A todo Japón

El pacto con la segunda economía mundial abre camino a las exportaciones mexicanas, pero la ruta no
A. C. Talavero

A partir de 2005 los ciudadanos japoneses verán más etiquetas en su idioma como la del melón mexicano aquí ilustrado: “hecho en México”. Y más hombres de negocios mexicanos se preguntan hoy cómo aprovechar el nuevo Acuerdo de Asociación Económica (AAE), que ambos gobiernos han suscrito tras dieciocho meses de duras negociaciones.

- Los empresarios de Japón y de México están ya más cerca gracias a este pacto que incluye un Tratado de Libre Comercio con pocas restricciones y otro de inversión. Para México, con una treintena de acuerdos de este tipo pero más del 85% de su comercio exterior volcado hacia Estados Unidos, este tratado es de nuevo la oportunidad de diversificar sus flujos y reducir su dependencia de EU. Examen de conciencia para México, de nuevo ante un reto de competitividad internacional, y para Japón, que apuesta por vez primera por un TLC que incluye productos agropecuarios.

- Euforia en Tokio
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Japón no oculta su satisfacción por el AAE. A fines de los años noventa la poderosa patronal Keidanren se percató de que los empresarios nipones perdían hasta 400,000 millones de yenes (unos $3,800 millones de dólares) cada año por carecer de un TLC con México y dio la voz de alarma. La cúpula empresarial japonesa estaba incómoda, perdía posiciones en un momento de larga y dolorosa recesión. Había que replantearse las reglas del juego y apareció México, un país que ha apostado todo al libre comercio, con el mayor número de acuerdos comerciales en el mundo.

- La segunda economía mundial, con un Producto Interno Bruto (PIB) superior a los cuatro billones de dólares y una renta per cápita de $33,800 dólares al año, decidió jugarse su carta más preciada al poner en la mesa de negociaciones la agricultura, un sector tradicionalmente protegido que Japón ha mimado durante décadas. La estrategia se tradujo en votos para el Partido Liberal Demócrata (PLD), una especie de Partido Revolucionario Institucional (PRI) de cuello blanco, ligado a la gran empresa y a la población rural que hoy tiene en el poder al primer ministro, Junichiro Koizumi.

- Las cosas están mejorando en Japón en los últimos tiempos. Tras una larga década en recesión, con los bancos haciendo frente a multimillonarios créditos irrecuperables, en el último trimestre de 2003 la economía creció un 1.7%, su mayor expansión trimestral en 13 años. El Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que 2004 será el año del despegue, con un aumento de 3% del PIB, un excelente porcentaje para una economía plenamente desarrollada. En el año fiscal que va de abril de 2003 al 31 de marzo de 2004 la Bolsa creció un 47%, signos positivos para la enorme maquinaria productiva y de consumo que es Japón.

- Para el director ejecutivo de la Oficina Japonesa de Comercio Exterior en México (JETRO), Tadayuki Nagashima, no existen dudas: con el AAE Japón ha comenzado “una nueva era”, especialmente en la política exterior agrícola.

- La tradicional apuesta japonesa por decidir las reglas comerciales en foros multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), no permitía suficiente flexibilidad en el intercambio y había dejado a Japón muy rezagado frente a los Quince y a EU. Japón importa bienes agrícolas de Corea del Sur, Malasia, Tailandia y Filipinas, entre otros países, mercados relativamente cercanos, pero a partir de ahora México tendrá cuotas más bajas en más de 300 productos agrícolas.

- En 2002 las importaciones japonesas se situaron en $336,000 millones de dólares, de los cuales sólo el 12.5% ($42,000 millones de dólares) correspondió a alimentos y productos agropecuarios, según datos del Ministerio de Finanzas nipón.

- Por su parte México exportó productos por valor de $161,000 millones de dólares, de los cuales sólo el 5% ($7,600 millones de dólares) fueron productos agropecuarios. De esa cantidad Japón fue el destino de $400 millones de dólares (0.24% de todas las exportaciones mexicanas), según datos de la Secretaría de Economía. Todo ello muestra muy claramente que existen posibilidades de expansión comercial agrícola.

