desde el punto de vista que se quiera ver, el problema de México reside en que hasta el momento no se ha tenido capacidad para aplicar una política coherente de desarrollo competitivo de largo plazo. El problema no radica en si debe haber intervención del Estado en la economía o no. Tampoco depende de que se alcancen objetivos de inflación mínima o un tipo de cambio fijo.

- La actividad empresarial en México arrastra los terribles lastres que provoca una aplicación discrecional de todo tipo de leyes, la falta de transparencia en los juicios, la ausencia de instancias en las que los representantes de empresarios y trabajadores participen efectivamente en la toma de las decisiones que los afectan, la imposibilidad de fiscalizar las acciones de gobierno y de impedir la impunidad. Todo eso, por cierto, conforma un contexto muy diferente a la idea de liberalismo económico predicada hasta ahora.

- Si existieran reglas claras, la discusión en torno a la conveniencia o no de que participe el Estado en la economía saldría sobrando. De hecho, la soberanía de la nación sobre las actividades estratégicas se garantiza con gobiernos que respondan a sus electores y estén dispuestos a aplicar la ley.

- Si hubiera interés en aplicar reglas claras, desde hace mucho se habría dado respuesta al persistente reclamo de los empresarios de disponer de organismos independientes que vigilen la aplicación con eficacia e imparcialidad, de políticas de promoción de la competencia y ya se habría efectuado una profunda reforma fiscal que simplifique y clarifique las obligaciones de empresas y personas físicas.

- En fin, lo que está en el fondo de la desconfianza y cada vez es una traba más grande para que México se consolide como una economía fuerte, es su sistema político y la subcultura de irresponsabilidad que propicia. Superar esa situación será básica para generar una amplia participación de los empresarios y la sociedad en la toma de decisiones. Y esa participación es, en estos momentos, la única fórmula que permitirá poner en práctica la creatividad, la inventiva y capacidad productiva del país, indispensables para lograr reducciones firmes de costos y mejorar la productividad. Sólo así se podrá hablar de una verdadera estabilidad y de confianza.

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Finanzas
- LA INCERTIDUMBRE, PARA LARGO

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- La fuerte - presión que ejercía el déficit en cuenta corriente sobre el - tipo de cambio provocó que a mediados de diciembre éste se estuviera - cotizando cerca del nivel de la banda de intervención del Banco de México. Ello obligó a dicha institución a anunciar, el 21 de diciembre, su retiro del mercado cambiario. Con ello dejó que el precio del dólar se ajustara conforme a la - oferta y la demanda hasta que se estabilizara. Esta decisión llevó a - que la cotización en el tipo de cambio pasara de N$3.4662 nuevos pesos el 20 de diciembre de 1994 a N$5.7575 nuevos pesos el 11 de enero de 1995.
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- Para hacer - frente a las consecuencias - de la devaluación, el presidente Ernesto Zedillo anunció - un Plan de Emergencia Económica cuyos objetivos primordiales son: reducir el déficit en cuenta corriente, lograr que el efecto inflacionario sea transitorio y crear las condiciones para la recuperación económica y el empleo.
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- El paquete de medidas, de tipo contraccionista, tendrá como consecuencia que durante 1995 se registre una caída de más de 1% en la actividad - económica. Las empresas enfrentarán un tipo de cambio - devaluado, escasez de crédito y altas tasas de interés. Lo anterior se - reflejará en los informes trimestrales de la mayoría de las emisoras que cotizan en la - BMV. Se espera que un gran número de ellas reporte menores o nulos crecimientos en ventas y utilidades debido a los mayores costos financieros. Sólo aquéllas empresas que sustenten su producción en la demanda externa podrán superar esta difícil - etapa.
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- En tanto, un factor que genera presiones al mercado cambiario en el corto plazo es la incertidumbre de los inversionistas respecto de la - capacidad, por parte del gobierno, de solventar el vencimiento de aproximadamente N$29,000 millones de dólares en Tesobonos para este año. Se teme que muchos de estos instrumentos pudieran no renovarse.
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- Eso ha llevado a las autoridades a ofrecer atractivas tasas de interés, con el objetivo de retener esos capitales. Por ejemplo, el 11 de enero el rendimiento de los Cetes a 28 días alcanzó una tasa de 40%, en tanto que la de Tesobonos fue de 20%, lo cuales son los niveles más altos de los últimos 12 - meses.
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- La incertidumbre también afectó al mercado accionarlo. Por ejemplo, por dos días consecutivos, 9 y 10 de enero, el - IPyC de la BMV registró caídas de más de 6%, ubicándose en 1,972.33 puntos, lo que - significó una caída de 17% respecto del cierre de 1994.
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- Todo parece indicar que el nerviosismo y la incertidumbre continuará en el corto y mediano plazo.
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Martha Bolaños
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