Ajuste heterodoxo

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León Bendesky

El autor es socio-director de ERI, SC, consultores económicos.

- La crisis económica se ha propagado y profundizado sin ser contenida efectivamente por las sucesivas medidas de política económica anunciadas por el gobierno. La incertidumbre se expresa en las grandes fluctuaciones en el tipo de cambio, y en las altas tasas de interés, que provocan recientes costos impuestos sobre las familias y las empresas. Sólo entre el anuncio del primer Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica (3 de enero) y el posterior Programa para reforzarlo (9 de marzo) esos costos significaron, conforme a las cifras oficiales, la duplicación de la tasa de inflación hasta 42% y el paso de una tasa esperada de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1.5% a una de -2%, en lo que constituye un escenario de "estanflación" que se suponía ya superado en el país. Con ello, tales estimaciones han estado sujetas desde su presentación a fuertes presiones que pueden llevar a que sean superadas en el curso del periodo de ajuste.

- Las políticas económicas para enfrentar la crisis han sido planteadas con el objetivo central de conseguir la estabilización. Así, se ha recurrido a fórmulas ortodoxas y severas de contención de la demanda agregada, para frenar el aumento de los precios. No obstante, las presiones sobre el tipo de cambio y la gran fragilidad financiera de la economía, afirmada con la restricción crediticia, han provocado una fuerte resistencia para crear las pretendidas condiciones de estabilidad y, mientras tanto, el horizonte para la toma de decisiones se ha acortado significativamente, incrementando así los costos de la crisis.

- El argumento de que este programa económico es el único posible para enfrentar la crisis esta abierto a debate, puesto que el objetivo de la estabilización, tal y como se ha planteado, deja prácticamente fuera las acciones dirigidas a sostener la actividad económica. Esto se expresa en la enorme pérdida de empleos que, también según estimaciones oficiales, podría sobrepasar este año el millón de puestos de trabajo, y en la desaparición de gran cantidad de empresas. Tanto el planteamiento de dicho programa como la evolución observada de las condiciones económicas impiden prever la duración de la fase de estabilización -que aparece más bien como una meta de contención de la inflación- y el momento en que comience a registrarse la recuperación. Por ello, el contenido del programa ha sido cuestionado, desde su misma propuesta, por sectores diversos de la sociedad, cuyas posturas confluyen de una manera nueva en el escenario político del país.

- ¿Proceso irreversible?
Las medidas para enfrentar la crisis parecen eludir la condición de irreversibilidad que caracteriza a los procesos económicos y sociales. A diferencia de ciertos procesos físicos, que pueden revertirse y que se asocian con la noción de equilibrio, en el marco de esta crisis el quebranto de la economía tendrá repercusiones adversas de largo alcance sobre la organización y la capacidad productiva de la sociedad. Esta dimensión de la crisis -la destrucción de las capacidades productivas- está ausente en los principales objetivos de los programas gubernamentales propuestos para enfrentarla. En la medida en que los efectos destructivos del ajuste instrumentado se acrecienten, será más evidente la irreversibilidad del proceso y más precario el nuevo equilibrio que se alcance.

- El objetivo financiero del ajuste se ha antepuesto de manera contundente a las condiciones de la producción; sin embargo, las metas del mantenimiento de la actividad económica, de la generación de empleos y de ingresos son impostergables para la economía. Esta circunstancia representa un elevado costo político de la administración de la crisis, pues constituye una situación en la cual parecen haber sido claramente señalados los ganadores y los perdedores.

- En una economía abierta, como es hoy la mexicana, sobre todo en términos de las corrientes de capitales, es necesario revisar los objetivos del fuerte ajuste que se requiere para enfrentar la escasez de divisas y los efectos adversos de la devaluación. Por si misma, la devaluación no representa una condición que incremente la competitividad de la economía. Esto, por la heterogénea estructura productiva, por el tipo de intercambio con el exterior en el que predomina el comercio intrafirma, y por el elevado componente importado de la producción nacional y de las mismas exportaciones. La sustitución de bienes importados por producción nacional, que podría ser uno de los efectos positivos del cambio en los precios relativos provocado por la devaluación, no será fácil de alcanzarse en un marco de fuerte caída de la demanda interna y de muy elevados costos financieros. Los incentivos para la producción se han reducido drásticamente con la política contraccionista.

- El ajuste financiero aplicado es contrario a una activa política de oferta que reduciría sus costos. Estos costos no son sólo asientos contables en las diversas cuentas del gobierno. Un asunto que se refiere a la macroeconomía se expresa en cambio, concretamente, en individuos, grupos sociales y empresas, en todos los cuales se concentra la carga de la crisis. La elección de las formas del ajuste no es únicamente una cuestión técnica sino una decisión política.

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