A la mañana siguiente

Cuando apenas se empieza a estar en posición de evaluar los daños de la crisis, los organismos emp
Alejandro Castillo

Una vez que han sido cubiertos los requisitos formales para la aplicación del paquete económico paralelo al respaldo financiero solicitado a Estados Unidos, los agentes económicos tienen definida la magnitud de los retos que deberán enfrentar en los próximos meses. Sin embargo, sigue sin superarse la emergencia y por eso los empresarios demandan que se diseñe la estrategia económica para el largo plazo.

- El paquete duro y las opciones
A diferencia de lo que ocurría con el primer programa de emergencia, en el que se ponía énfasis a la intención de contener la inflación provocada por la devaluación, en el ajuste de metas que dio a conocer la Secretaría de Hacienda se reconoce que la inflación no podrá ser inferior a 42%. Aunque no lo dice, se estima que ese crecimiento de precios será provocado básicamente por aumentos de costos y a pesar de que se elimine el componente inflacionario de la demanda. Así, se podría decir que ahora el objetivo central de la política económica es reducir al mínimo el déficit en cuenta corriente y generar divisas que permitan cubrir los compromisos con el exterior.

- Para lograr ese propósito, las autoridades gubernamentales decidieron contraer el mercado interno, bajar drásticamente la demanda de bienes foráneos y propiciar el surgimiento de una oferta de bienes exportables. Los instrumentos para lograrlo: devaluación, reducción del crédito, elevadas tasas de interés, aumento del impuesto al consumo y, en general, reducción del poder adquisitivo.

- Si bien ese paquete puede ofrecer buenos resultados, no está de más señalar que no es y no era la única opción para corregir la situación en la que se encuentra México. Sin embargo, cualquier otra opción habría obligado a revisar la política económica anterior, sobre todo en lo referente a la apertura comercial y política monetaria. Probablemente habría llevado a cuestionar el sistema financiero internacional, como ahora lo hace de manera abierta Francia y como lo demuestra el comportamiento de los mercados. Si se hubiera explorado otra opción, seguramente se habría tenido que decir a socios y acreedores que las dificultades para pagar oportunamente no implicaban desconocer los compromisos de deuda. En esa línea, no estaría mal que se les demostrara que no se permitirían más fugas de recursos por corrupción o manejos discrecionales.

- Esa estrategia, diferente a la que están aplicando las autoridades, necesariamente se habría basado en medidas arancelarias para frenar el ingreso de mercancías extranjeras, y en una política de control de cambios, que evitara la utilización de dólares para importar bienes de consumo no indispensables y permitiera estimular el crecimiento de las exportaciones. El resultado de una estrategia tal, sobra decirlo, también habría conducido a una reducción del déficit en cuenta corriente.

- Las autoridades argumentan que la decisión de recurrir al financiamiento del gobierno de Estados Unidos para garantizar el pago de la deuda de corto plazo contraída en 1994, se hizo con el propósito de mantener la buena imagen de México en los mercados financieros internacionales.

- Sin embargo, a pesar del paquete de rescate financiero, los flujos de capitales hacia México no se han recuperado. Todo parece indicar que las fallas están en otra parte: en los vicios que ha generado el sistema financiero internacional, en una estrategia económica que no ha sido capaz de mejorar la productividad-país de México y en el sistema político mexicano, que impide la democracia plena y causa desconfianza entre los inversionistas.

- Algunos resultados preliminares
No obstante, la estrategia gubernamental ha comenzado a dar algunos resultados. En febrero, según cifras preliminares, México logró un superávit de $452 millones de dólares. Todas las actividades exportadoras aumentaron sus ventas al exterior. Por ejemplo, las exportaciones manufactureras -sin considerar maquilas- crecieron 34%, las ventas del sector agrícola se incrementaron 61%, las extractivas 68% y las petroleras 36%.

- Sin embargo, es importante tener claro que esas cifras no son algo nuevo en la historia económica de México. Cabe recordar que, por ejemplo, en 1983 se logró un superávit mensual promedio de $1,058 millones de dólares y en 1984 fue de $995 millones de dólares.

- Por otra parte, ese avance en el sector externo fue acompañado de una drástica caída en las ventas internas, así como de un fuerte crecimiento de las empresas en riesgo de quiebra y del desempleo. Por ejemplo, los distribuidores de autos reportaron que sus ventas cayeron 61% y los armadores redujeron su producción 48%.

- Necesidad de medidas adicionales
Aunque se ha tratado de imbuir en el Himno nacional la idea de que las medidas de emergencia son temporales, lo cierto es que el paquete tiene limitaciones que podrían obligar a revisarlo más temprano que tarde. Por otra parte, en todos los sectores está claro, que, aun en caso de que todo resulte bien, la recuperación sobre la base de lo que se salvó comenzará paulatinamente hasta 1996. Además, ahora los sectores esperan que se les pida su opinión acerca del Plan Nacional de Desarrollo 1994-2000, el cual deberá guiar las acciones económicas con vista al largo plazo.

- En ese contexto, vuelve la polémica acerca de las experiencias del pasado reciente, incluidas algunas de las medidas que se consideraron trascendentales en el cambio estructural. Por ejemplo, se deberá analizar si la concesión de carreteras tiene el propósito de construir vías de comunicación eficientes o propiciar malos negocios para todos. También se deberá revisar la situación de la banca privatizada, ya que no ha sido capaz de abaratar el costo del financiamiento y cuyos servicios siguen siendo onerosos para sus clientes, con el agravante de que ahora deberán ser apoyados por el gobierno en condiciones de subsidio o de una estatización encubierta.

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- Por otra parte, las organizaciones de industriales urgen al gobierno para que, ahora si, se diseñen conjuntamente políticas de fomento que, por lo menos, homologuen las condiciones de operación de las empresas mexicanas con las de sus competidores. Asimismo, demandan medidas que propicien una genuina competencia entre empresas y eliminen las trabas burocráticas para las actividades empresariales. Más que la privatización encarecedora que genere recursos con destinos desconocidos, en la propuesta empresarial destaca la demanda de que la hacienda pública, la aplicación de políticas de fomento, la prestación de servicios sociales o la administración de los recursos energéticos sean dirigidos por funcionarios honestos y eficientes.

- En fin, aún en el caso de que todo salga bien y se acepte que se vivirá en emergencia un tiempo, se espera desde ahora el diseño de la política que deberá aplicarse a lo largo del sexenio.

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