Ahorros electrizantes

Todavía hay empresarios que creen que economizar energía consiste sólo en cambiar a focos de meno
Antonio Mustarós

La primera crisis petrolera mundial en 1973 llevó a los países desarrollados a hacer esfuerzos importantes en el terreno energético, con programas de ahorro y uso eficiente de la energía. El caso más significativo es el de Japón: desde 1973 a la fecha ha duplicado su Producto Interno Bruto y, sin embargo, su consumo de energía primaria sigue siendo el mismo de ese año. Es decir, lo que prácticamente duplicó fue su eficiencia energética.

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México, por ser un país con enormes recursos energéticos –especialmente petroleros– y debido a su política tarifaria de altos subsidios, no tenía una gran inquietud en esta materia. Pero al cambiar la situación de subsidios a principios de esta década, nació la preocupación por ahorrar energía y se creó el Programa de Ahorro de Energía en el Sector Eléctrico.

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En el diagnóstico de este programa se destacó que era posible desglosar así el potencial de ahorro de energía: un tercio del total estaba representado por los propios suministradores de electricidad –pues son ellos quienes reciben energía primaria a través de combustibles y la transforman en electricidad–, y los otros dos restantes por los usuarios de la energía, es decir, industria, comercio y servicios.

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Con esos datos se desarrolló una estrategia que permitiera actuar en estas dos terceras partes. Fue así que se concibió el Fideicomiso de Ahorro de Energía Eléctrica (Fide), el cual integra su patrimonio con aportaciones del sector público a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), los proveedores y contratistas del sector eléctrico y del Sindicato de Trabajadores Electricistas. Aunque esos recursos provengan en buena parte del sector público, son aplicados totalmente en favor de los usuarios.

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El Fide, pues, quedó constituido desde hace seis años como un organismo de carácter privado cuyo propósito es promover y fomentar el uso eficiente de la energía eléctrica y para el que resulta imprescindible la concertación de los sectores privado, público -y social.

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Su origen se remonta a una época en la que los escenarios de crecimiento en la demanda de energía eléctrica eran de tales montos que, se preveía, podían llegar a convertirse en un cuello de botella de la economía. Su fundación coincide también con la época en que el gobierno federal estableció como prioridad el uso eficiente de la energía en el Plan Nacional de Desarrollo y el Programa de Modernización Energética.

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Para que fuera un programa que involucrara a la mayor parte de la sociedad, el Fide se integró con participación del sector privado, restándole peso específico a la injerencia gubernamental. Muestra de ello es que por la presidencia del comité técnico del Fide han pasado empresarios como Gilberto Borja (de Grupo ICA), Jaime Chico Pardo (director de Telmex) y, actualmente, Jorge Martínez Güitrón (de Grupo Sidek), y su mesa directiva está integrada por miembros del sector privado: los altos mandos de Concamin, Canacintra, de la Cámara Nacional de Manufacturas Eléctricas, de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción, de la Cámara Nacional de Empresas de Consultoría, además de vocales que representan a los sectores industriales que usan de manera importante a la energía eléctrica: Carlos Slim (todo lo imaginable), Jorge Larrea (minería), Luis Padilla (minería, hojalata y lámina), Bernardo Quintana (construcción) y Lorenzo Zambrano (cemento).

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Mateo Treviño, director del Fide y consejero del Instituto Internacional de Conservación de Energía, explica que el fideicomiso significó en su momento un cambio en la orientación que históricamente tenía el sector eléctrico, puesto que éste, antes, “sólo se preocupaba por administrar la oferta, es decir, cuál es el crecimiento de la demanda y cuánto es lo que se tiene que producir para cubrirla. Este programa es un parteaguas porque se comienza a administrar la demanda, incidiendo en hábitos de consumo, criterios operativos y tecnologías”.

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Este organismo cuenta con dos tipos de proyectos concebidos para tener un efecto multiplicador: los programas básicos y los programas de apoyo. Los primeros son proyectos “demostrativos” en su etapa inicial y se dirigen a la industria, comercio, servicios y municipios. “Es necesario decirle al usuario –enfatiza Treviño– qué y cómo ahorra, además de demostrarle que su inversión es rentable. No es simplemente ahorrar -per se, sino hacerlo buscando productividad y competitividad.”