- Las exportaciones de Japón a México ascendieron el mismo año a $9,300 millones de dólares, muy superiores a los $1,800 millones de dólares que los empresarios mexicanos vendieron a los japoneses en 2002.

- A priori todos ganan
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En entrevista con Expansión el director ejecutivo de JETRO señala que una ventaja importante del AAE es que el empresario japonés “mira conjuntamente a la región norteamericana”. Dar facilidades comerciales y de inversión en México abre puertas en el resto de América Latina o de Norteamérica, prioridad para empresas tan fuertes como la mismísima Toyota Motor, el segundo productor de autos del mundo, más que una empresa, un símbolo de la pujanza industrial japonesa.

- “En México hay dos caras: este tratado económico beneficia a México como parte de la región de Norteamérica. Pero México culturalmente pertenece a Latinoamérica. Nuestros empresarios prestan aún poca atención a esa región y creo que el TLC influirá positivamente en un nuevo interés del empresariado japonés en ella”, recalca Nagashima.

- El funcionario comercial llama la atención sobre otra área de oportunidad que se ha abierto con el AAE para su país: las compras del gobierno mexicano -(procurement).

- En los últimos meses el debate sobre las reformas energética y fiscal ha sido seguido con cierta atención por los empresarios de Japón. Inversiones en Petróleos Mexicanos (Pemex) o en la Comisión Federal de Electricidad (CFE) son atractivas para los hombres de negocios japoneses, que hasta el momento, al no ser socios de un TLC con México, estaban automáticamente excluidos de las licitaciones.

- Recientemente, el Banco Japonés para la Cooperación Internacional (JBIC) informó que ha concedido a Pemex una línea de crédito por unos $630 millones de dólares para financiar cinco proyectos de gas natural en la Cuenca de Burgos, al norte del país. En uno de ellos participa la petrolera japonesa Teikoku, aliada con la brasileña Petrobras y con la mexicana D&S. A fines de marzo Chubu Electric Power anunció otra inversión por $270 millones de dólares en una central térmica que funcionará con gas natural en Valladolid, Yucatán. La central generará 525 MGH de electricidad que serán vendidos durante 25 años a la CFE. Las obras comenzaron en abril y la central operará a partir de junio de 2006.

- Otra incursión también notable correrá a cargo de las Industrias Pesadas Mitsubishi (MHI, por sus siglas en inglés), que a partir de abril abrió una filial en México para fomentar sus negocios en este país.

- Las licitaciones públicas van a ser muy importantes en empresas y en organismos públicos como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), reconoce en entrevista con - Expansión el embajador de Japón en México, Mutsuyoshi Nishimura.

- Señala que para México “es de interés nacional” que en los concursos haya más opciones que las de empresarios de la UE y EU por la posibilidad de conseguir precios más bajos y mantener recursos para otras áreas.

- Una de las cuestiones más delicadas en las negociaciones del AAE fue cómo facilitar la llegada de grandes empresas japonesas a México sin dañar a las industrias locales en sectores como el siderúrgico.

- “En realidad los acereros japoneses no pueden invadir este mercado. Están muy ocupados en satisfacer las demandas crecientes que emanan de China. Ese país absorbe gran parte de nuestros productos”, dice Nishimura.

- El diplomático se mostró complacido con que al final de las negociaciones se lograra un compromiso en agricultura, una de las áreas más difíciles pero en la que más se va a trabajar para que los beneficios sean compartidos.

- Justificó la dificultad en llegar al acuerdo en este terreno en que la autosuficiencia alimentaria de Japón ha caído hasta el 40% como consecuencia de la creciente apertura de este sector, que mantiene protegidos especialmente productos estratégicos como las carnes y el arroz. No obstante también Japón está superando sus complejos y tras la crisis de las vacas locas y la más reciente gripe aviar, se pone más atención en un concepto más moderno, el de “seguridad alimentaria”, esto es, ofrecer productos de la mayor calidad y garantías a la población.

