Agroindustria. La embajadora verde

El auge mundial en el uso de aloe vera abre un mercado insospechado para los productores que industr
Jesús Hernández

Un anuncio en el periódico impulsó a Jesús Chávez a convertirse en el mayor productor de aloe vera en Yucatán. Hace más de 30 años, un estadounidense buscaba campesinos que pudieran proveerle la planta; al no encontrarlos, decidió hacer una invitación pública en los medios de prensa para que la gente de la zona se iniciase en ese cultivo con la promesa de comprar toda la producción. Chávez le hizo caso y sembró media hectárea. Dos años después fue a buscarlo, pero ya se había ido. Lejos de desanimarse siguió adelante. A la fecha cultiva 105 hectáreas y tiene su propia agroindustria para extraer el gel de la planta, que se usa como materia prima en diversos sectores.

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La época de vacas flacas que durante años agobió a este productor ya es sólo un recuerdo. El creciente uso del aloe vera –más conocido como sábila– en artículos farmacéuticos, de belleza, higiénicos, cosméticos, alimenticios y pañales desechables, entre otros, incrementó la demanda. Hace dos décadas se asoció con Sabesa (ahora Laboratorios 2000) y en conjunto atienden a empresas como Gillette, Omnilife, Colgate, Avon, Grissi y Gel Cap, por mencionar algunas. Aunque 80% de su producción se destina al mercado nacional, tienen planes de exportar a Italia jugo de este cultivo como base para bebidas alimenticias.

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De 1995 a la fecha el consumo mundial de aloe vera se ha cuadruplicado –estima William Buenfil, director general de Laboratorios 2000– y se espera que el incremento sea mayor conforme la planta se incorpore a nuevas aplicaciones. "El potencial es enorme, la exportación –a pesar de la competencia mundial– podría permitir el florecimiento de esta industria."

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La ventaja de México sobre sus principales rivales latinoamericanos –Jamaica, Brasil, Costa Rica y Venezuela– es el clima, que favorece la calidad de la pulpa, al provocar la concentración de polisacáridos (sustancia activa de una planta, compuesta 95% de agua y 5% de sólidos).

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Pese a que no hay cifras oficiales, se calcula que en el país existen 10,000 hectáreas del cultivo (de un millón a 1.5 millones de toneladas brutas anuales de producción) y no más de 10 firmas agroindustriales de la sábila, la mayor parte de ellas en los estados de Tamaulipas y Yucatán, aunque también las hay en Puebla, Campeche y Veracruz. Casi 80% de lo cosechado se exporta a Estados Unidos y en menor medida a Europa y Asia, señala Ramiro Estrada –director de Aloe Jaumave, una compañía procesadora instalada en Tamaulipas–.

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El negocio del tratamiento de sábila en México devuelve una rentabilidad nada despreciable de entre 20% y 30% de margen neto.

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Sin embargo, hay dificultades para su comercialización incluso en el mercado nacional. Los clientes de los subproductos de aloe vera, conformados por la industria que los utiliza para integrarlos a las fórmulas de sus artículos de uso final, importan la mayor parte desde la unión americana, en lugar de consumir los que se producen en el país.

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Aurelio Pedroza, de la Unidad Regional de Zonas Áridas de la Universidad de Chapingo, sostiene que los productores nacionales pueden proveer sábila a la mitad del costo de importación, pero las multinacionales todavía no confían en la calidad y, sobre todo, exigen un subproducto de la planta más industrializado que el que elaboran los fabricantes locales.

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La mayoría de los agroindustriales del país están asociados al International Aloe Science Council (IASC) –un organismo creado en 1981 por las sabileras estadounidenses para proteger el mercado de las falsificaciones y de la mala calidad– y cuentan con su certificación para los subproductos que manufacturan. Básicamente éstos consisten en la extracción de la pulpa y su envasado en forma de jugo, sin concentrar. No obstante, los estándares de venta internacional requieren condensaciones de 20 a uno y polvos que comprimen hasta 200 veces la materia prima.

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"Lo que nos falta es industrializar los cultivos", señala Humberto Sosa, presidente de la Asociación de Productores de Sábila en Yucatán, porque la gran mayoría sólo realiza el primer paso y no avanza en la elaboración de los concentrados.

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Un mundo por conquistar

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Según el entrevistado, la creación de empresas desarrolladas en tal sentido podría hacer de esta actividad un ramo competitivo en el mercado internacional. Estudios realizados por la asociación estiman que con una inversión inferior a $1 millón de dólares se podrían crear procesadoras de aloe vera que tengan la capacidad de fabricar los concentrados que demanda el mercado mundial y que cumplan con su estándar de calidad e higiene (uno de los rubros de mayor exigencia); además, esto sería factible a bajo costo, debido a la amplia disponibilidad de mano de obra en el país. De hecho el organismo está en espera de inversionistas que financien sus proyectos.

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Por su parte, Roger González –secretario de Desarrollo Rural de Yucatán– ofrece el apoyo del gobierno para conseguir reducciones fiscales, facilidades de instalación y asesoría para exportar, todo ello como parte de un plan estratégico que tiene el fin de reactivar las agroindustrias de la entidad. La sábila es el quinto cultivo en importancia local. Durante 2000 se contabilizaron 1,257 productores que poseen alrededor de 900 hectáreas y cosecharon 13,184 toneladas con valor de $5.6 millones de pesos.

