Anarco-capitalismo

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Arturo Damm Arnal

El autor es economista egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana. Realizó también estudios de filosofía en la Universidad Panamericana, donde actualmente es profesor en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía.

- Anarquismo: teoría que sostiene, entre otras cosas, que las cuestiones económicas -y las demás- las realiza el hombre de la mejor manera sin el control, regulación o cualquier forma de intervención del gobierno.

- Capitalismo: sistema social en el que el capital está apropiado por personas privadas y donde el trabajo se lleva a cabo, no como un deber de costumbres o por obligación, sino por la recompensa material bajo un sistema de libre contrato.

- En México, lo que necesitan las micro, pequeñas y medianas empresas es una combinación de anarquismo con capitalismo. Urge, llamémosle así, el anarcocapitalismo. Y subrayo: urge.

- En la economía mexicana es indispensable, por un lado, crear más y mejores empleos, y de ser posible, en el sector formal de la economía. Por el otro, es necesario incrementar la competitividad de las empresas -menores costos, mayor calidad y mejor servicio-, sobre todo de las micro, pequeñas y medianas, que conforman más de 90% del universo empresarial mexicano. Para conseguirlo hay que promover la creación, el crecimiento y la consolidación de tales empresas. Y hay que hacerlo de la manera correcta. De conseguirse se generará más competencia (sin la cual la competitividad no deja de ser un buen propósito) y se crearán más y mejores empleos (sin los cuales el bienestar es utópico).

- Pero, ¿cómo promover legítimamente la consecución de tales objetivos? ¿Cómo hacerlo, sin volver al proteccionismo, a las exenciones fiscales, a los subsidios y a todo el contubernio que ello genera entre el gobierno y los empresarios? La respuesta no puede ser otra: a través del anarcocapitalismo, es decir, de la búsqueda de ganancias sin intervención, regulación o control gubernamental. ¿Puede haber mejor combinación?

- ¿Cómo llevarlo a la práctica? Fundamentalmente por dos caminos: desregulación y revolución impositiva. En primer lugar, hay que llevar hasta sus últimas consecuencias la desregulación (desburocratización) de la actividad económica. El objetivo es eliminar los lastres y obstáculos que la burocracia impone, la mayoría de las veces sin otro objetivo que el de afianzar su poder sobre el empresario, situación que le permite, al burócrata, obtener atractivas rentas pecuniarias. En segundo lugar, hay que transformar la reforma fiscal del sexenio salinista en la revolución impositiva del gobierno zedillista. La meta es el pago (lo más sencillo posible) de un impuesto único, de tasa única no expoliatoria, sobre la renta. Para apoyar la creación y arranque de micros, pequeñas y medianas empresas, éstas estarán exentas del pago de dicho impuesto durante el primer año de su operación; pagarán una tasa de 2% al segundo, de 4% al tercero, de 8% al quinto y de 10% al sexto, tasa máxima (no expoliatoria) que pagarán todas las empresas. Y nada más. No más impuestos y no mayores tasas. Esto, sumado a la desregulación, es la mejor combinación para, desde el gobierno y de manera legítima, promover la creación, crecimiento y consolidación de empresas.

- Desburocratización y revolución impositiva. En pocas palabras: anarcocapitalismo. El objetivo no será que las empresas cumplan con todos los requisitos burocráticos (más de 100, según reconoce Ernesto Zedillo), ni que paguen todos los impuestos, contribuciones, cuotas, derechos y demás desembolsos impuestos por el gobierno. El objetivo será la creación, crecimiento y consolidación de tales empresas. Para decirlo con los clásicos: laissez-faire. Dejar hacer.

- Mucho ayuda el que no estorba
Esto, en economía, es una gran verdad. Y el gobierno, al intentar planear, conducir, coordinar y orientar la actividad económica, estorba. Lo mismo hace cuando cobra impuestos, sobre todo si son muchos, algunos muy elevados, y su cálculo y declaración es por demás complicada. El mismo resultado se obtiene cuando la burocracia obstaculiza y lastra la actividad de las empresas con trámites y todo lo que ello trae consigo. Dejar hacer. Es lo más eficaz que el gobierno puede hacer a favor de las micro, pequeñas y medianas empresas. Mucho más eficaz que la protección, las exenciones fiscales y los subsidios.

- Zedillo lo reconoce: "La política tributaria debe convertirse en un pilar de apoyo y aliento a la producción y a la inversión". La única manera de conseguirlo es a través de la revolución impositiva, llevada a cabo en los términos aquí planteados. Reconoce, además, la necesidad de "un gran esfuerzo para adecuar las regulaciones a las necesidades de una economía que busca más crecimiento", y afirma que "la desregulación se extenderá a todos los sectores de la actividad económica". Más que "adecuar" la regulación hay que desregular hasta las últimas consecuencias, que no por últimas son necesariamente malas. ¡Fuera lastres y fuera obstáculos!

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- El anarcocapitalismo (anárquico porque el gobierno, más allá de garantizar jurídicamente el derecho a la propiedad privada y de velar por el cumplimiento de los contratos, no interviene; capitalista porque los empresarios, en libertad, deciden el destino y uso de sus recursos en búsqueda de la mayor ganancia posible) es lo que el hombre hace cuando se le deja hacer libremente, cuando no se lastra y obstaculiza su actividad, cuando no se le quita parte de su patrimonio. Y en tales condiciones lo que hace, por lo general, es progresar.

- Atrevámonos a ser anarcocapitalistas. Laissez-faire. No hay de otra.

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