Adrián Sada Treviño <br>(1920)

Artífice de la industria vidriera mexicana, este regiomontano tiene todavía planes revolucionarios

A sus 79 años, cumplidos el 7 de abril, Adrián Sada Treviño dedica casi todo su tiempo al desarrollo de una máquina que permitirá fabricar productos de vidrio con niveles de productividad que nadie –asegura– ha logrado alcanzar. “Nosotros estamos aquí a la par de cualquier nación en términos de velocidad y eficacia, con las máquinas actuales, pero queremos estar adelante. Es un proyecto tan ambicioso, que toda la vida uno lo piensa, pero no se atreve a hacerlo.”

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Retirado casi por completo de la operación de Grupo Vitro, consorcio que presidió durante 20 años a partir de 1972, Sada asiste todas las mañanas a su oficina, acompaña ocasionalmente a sus hijos Adrián y Federico a visitar clientes y socios, y de vez en cuando participa en reuniones de apoyo estratégico. También es presidente del comité de finanzas del consejo de administración, pero su prioridad es alcanzar lo que ha sido su sueño y su obsesión durante dos décadas, esto es: “la” máquina.

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Hace tres años puso manos a la obra junto con un grupo de personas externas a la compañía quienes, al igual que él, son expertos en tecnología. Su meta es tener un prototipo para fines de este año o durante los primeros meses del 2000. “Mientras no se tenga eso, son puras ilusiones”, dice. Hay quienes se refieren a él como inventor, pero Sada considera que el término no es apropiado. “Un inventor para mí es el que crea totalmente un concepto nuevo, no una máquina o un proceso. Quizá no haya una línea muy definida entre el inventor y el diseñador de máquinas, pero yo me considero más técnico.” Esta visión demuestra que se mantiene fiel a la actividad que desarrolló durante 25 años en Fabricación de Máquinas (Fama), empresa fundada en 1943 por su padre, Roberto G. Sada.

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Primero, la técnica
Tenía 23 años cuando se incorporó a dicha compañía y su responsabilidad era manejar una planta capaz de diseñar y producir maquinaria sofisticada. El primer obstáculo fue la falta de personal capacitado, y en ese tiempo no podía recibir apoyo de los países más avanzados porque el mundo estaba enfrascado en la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando, junto con su padre, decidió crear una escuela técnica formal, con 60 muchachos aprendices que sólo tenían estudios de primaria, en el mejor de los casos. Era un curso de dos años que hoy podría ser el equivalente a la mitad de una carrera de ingeniería y que en su tiempo sentó las bases de la educación técnica en Monterrey. Una de sus satisfacciones es que “los 60 resultaron estrellas”. Incluso, dos de ellos llegaron a tener un doctorado.

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Apoyado por un maestro, Sada elaboró e impartió durante algún tiempo el curso para los alumnos de las primeras generaciones, aunque confiesa que él aprendió junto con los obreros, porque sus estudios eran de ingeniería química. Estos cursos duraron alrededor de ocho años, porque después empezaron a contratar ingenieros egresados del Tec de Monterrey y de la Universidad Autónoma de Nuevo León. En el libro Fábricas pioneras de la industria en Nuevo León, Javier Rojas Sandoval señala que la escuela de Fama permaneció activa hasta la década de los 70 y preparó profesionalmente a cerca de 5,000 mecánicos especializados en el diseño, construcción y operación de máquinas para la industria del vidrio.

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La dedicación de Sada a la tecnología y a la promoción de la enseñanza técnica fue reconocida en diciembre de 1998, cuando el Conalep de Monterrey cambió su nombre por el de plantel Ing. Adrián Sada Treviño. En esa ocasión, el mismo Sada resumió con estas palabras su visión: “Sólo soy un neolonés más que aprecia la educación como la mejor herramienta para crecer y superarse.”

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Complementario a su labor promotora de la educación, Sada también preside la Fundación Martínez Sada, asociación que formó en 1972 a instancias de un tío. El propósito es apoyar a personas de escasos recursos que tienen potencial para estudiar una carrera profesional, principalmente de ingeniería. Hasta ahora, 1,200 personas han sido beneficiadas con este apoyo –actualmente hay 250 becarios–.

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Efímero banquero
Sada asumió en 1972 la presidencia del consejo de administración de Banpaís e impulsó su expansión para tener cobertura nacional.

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“Entre los medianos, éramos los grandotes, el quinto grupo financiero.” Aun así, su paso por la banca fue efímero: en 1982 José López Portillo acabó con el sueño.

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Cuando Carlos Salinas de Gortari vendió la banca a los particulares, Sada y sus hijos decidieron comandar la compra de Grupo Financiero Serfin, pero las cosas no han resultado, ni de cerca, como esperaban. “La banca no será más que un dolor de cabeza hasta que el país no salga del atolladero”, opina Don Adrián, para quien, sólo cuando México normalice su economía y su política social, la banca podrá operar como una empresa normal y productiva. Según él, los empresarios entraron al quite porque si la banca no hubiera sido reprivatizada, la nación estaría pasando por más problemas, aunque a veces se arrepiente de haber retornado al sector financiero.

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Al hablar de la banca, surge el tema de los retos que Sada ha enfrentado durante 56 años. La peor crisis que le ha tocado vivir como empresario llegó con Luis Echeverría Álvarez, por la intervención del gobierno en el sector económico. “El control de precios era mortal para la economía privada”, anota. Esta medida, de hecho, obligó a Grupo Vitro a vender a precios inferiores al costo de producción.

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Durante los primeros tres años del periodo de López Portillo, Sada descansó, porque fue una época de bonanza; y nunca pensó que después todo se vendría a pique. Lo mismo ocurriría años después: “Con Carlos Salinas era otro auge por cuatro años, era un milagro en México, y de repente se acabó.”

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Hoy advierte un ambiente muy parecido al que prevaleció con Miguel de la Madrid, quien tuvo un sexenio de “calma”.

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“Creo que llevó muy bien esos seis años para volver a crear una situación de arranque a través de una pausa. No sé si Zedillo está haciendo algo similar… haciendo cosas positivas, pero no (está) violentando nada para no crear más conflicto del que ya hay.”

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El pasatiempo favorito de Sada es la cacería, pero “sólo mato un animal de cada especie”, se justifica. “Me considero un cazador ético, prudente y razonable. Por muchos años he disfrutado de ese deporte, pero uno debe apoyar la conservación.”

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Como parte de su actividad en pro del medio ambiente participa en diversas organizaciones para conservar la flora y la fauna. A título de ejemplo, menciona a las aves migratorias, ya que durante ocho años estuvo manejando una sociedad dedicada exclusivamente a mantener el hábitat de los patos y gansos que llegan a México. Después, a instancias de sus hijos Adrián y Federico, se interesó por proteger dos especies de borrego cimarrón que están en peligro de extinción en Baja California y Sonora. Actualmente dedica una parte de su tiempo y de sus recursos a ambos proyectos.

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