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Para Roberto Zapata, presidente y director general del hotel Miramar -Misión Cancún Park Plaza, el apoyo del FIDE en el proyecto demostrativo fue trascendental. Esto les permitió alcanzar un ahorro de 27% en el consumo de energía eléctrica y 22% en la demanda de kilowatts, “lo que significa una reducción de pagos de $76,000 a $55,000 pesos mensuales. Hoy ahorramos $21,000 pesos al mes a cambio de invertir $458,000. Es posible cumplir la misión de ahorro en los tiempos programados”.

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Otro caso ejemplificador lo constituye el ahorro en el que incurrió Nissan al aplicar un programa semejante. Según los datos más recientes, en su planta de Cuernavaca obtuvo durante 1996 un ahorro total de $545,211 pesos (11.83% de ahorro sobre facturación eléctrica). La inversión para conseguir lo anterior sumó $401,496 pesos; de este modo, tal inversión logró recuperarse en menos de ocho meses. Los rubros sobre los que actuaron los programas de ahorro fueron: sistemas de bombeo, control y operación de equipos; de monitoreo de energía; operación de pozos; aire comprimido; equipos de planta y ventiladores de torres de enfriamiento.

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SORPRESA: CRÉDITOS...SIN INTERESES
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Treviño aclara que el Fide selecciona a empresas que sean suficientemente representativas de ciertos sectores y regiones en el contexto nacional. En estas compañías se han desarrollado proyectos demostrativos, relacionados con financiamientos sin cobro de intereses, los cuales cubren el diagnóstico y las acciones correctivas. Con los ahorros que se obtienen, se pagan esos créditos.

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“En un principio financiábamos 100% del proyecto, pero ahora, al evolucionar la conciencia de ahorro en los usuarios y al comprobar las bondades de estos programas, se reduce nuestra participación y se -incrementa la del usuario; así, en un primer proyecto con cualquier empresa, aportamos 60%; si hay una segunda iniciativa, 40%. En caso de un tercer proyecto, damos sólo 20%. Cuando establecemos un convenio con algún usuario, fijamos el criterio de que una vez demostrada la rentabilidad del proyecto, éste se compromete a reproducir las acciones en otros establecimientos de su propia cadena o grupo, con recursos propios o de la banca de fomento o privada.”

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El Fide ha realizado alrededor de 600 proyectos demostrativos en grupos industriales, cadenas hoteleras, tiendas departamentales y de autoservicio. Algunos otros de los proyectos que se podrían citar son los de Cemex, Du Pont, Texlamex, Industrias Resistol, supermatic, Cervecería Cuauhtémoc, Crisoba, Maseca, Bachoco, Linde, Hotel Radisson Manzanillo, Hotel Villas Plaza Cancún, El Puerto de Liverpool, Sears, Comercial Mexicana, Bancrecer, McDonald’s, ITESM y Universidad Autónoma Metropolitana.

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Estos programas han tenido un amplio “efecto multiplicador”, que evaluado a nivel nacional es de cinco a uno, es decir, de cada peso aportado por el Fide otras fuentes de financiamiento ponen cinco. Este efecto es consecuencia de los proyectos demostrativos, pero la etapa final es la de “consolidación”, por la que se pretende crear un mercado natural de ahorro de energía, lo cual significa que sin presencia del Fide, los agentes involucrados en el proceso (proveedores de equipo y materiales, firmas consultoras y de ingeniería), desarrollen sus propios esfuerzos en este ámbito. Así, hoy se trabaja con más de 50 firmas consultoras, y aunque el organismo no desarrolla directamente los proyectos –junto con los usuarios contratan a los consultores–, sí se encarga de coordinar.

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Luis Ferreiro, director de Manufactura de Interceramic, otra de las tantas empresas que ha implantado estos programas, señala que gracias a la asesoría del Fide en un proyecto de ahorro de energía en la planta número uno en Chihuahua, el consumo anual disminuyó 816,000 Kwh y pudieron controlar la demanda obteniendo grandes ahorros.

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“En Interceramic –afirma Ferreiro– trabajamos en equipo, lo que permite un alto involucramiento de nuestra gente, con la conciencia de la importancia para la empresa y para el país del uso racional de los energéticos, dando como resultado ahorros de alto impacto.

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“Sin duda, una excelente área de oportunidad para la competitividad está en los ahorros de energía eléctrica.”

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EN LA CASA Y LA FÁBRICA
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El organismo tiene proyectos a gran escala para el ámbito doméstico, como el de sustituir, de aquí al año 2000, seis millones de focos convencionales por lámparas fluorescentes compactas, que gastan 75% menos energía y duran 10 veces más.

