Adiós al antagonismo

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Dino Rozenberg

Creada en épocas y bajo condiciones muy distintas de las actuales, C la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha cumplido durante dos décadas una tarea pionera en la protección, orientación y desarrollo de los consumidores. Sin embargo, su papel como vigilante y virtual antagonista de la industria y el comercio ha sido objeto de no pocas críticas, y en algunos momentos llegó a cuestionarse su razón de existir.

- Hoy, mientras asume nuevas responsabilidades en el control de la inflación, también se manifiesta dispuesta a modificar aquella imagen de organismo sancionador. A continuación, una síntesis de las declaraciones que el titular de la Profeco, licenciado Fernando Lerdo de Tejada, ofreció semanas atrás a EXPANSIÓN.

- Araíz de los últimos acontecimientos económicos ¿podría hablarse de un resurgimiento de Profeco en materia de precios y abasto?
La crisis económica significó el renacimiento de una serie de atribuciones y competencias de Profeco, en especial las que se refieren al monitoreo -que no el control- de los precios de bienes y servicios.

- Ante una apertura comercial tan amplia como la que experimentó México, y con una inflación relativamente controlada y a la baja, los precios habían dejado de ser una gran preocupación. La coyuntura actual reavivó la necesidad de evitar que los precios se salieran de control y generaran una inflación exagerada, que puede afectar la planta productiva y el empleo. Por eso se estableció una estrategia de concertación con los distintos sectores, aunque sin volver a las políticas de precios controlados que vivimos a fines de los 70 y principios de los 80. En esos años la inflación alcanzó niveles muy altos y, paradójicamente, los problemas de abasto se manifestaron sobre todo en los productos y servicios que tenían controles oficiales y que, por su carácter popular o de consumo masivo, requerían más protección y una mayor oferta.

- ¿Qué pueden esperar fabricantes y trabajadores de Profeco como un dique contra la inflación?
Aunque no existe la intención de regresar a los precios controlados, es preciso dar una respuesta a la intranquilidad y evitar una inflación que diluya las ventajas que podría generar la misma devaluación.

- En estas condiciones hay un desalineamiento de los precios, los empresarios ven distorsionadas sus decisiones de versión y las utilidades se vuelven volátiles e ilusorias. El sector obrero reconoce que en la carrera precios-salarios éstos suelen quedarse a la zaga, erosionando su capacidad adquisitiva. El gobierno sabe que sus posibilidades de inversión disminuyen y que aumentan las de intranquilidad social.

- Sin embargo, en todos los niveles hay personas que creen poder llevarse las ganancias sin pagar los costos, y mientras a la Secretaría de Comercio le corresponde la postura de mediación, a Profeco le toca verificar el cumplimiento de los acuerdos y la aplicación de sanciones.

- ¿Qué actitud han adoptado los consumidores mexicanos frente a la crisis?
La actitud de los consumidores sigue diferentes criterios, sobre todo por el nivel de ingreso. Mi impresión, por las denuncias recibidas y por el contacto constante, es que un grupo importante se dio cuenta de que no resultaba posible seguir en un mercado donde los bienes importados desplazaban y hacían desaparecer a los de producción nacional, y con ello a las industrias mexicanas. Hemos madurado para ver que no sólo importa la etiqueta sino el contenido, y que en muchísimos casos los productos mexicanos son tan buenos o mejores que los importados.

- También creo que se está viendo con más claridad la relación entre producto nacional y empleo nacional. Hoy la gente es consciente de que el mantenimiento del nivel de empleo es resultado de nuestras preferencias de consumo.

- La necesidad ha determinado una retracción en el consumo, sobre todo el de las clases medias; muchas personas responden a la incertidumbre reduciendo sus compras a lo básico. Es posible que esta actitud también sea vista como protección ante el riesgo de perder el empleo. Conductas como éstas se ven constantemente en Europa y Estados Unidos, pero es una de las primeras ocasiones en que las estamos observando en México.

- Creo que hace falta ampliar en el país una cultura del consumidor. En naciones con un nivel de desarrollo similar existen asociaciones de consumidores muy evolucionadas atentas al mercado, tanto desde lo comercial como de lo ecológico. Tenemos mucho por hacer en materia de verificación y monitoreo de los productos, porque creemos que nuestra sociedad ya está madura para responder a estas cuestiones.

- ¿Los canales comerciales informales representan un problema especial?
Los tianguis, mercados sobre ruedas y canales informales son más difíciles de inspeccionar y verificar, y la imposición de las sanciones es prácticamente imposible. Ellos están hoy en un lugar y mañana en otro, y en muchas ocasiones ni siquiera tienen un giro comercial determinado. Sin embargo, creo que ahora son las grandes tiendas de autoservicio y departamentales la opción hacia donde se está volcando la mayor parte de los consumidores. Debido a los grandes volúmenes que desplazan, estas tiendas pueden ofrecer menores precios que los negocios pequeños.

- ¿Las actuales condiciones exigen una modificación en el papel y espíritu regulador de Profeco?
Antiguamente Profeco formaba parte de un antagonismo entre consumidores y fabricantes, pero ahora pensamos que debe existir otro tipo de relación. Si a través de investigaciones de mercado se puede determinar qué tipo de productos desean o solicitan los consumidores, a que precios, y cuáles son sus inconvenientes, por qué no utilizar la información para aumentar la satisfacción de toda la cadena productiva.

- Es muy importante modificar la imagen de Profeco, que ya no debe ser un organismo sancionador, que clausura e impone multas. En lugar de sancionar a una rama industrial, queremos que las denuncias y quejas se conviertan en un insumo de esas empresas. Podemos compartir la información y establecer compromisos con las industrias, para mejorar sus productos y de esa manera aumentar la satisfacción de los consumidores. No hay quien se pueda proteger mejor que el propio consumidor, y el ejercicio de su poder de compra es fundamental para ello. En última instancia, lo que le interesa no es que se sancione a un fabricante o a una tienda, sino contar con productos de buena calidad, a buen precio y en un abasto adecuado.

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