Ahorros y gastos en el superávit

No obstante que la balanza comercial ha disminuido su dependencia del petróleo, este recurso sigue
Alejandro Castillo

De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el primer trimestre de 1997 el balance público reportó un superávit de $8,991 millones de pesos. Aunque parte de este superávit se debió a un aumento en la recaudación interna, ese saldo positivo fue posible por las favorables circunstancias que se presentaron en los mercados internacionales –del petróleo y financieros–, apoyado por ahorros mal entendidos y a pesar de un gran aumento en algunos gastos.

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Según la SHCP, en el periodo enero-marzo la mayoría de los renglones de ingresos tuvieron un comportamiento positivo. En ese lapso, los ingresos petroleros tuvieron un crecimiento de 10.9%, a raíz de que el precio que registró la mezcla de crudos mexicanos –de $18.45 dólares por barril– fue superior en 8.7% con respecto a los prevalecientes en el primer trimestre de 1996. A su vez, el volumen exportado en esos meses fue de 1.6 millones de barriles diarios, 8.7% arriba del nivel alcanzado un año antes.

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Como consecuencia de lo anterior, la participación del petróleo en el total de los ingresos del sector público presupuestario aumentó de 38% en 1996, a 39.3% en 1997. Como se ve, aunque ha disminuido la dependencia que tenía la balanza comercial del país con respecto al crudo, este recurso y su evolución internacional siguen siendo determinantes en las finanzas públicas.

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En el renglón de los ingresos no petroleros, los tributarios aumentaron 10.5%, por lo que pasaron de 34.8 a 35.9% del total. Ese avance se sustentó en la mejora de la actividad económica y en el efecto de las campañas para aumentar la recaudación, independientemente de las críticas que le valieron a la autoridad. Incluso las finanzas públicas tuvieron el apoyo del renglón de organismos y empresas públicas, que mejoraron sus ingresos en 7.9%, por lo que su participación en el total se mantuvo alrededor de 20.8%.

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AUNQUE HAY AHORROS, EL GASTO AUMENTÓ
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En lo que se refiere al gasto, el gobierno actual ha insistido que no hará lo que han hecho administraciones anteriores, que en la víspera de las elecciones apoyaban un crecimiento ilusorio para mejorar su imagen. Sin embargo, las cifras parecen desmentirlo.

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Ciertamente, además del ahorro financiero, en general se puede afirmar que bajó el gasto en los -renglones que podrían considerarse institucionales. En contrapartida, también es cierto que aumentaron –y mucho– aquellos egresos que aparentemente pretenden subsanar las fallas de la política económica.

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Como se ha señalado en otras ocasiones, uno de los conceptos en los que esta administración ha mejorado sus resultados es en el correspondiente a la deuda pública. En el primer trimestre, el costo financiero de esta deuda cayó 13%, por lo que su participación en el gasto total disminuyó de 19.3 a 16.5%. Eso fue consecuencia de las operaciones que se llevaron a cabo para mejorar el perfil de la deuda externa y de la baja observada en las tasas de interés internas, todo ello gracias a las condiciones internacionales, que han resultado especialmente favorables para el esquema gubernamental.

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En cambio, a contrapelo del discurso que destaca la disciplina pública, el gasto no programable se disparó 16.6%, para aumentar su participación en el total, de 20.1% en 1996, a 23.2% en 1997. Aunque no se quiera, genera dudas ese sensible crecimiento en las participaciones a entidades federativas y el pago de Adeudos de Ejercicios Fiscales Anteriores (Adefas).

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La aparente disparidad en los criterios para determinar en qué renglones se ahorra y en cuáles se gasta más se observa también al interior del gasto programable, que representa 60.3% del gasto total y tuvo un crecimiento de sólo 0.8%. En éste se observa que, por ejemplo, en el renglón de gasto corriente, que aumentó sólo 0.9%, los servicios personales –donde se incluyen los sueldos de maestros y médicos– cayeron 6.2%; pero, en cambio, el renglón de ayudas, subsidios y transferencias creció 22.4%. ¿Pura casualidad?

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El otro renglón del gasto programable, el de capital, reporta un crecimiento de apenas 0.7%. Sin embargo, ese incremento mínimo fue posible por una reducción de 91% en la inversión financiera, que posibilitó un aumento de 12.9% en la inversión física, quizá el único incremento justificado.

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Como se observa, las autoridades han aprovechado las circunstancias del mercado para mejorar los ingresos y lograr ahorros; eso les ha permitido aumentar algunos gastos, en su mayor parte los de imagen. Desafortunadamente, los beneficios propiciados por el mercado podrían terminar al cambiar las circunstancias internacionales. Independientemente de ello, el gobierno podría tener la tentación de aumentar los gastos de imagen en el segundo trimestre ya que, como se recordará, se tiene programado que al término de 1997 exista un déficit equivalente a 0.5% del PIB.

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