Alerta corporativa

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Joel Martínez

Los pronósticos y las cifras poca alentadoras del comportamiento de las economías de Estados Unidos y México encendieron focos de alarma en el sector corporativo de ambas naciones. El indicador NAPM (índice de la Asociación Nacional de Administradores de Compra) de octubre fue de 39.8 puntos, nivel sólo comparable con el reportado en el preludio de la recesión que se registró entre junio de 1991 y marzo de 1992 en el vecino país del norte. Esta herramienta es considerada por los especialistas como uno de los principales elementos para anticipar el ritmo de actividad económica en la unión americana. Además, la tasa de desempleo continúa aumentando: pasó de 3.9% en octubre de 2000 a 5.4% en el mismo periodo de este año. El efecto de la desaceleración en México también es evidente. En el tercer trimestre el PIB cayó 1.4% y todo señala que durante este año no habrá crecimiento. Tal entorno se traduce en menores ventas y mayores costos, y por lo tanto en la reducción del flujo de efectivo de las empresas.

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¿Cuáles son las más afectadas? En primer lugar las exportadoras; las corporaciones con alto nivel de apalancamiento y aquellas que cuentan con fuertes vencimientos de deuda a corto plazo. El recuento de los daños ya arrojó sus primeras víctimas: San Luis Corporación y Agro Industrial Exportadora dejaron de pagar sus compromisos financieros. La firma de Antonio Madero es el prototipo de la organización con problemas de liquidez en momentos de recesión económica. Hasta septiembre, 77% de sus ventas estaban dirigidas al mercado norteamericano y sólo generaba recursos para pagar 1.3 veces los intereses de su deuda: debe 4.2 veces su capital y tenía vencimientos de corto plazo por $3,213 millones de pesos.

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En la mira del default están Hylsamex, Vitro, Cydsa y Grupo México, entre otros. A corto plazo, el caso más patético es el de la primera, que al tercer trimestre de 2001 debía 1.6 veces su capital; sólo generaba una vez el flujo de efectivo necesario para pagar los intereses de su deuda y tenía un vencimiento por $5,772 millones de pesos a corto plazo. La prueba de fuego para la acerera regiomontana será el 31 de enero del próximo año cuando tendrá que pagar $115 millones de dólares de una deuda aún no reestructurada.

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Si la liquidez de muchas asociaciones, como las mencionadas, ya era apretada en el tercer trimestre de 2001, la situación se puede complicar todavía más en el cuarto de este año y el primero de 2002, cuando la recesión en Estados Unidos y México se agudice.

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–El autor es analista financiero y columnista.

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