Adiós a los recortes fiscales

La posibilidad de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reelija puede estar en deshacer mucho de lo que hizo mal su antecesor, George W. Bush.
Kevin Hassett

Con el predecible apoyo de los dos partidos mayoritarios, el presidente Barack Obama anuncia que trabajará junto con los republicanos para extender, al menos, una parte de los recortes fiscales introducidos por la gestión de George W. Bush. Si quiere ayudar a su presidencia y a su país, debería abandonar esta idea. Obama debería sorprender a los republicanos adoptando una dirección totalmente opuesta: declarar el fin de los recortes fiscales de Bush, al igual que de su administración.

Obama tendría que anunciar que trabajará desde el inicio de 2011 con los republicanos, nuevamente con poder en el Congreso, para aprobar un amplio paquete de leyes tributarias retroactivas al 1 de enero. Podría garantizar a los mercados que se abordarán algunos temas clave, tales como los dividendos vencidos y los impuestos sobre la ganancia de capital.

Pocas veces ha sido tan necesaria una reconsideración. En la extensa historia de las políticas fiscales, pocos temas han sido motivo de tantas divisiones como los recortes de la administración Bush. Y ni siquiera valieron todas las manifestaciones partidarias. La civilización no se destruyó con la caída de la tasa marginal de 39.6 a 35%, como algunos demócratas trataron de hacernos creer que iba a suceder; ni tampoco resultó ser una verdadera reforma fiscal, como sostuvieron los republicanos por años.

El hecho es que, si se extendieran los recortes fiscales de Bush, todo quedaría en un statu quo. ‘La tierra llamando a Washington: el statu quo apesta’.

La revisión general y real de las leyes fiscales que necesitamos abordaría el hecho de que después de que Japón reduzca su tasa fiscal corporativa en 2011, medida que es prácticamente una realidad, Estados Unidos tendrá la tasa fiscal corporativa más elevada del mundo. Si se reduce la tasa federal más alta para las corporaciones de 35 a 25%, esta baja se compensará ampliamente con las actividades empresariales que se estimularán o que no se perderán a favor de Asia. Una revisión adecuada también abordaría el hecho de que han florecido las ‘promociones especiales’ como algas en el delta del Mississippi, limitando la base impositiva y elevando las tasas marginales. Una base impositiva más amplia que ponga un tope a la deducción de los impuestas estatales y locales que se pagan, por ejemplo, permitiría que se redujeran las tasas, y probablemente hasta  lograría una mayor recaudación.

Estos y otros cambios significativos en los impuestos están siendo analizados por la comisión bipartidista que creó Obama en febrero para que recomendara distintos modos de reducir el déficit del presupuesto anual. A menos que los 18 miembros del panel puedan  lograr una mayoría de 14 votos para elaborar un  plan  que pueda ser votado por el Congreso, lo mejor que podrán hacer es producir un conjunto de recomendaciones que sirvan como lineamientos para los responsables de elaborar políticas fiscales. ¿Hay una mejor manera de empezar un nuevo capítulo en la historia fiscal en 2011?

Si Obama promulga grandes cambios fiscales acordados con los republicanos, habrá provocado un cambio legítimo y se habrá erigido como candidato a la reelección en 2012. Y los congresistas republicanos pueden retener sus ganancias políticas demostrando al electorado que son capaces de gobernar con eficacia. Hasta podrían producir algo que no hemos visto en muchos años: un orador popular en la Cámara de Representantes. ¡Hay tanto por lograr si simplemente se empieza por dejar atrás los recortes de la administración Bush!

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El autor es columnista de Bloomberg News en Washington.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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