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En la misma línea de ahorro, en 1996 inició el programa de incentivos, que considera la utilización de motores eléctricos de alta eficiencia (la industria consume 57% de la energía eléctrica del país y 60% de esa energía es consumida por motores), compresores para la industria e iluminación en comercios.

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Según Treviño, el Fide ha logrado, gracias a los programas de apoyo, avances en difusión (más de siete millones de folletos y publicaciones, además de numerosos cursos y exposiciones), normalización (para fabricar equipos más eficientes) y formación de recursos humanos. “Estos programas ayudan a crear y consolidar una cultura del ahorro de energía.”

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El programa más famoso en este sentido es en el que ha participado la sociedad en su conjunto –obligadamente, en ocasiones–: el de Horario de Verano, que ha sido una útil herramienta para esta nueva cultura, y se convirtió, además, en el programa más rentable, debido a que no requirió de ninguna inversión por parte de las empresas y ciudadanía, si bien el Fide tuvo que erogar sumas considerables para la propaganda en medios masivos, la que, aunque estacional, fue abundante. Con sólo adelantar una hora el reloj se obtuvieron resultados “sorprendentes”: en 1996 se ahorraron 943 millones de Kwh (lo que consumen, juntos, los estados de Tlaxcala o Colima durante un año), cerca de 1% del consumo total anual del país.

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Este tipo de medidas deben incrementarse debido a que, según el mismo Fide, a pesar de todos los programas de ahorro, el consumo de electricidad en la gran industria creció 10% entre abril de 1996 y mayo del presente, y en la pequeña y mediana empresa lo hizo en 8%. Las llamadas empresas de “alta tensión” por lo general se encuentran vinculadas a los sectores en auge (los exportadores): siderúrgico, minero, cementero y químico. Las de “media tensión” tienen que ver con los ramos de la construcción, de alimentos y textiles.

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Muchos programas que se llevan a cabo en las industrias consisten en la modificación de hábitos y criterios operativos; estos no requieren de inversiones, son muy sencillos de aplicar y permiten ahorros de 3 a 5%. Desde luego que hay otros programas que sí requieren de inversión, y a cambio otorgan ahorros de 35 a 40%, basados en la incorporación de tecnologías de mayor eficiencia.

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En los sectores comercio y servicios los programas se orientan a los sistemas de iluminación y aire acondicionado; y en las oficinas, a los llamados “edificios inteligentes”, núcleos integrales que cuentan con un control computarizado de todos los sistemas para -intensidad y tiempos de iluminación, operación de elevadores, aire acondicionado, etcétera.

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“Un aspecto interesante son los sistemas de cogeneración o aprovechamiento del calor de desperdicio, que se aplican cada vez con mayor frecuencia en industrias de proceso como la azucarera, papelera, bioquímica y petroquímica –sostiene Treviño–. Por ejemplo, un ingenio azucarero consume cierta cantidad de energía eléctrica mediante su maquinaria, y obtiene un subproducto: el bagazo, el cual puede quemarse en una caldera y generar vapor que sirve para producir energía eléctrica y con ello lograr el autoabastecimiento e, incluso, venta de excedentes a la CFE.

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El impacto del Fide ha sido tal, que el Banco Interamericano de Desarrollo ha contratado al organismo para que le brinde asistencia técnica en la -realización del proyecto “Mercados Sostenibles para Energía Sostenible en América Latina”, el cual marca las nuevas tendencias internacionales para consolidar la eficiencia energética y lograr que el mercado use las tecnologías y equipos ahorradores, así como para incentivar el desarrollo de energías renovables. El Fide participa también con el Banco Mundial en varios programas de ecología y ahorro energético.

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Adicionalmente se lanzó el Sello Fide, que es otorgado a los productos de alta eficiencia energética (refrigeradores, lámparas, aspiradoras, motores, balastros, controladores y demás artefactos), el cual poco a poco va creando una identificación clave para los usuarios, permitiéndoles saber si un producto es eficiente en el ahorro de energía. El proceso para obtener el Sello Fide es el siguiente: el organismo fija criterios de eficiencia energética por arriba de las normas nacionales; los fabricantes hacen su solicitud, se realiza una evaluación completa por parte de laboratorios de prueba independientes contratados por el Fide y, si el producto califica, se le otorga el sello. A la fecha se han otorgado más de 100 de estos sellos.

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En resumen, la meta que el Fide se ha fijado para el año 2000 es ahorrar 7.3% del consumo eléctrico nacional actual. Tal meta, en caso de que los programas de este organismo sigan como a la fecha, despolitizados y con participación privada, es factible.

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