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La preocupación estatal es dar cauce en el mercado al crecimiento del cultivo, porque la anterior administración incentivó la siembra de aloe vera (pasó de 3,000 toneladas en 1996 a 15,000 en 1998); sin embargo, no consideró adecuadamente el problema de su comercialización: no se encontró comprador por falta de mayor industrialización y quedaron tierras cultivadas en el abandono (se estima que la producción será de sólo 11,000 toneladas en el presente año). "Ahora tenemos una idea más clara del mercado y creamos un área especializada en agronegocios", explica González.

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No todos comparten su entusiasmo. "Creer que la sábila es el milagro o que es una mina de oro resulta una locura. Ha sido un negocio bueno, pero hay que tener cuidado porque no es una solución total", advierte Alberto Mézquita, gerente de Agroindustria Sabilera del Mayab.

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Cifras de la IASC revelan que hasta 1997 –las últimas publicadas– el sector a escala mundial se componía de 175 compañías localizadas en 52 países, y que la venta de los artículos de consumo final que utilizaban su materia prima sumó $65,000 millones de dólares.

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Pese a la expansión en el consumo, comenta Estrada, abrir las ventanas del comercio internacional es complicado. El mercado asiático emplea grandes volúmenes pero compra a menor precio, en tanto que para vender a los países de Europa –donde la demanda de aloe vera para productos alimenticios va en aumento y el gel o el polvo tienen un mejor precio– se requieren certificaciones más estrictas que las estadounidenses.

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Añade que la mayor parte del comercio global de sábila se realiza a través del vecino país del norte, donde en los últimos tres años el valor de compra se ha mantenido entre $0.80 y $1.20 dólares por kilo de hoja (jugo estabilizado y pasteurizado) o sus equivalentes de acuerdo al grado de concentración.

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Pedroza estima que por cada hectárea sembrada se invierten en promedio $80,000 pesos y se obtienen entre $400 y $500,000 pesos anuales. El rendimiento de una hectárea es de casi 100 toneladas brutas, pero luego de extraer el gel se desaprovecha la mitad de la planta. Con este panorama –dice–, para aventurarse a exportar "primero hay que asegurar el mercado y luego producir".

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Los exportadores del cultivo deben vencer al menos tres barreras en el mercado de la unión americana: la baja en la demanda de sus productos debida al clima recesivo en ese país; el menor desarrollo tecnológico frente a la agroindustria estadounidense, que hace a los nacionales menos competitivos y las prácticas desleales de algunas empresas internacionales que intentan ganar contratos mediante la venta de la planta a precios menores a los costos de producción (dumping).

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El orden del caos

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Otra desventaja de los productores del país frente a sus vecinos reside en la ausencia de un organismo de coordinación e intercambio de información, que les permita hacer un frente estratégico ante la estructura de "un mercado monopolizado como el estadounidense", señala Pedroza.

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Buenfil observa que los agroindustriales mexicanos no son muchos y que por eso es poco factible conformar una cámara u organización análoga. Mézquita y Estrada van más allá. Ambos coinciden en que la desunión local se debe al exceso de celo profesional con el que cada competidor guarda su fórmula de procesos y "nadie ha querido escuchar al otro para caminar en el mismo sentido". Paradójicamente, todos se encuentran afiliados a la IASC y siguen sus normas de calidad.

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En México, la industria del aloe vera es dominada por un par de firmas multinacionales –Aloe Corp y Forever Living– que se establecieron a mediados de los años 80 en el norte de Tamaulipas. Estas compañías se alían con pequeños propietarios de cultivos a fin de bajar costos en la obtención de materia prima (pagan hasta $200 y $300 pesos por tonelada) o bien adquieren o rentan tierras con la intención de integrar verticalmente todo el proceso, cuyo destino final está en el mercado estadounidense, señala Gumercindo Álvarez, investigador de la Universidad Autónoma Agraria de Saltillo.

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La explotación intensiva de las plantaciones controladas por estas corporaciones causa una reducción parcial o total de la compra de sábila a los productores ejidales o independientes, cuyos cultivos quedan abandonados en espera de que alguna procesadora se interese en comprar su cosecha.

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Algunas empresas en el país están apostando por integrar toda la cadena agroindustrial, hasta el desarrollo de artículos para consumo final. Sabilera del Mayab creó una filial, Aloe Sol, que fabrica artículos de cuidado personal y otros para uso zootécnico. Como explica Mézquita: "Tratamos de redimensionar la industria con el fin de crear nuestra propia oferta."

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Hace algunos años Chávez creó una línea de jabones y ahora elabora champú y cremas de enjuague con la marca Zaci, basados en aloe vera, que en breve espera exportar. Laboratorios 2000 lanzó una serie de artículos de cosmética y belleza con las marcas Serve Pil y Stefanie, en tanto que desarrolla un grupo de bebidas para el mercado italiano.

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Los agroindustriales se muestran optimistas ante el futuro. Su apuesta es ganar el mercado nacional, donde la demanda por sábila del país sólo se ha incrementado 5% cada año, mediante el convencimiento a la industria de la calidad superior de su producto.

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En tanto, esperan que el desarrollo de las investigaciones internacionales en biotecnología agreguen nuevas aplicaciones a la planta, tal como ocurrió en años recientes con los pañales desechables o las pastillas contra la acidez.

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"Sin duda hay buenas perspectivas –dice Estrada –. En la medida en que los mexicanos tengamos una mayor cultura de la salud y del cuidado personal, nuestra industria será beneficiada. Aunque de forma lenta, esa cultura se está creando."

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La oportunidad está ahí y será labor de la gente del sector aprovecharla, o bien conformarse con esperar algún anuncio de periódico que mejore sus perspectivas.

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