- “Vivir, para un país con una autosuficiencia del 40%, es algo muy arriesgado con una población de 130 millones de personas. Si se tratase de una nación que no tiene más que cinco ó 10 millones de habitantes, estar con menos del 40% no es nada si hay divisas ahorradas. En nuestro caso tenemos divisas pero llenar todos los días, tres veces al día, las bocas de 130 millones de personas con una autosuficiencia tan baja, es muy arriesgado”, indica Nishimura.

- El embajador considera que pese a estos riesgos la disposición japonesa a mantener cierto nivel de apertura va a continuar. Recomendó esforzarse por “producir mejores productos agrícolas” antes de venderlos en Japón, por el nivel de exigencia a que se van a enfrentar. “Eso se lo digo siempre a las autoridades mexicanas. Ahí es, seriamente, donde está el problema”.

- Este mismo año JETRO cuenta con presupuesto para hacer ferias y promociones especiales de productos agropecuarios en México, labor que debe ser complementada por productores mexicanos.

- “En este país (México) todavía no hay una cultura de calidad, tanto en el sector manufacturero como en el agrícola. Sólo algunas empresas producen artículos de alta calidad. Es el caso de la carne de cerdo. Ya estamos comprando. Pollo, no tanto. Eso va a aumentar (con el AAE)”, añadió.

- El diplomático hizo énfasis en la necesidad de que los responsables comerciales de los dos países sumen esfuerzos en labores de “cooperación técnica” y en que no haya complacencia con la calificación de la mano de obra local, ya que en Asia hay países muy preparados para competir en este campo.

- La labor más necesaria es apoyar a las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), algo en lo que el gobierno foxista predica pero para lo cual carece de recursos, según Nishimura.

- Recuerda que la plétora de TLCs suscritos por México no siempre funciona, y pone como ejemplo el firmado con la Unión Europea (UE), muy poco aprovechado y promocionado.

- “La cooperación industrial consiste en primer lugar en hacer feria de productos mexicanos en los grandes almacenes de Japón para que los consumidores conozcan la calidad, el sabor y la marca. Los japoneses, si no es de (los grandes almacenes) Mitsukoshi, de Sony, de Honda, no compran. De tal manera que esa mercadotecnia es muy importante”, añadió.

- “Otra cosa que vamos a ofrecer es el control de calidad, el sistema ´just in time´ para que llegue de forma apropiada al mercado japonés”, precisó.

- Posibilidades mexicanas en Oriente
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Aunque entrar en Japón pueda parecer una misión imposible, la realidad apunta a que hay un ramillete de empresas mexicanas que trabajan ese mercado con éxito desde hace años. Dos casos son Kowi y Norson, productoras de cerdo con sede en Hermosillo, Sonora. Norson envió a Japón 47,000 toneladas de cerdo en 2000, pero tiene capacidad instalada para duplicar su producción.

- “Japón fue pionero en reconocer la calidad de la carne de cerdo mexicana”, explica a Expansión el director de Kowi, Vicente Biohuet.

- Señala que aquel país trató de diversificar sus importaciones de porcino a mediados de los años setenta y fue entonces cuando se fijó en México. Sin renunciar al mercado nacional, admite que Japón es “el mercado estrella” de Kowi. Considera que el empresario japonés “exige calidad, busca la uniformidad de los productos” y hoy, como novedad, “el concepto de seguridad alimentaria, de trazabilidad”, es decir, conocer el origen de la carne desde la cría hasta los cortes finales.

- Entre las compensaciones destaca que Japón “paga el precio de la calidad” por lo que se convierte en un destino muy atractivo para empresarios de Chile, Australia, EU, Canadá y Dinamarca en el sector porcino.

- Aunque el japonés pueda ser un mercado con fama de difícil, para Biohuet sólo requiere “trabajar constantemente en la calidad del producto” y ponerse al día con los cambios en la demanda.

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