Almacenes generales de depósito: vícti

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LHM

Estancamiento, fusiones, limitación y aumento de actividades son algunas de las situaciones que se han acumulado en los almacenes generales de depósito a lo largo de su historia en México. Con operaciones que datan de 1886, estos intermediarios financieros fincaron en las exportaciones su supervivencia a la crisis de 1994. La reactivación del mercado interno y la utilización de los Certificados de Depósito han arrojado una luz adicional al negocio del almacenaje.

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Felipe Ruiz de Velasco y Villafán, presidente de la Asociación Mexicana de Almacenes Generales de Depósito (Amagde), describe al sector luego del “error” de diciembre: “Vivimos una situación difícil, aunque con menos problemas que el resto de los organismos del sector financiero. Nuestro problema fue de estancamiento, de no crecer como teníamos planeado.”

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Según el ejecutivo, el importante crecimiento que experimentó la exportación de productos mexicanos otorgó la posibilidad de negocio para las almacenadoras. De manera adicional, las importaciones nacionales, en momentos de reactivación económica, contribuyeron a que los almacenes realizaran su doble función. Al manejar los depósitos fiscales, los intermediarios reciben la mercancía de otros países para después, una vez transformada, embarcarla de nuevo al exterior.

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Gracias a los anteriores movimientos, cualquier producto que llegue a los almacenes con orden de exportación, aunque no salga del país, recibe el trato de producto exportado. “Las almacenadoras apoyan de manera intensa el comercio internacional. Sobre todo, a la pequeña y mediana industria que requiere un servicio ágil de traslado de bienes y productos.”

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Antes de la crisis, el número de almacenadoras ascendía a 36. No obstante, luego de fusiones o cierres, el sector corrigió su volumen hasta 23 participantes.

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Además de las alianzas estratégicas, los intermediarios utilizan los Certificados de Depósito para sortear la crisis financiera. De hecho, Ruiz sostiene que son la salvación del país. “Un certificado –explica– representa la prenda que se tiene bajo custodia. De tal manera que se asegura la comercialización del producto, pero a un riesgo menor.”

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El presidente de la Amagde dice que, en caso de necesidad, el certificado puede comercializarse, pues representa la mercancía, para minimizar el riesgo de quebrantos. “Las empresas que lo adquieran ganarán la oportunidad de contar con un manejo eficiente de sus inventarios”, agrega.

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No obstante, para hacerlo funcional y demandado, el instrumento financiero de las almacenadoras debe operar por debajo de los niveles bancarios. Y esa es una condición difícil de cumplir, en particular, porque los intermediarios deben cobrar el almacenaje, los seguros y las maniobras de carga y descarga.

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Entre las metas del sector a mediano plazo destaca la especialización. De hecho, algunas compañías prefieren trabajar con base en sus actividades añejas: almacén; custodia y guarda de mercancías; certificados de depósito; manejo del depósito fiscal, entre otras.

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Una vez reconocidos como intermediarios financieros nuevamente desde 1993, los almacenes generales de depósito buscarán el reacomodo de los nichos de mercado. “Por lo pronto –acota Ruiz– queremos que los empresarios tengan una cultura mayor con respecto al funcionamiento de las almacenadoras. Necesitamos redoblar esfuerzos para transmitir nuestras potencialidades al empresario.”

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