Análisis electoral. Hay mucho en común

Los programas económicos de las campañas de los tres principales candidatos a la presidencia ofrec
Enrique Quintana

En la madrugada del próximo 3 de julio conoceremos los resultados de la elección presidencial. En los siguientes días sabremos también con razonable certeza cuál es la composición del Congreso en sus dos Cámaras. Sin embargo, es probable que no tengamos que esperar hasta entonces para saber qué es lo que espera a México en materia económica, por lo menos en cuanto a las grandes tendencias.

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Los mercados financieros no han mostrado signos de preocupación por la transición sexenal, no sólo porque hay equilibrios macroeconómicos que en otros tiempos no existían, sino también porque se presume que los dos candidatos más fuertes, Vicente Fox por el pan y Francisco Labastida por el PRI, instrumentarían proyectos económicos cuyas diferencias son más bien de matiz y no de sustancia.

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Pero, en ambos casos, hay una gran carencia en la definición de los instrumentos que se utilizarían para alcanzar los objetivos, y en diversos casos se aprecian visibles inconsistencias entre instrumentos y objetivos.

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Además, salvo que una sorpresa se presente, en el Congreso no habrá una mayoría absoluta de ningún partido en lo individual. Ya sucedió en la Cámara de Diputados desde 1997 y no es difícil que ahora también ocurra en el Senado. Así que las iniciativas de ley deberán contar con el respaldo de, al menos, dos partidos entre los tres grandes.

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Debemos ver las divergencias entre las propuestas de los candidatos, pero también hay que poner el acento en las convergencias, porque ellas son las que estarán en el territorio de lo posible, claro, siempre y cuando sean eliminadas las inconsistencias.

Crecimiento -

Lo primero a observar es que dos candidatos, Fox y Labastida, se comprometen a una cifra como objetivo. Cuauhtémoc Cárdenas, el postulante por el PRD, no lo hace.

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Las cifras no son plenamente comparables entre sí, pues Fox pretende 7% de crecimiento al término de su administración, mientras que Labastida 5%, pero en promedio para todo el sexenio. La realidad es que a fin de cuentas la diferencia es menor.

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Sin embargo, esta pequeña discrepancia ha servido para que Labastida diga que Fox propone metas ilusorias que no podrán cumplirse, mientras que el candidato de la Alianza por el Cambio dice que Labastida plantea objetivos demasiado modestos, “chaparros” ha dicho. Cosas de las campañas.

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En el caso de Cárdenas, su propuesta simplemente habla de acelerar el ritmo de crecimiento de la economía sin comprometerse con algún porcentaje.

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La viabilidad de 7%, dice Fox, deriva de una tasa de ahorro total en México de 30% y de un incremento de la inversión que genere un crecimiento más elevado del producto. En otras palabras, implica un crecimiento orientado de manera más sólida al mercado interno y a la pequeña y mediana empresa. La cifra de 5% planteada por el PRI implica una tasa de inversión semejante a la de Fox, aunque su meta de creación de empleos es de un millón, mientras que la de su opositor es 30% mayor.

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Si la elaboración de las cifras fuera plenamente consistente, quizás pensaríamos en dos tipos de crecimiento diferentes, pero la realidad es que las distintas cifras parecen más bien estimaciones útiles en el contexto de las campañas y no reflejo de dos propuestas diferentes en cuanto a estilo de crecimiento.

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En el caso de Cárdenas, el énfasis está puesto en el tema de la desigualdad y la recuperación salarial, pero hay muy poca claridad respecto de los instrumentos que habrían de utilizarse para alcanzar esas metas.

Inflación -

Aquí hay una diferencia marcada entre la propuesta de Cárdenas, en relación con las de Labastida y Fox. Estos dos últimos han suscrito la propuesta del Banco de México para llegar a 3% de inflación a la mitad del próximo sexenio, garantizando la autonomía del instituto central. En contraste, Cárdenas ha asegurado que el crecimiento del mercado interno tendrá prioridad respecto de cualquier meta de inflación, aunque también ha asegurado que respetará la autonomía del Banco de México. Sin embargo, casi sería inevitable un conflicto de objetivos.

Déficit público -

Fox y Labastida proponen disciplina fiscal. Fox plantea que desde los niveles actuales de un déficit de 1% del Producto Interno Bruto (PIB) se pasará a una condición de superávit fiscal al cuarto año de gobierno. En el caso de Labastida no se habla expresamente de superávit pero se propone que se mantenga la disciplina fiscal a lo largo de todo el sexenio.

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La realidad es que ambos programas fijan metas pero ninguno de los dos se toma el trabajo explícito de calcular los ingresos y gastos que darán como resultado el balance fiscal que proyectan.

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En contraste, Cárdenas no habla de disciplina fiscal y  señala que sería manejable un déficit fiscal del orden de 3% del PIB, pero no especifica el origen de los recursos que habrían de financiarlo.

Impuestos -

Esta es una de las materias que a mi juicio es clave para darle coherencia y viabilidad a las propuestas económicas. Todos los candidatos hablan de una reforma fiscal integral pero la entienden de manera diferente, aunque tienen un punto de convergencia: integrar a la economía informal.

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Fox apuesta a que la simplificación fiscal y el combate a la evasión van a ser la gran fuente para elevar la recaudación entre cuatro y cinco puntos del PIB. Sin embargo, no queda claro por qué razón los informales habrían de “formalizarse”, o mediante qué instrumentos se reducirían la evasión y la elusión. No hay tampoco una cuantificación precisa de los ingresos fiscales que se perderían por estímulos a la pequeña y mediana empresa, por dejar a Petróleos Mexicanos (Pemex) una proporción mayor de sus utilidades o por la eliminación de impuestos como el ISAN (Impuesto Sobre Automóviles Nuevos).

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En cuanto a Labastida, su apuesta es a la certidumbre, al prometer que sólo habrá una reforma fiscal que ocurrirá al principio de su mandato. Su programa habla de la elevación de la capacidad recaudatoria del sistema tributario pero no dice los cómo. En cuanto al combate a la evasión y elusión hay referencias a la modernización de los sistemas pero no a la modificación de las leyes.

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Cárdenas es el más explícito al plantear la gravación de las ganancias de capital y de los capitales externos de corto plazo; elevar hasta 25% la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA) para artículos suntuarios y, sin decirlo expresamente, elevar las tasas máximas del Impuesto Sobre la Renta (ISR) para las personas físicas. Del otro lado, propone ampliar los ingresos exentos hasta cuatro salarios mínimos y bajar la tasa general del IVA a 10%.

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Lo que no existe es un balance que nos permita calcular el efecto neto de la pérdidas de ingresos y su compensación parcial por otras vías en ninguno de los casos.

Sistema bancario -

Fox ha planteado la necesidad de ahondar en las investigaciones de fraudes bancarios asociados al Fobaproa. Sin embargo, se ha puesto mucho más énfasis al desarrollo de una “banca social”, aunque no se precisa bajo qué modalidades. También se propone diseñar instrumentos que permitan a las pequeñas y medianas empresas el acceso al mercado de capitales. Tampoco sabemos cuáles y por qué tendrían que funcionar bien.

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En cuanto al PRI, se ha planteado la necesidad de reorganizar la banca de desarrollo y de concentrar todos los respaldos a la pequeña y mediana empresa en un solo instituto que también tendría la responsabilidad crediticia. Se ha puesto énfasis en el tema de la construcción de vivienda como pivote para el crecimiento y por tanto en el financiamiento de esta actividad. También propone fortalecer la capacidad de las instituciones regulatorias y supervisoras así como aumentar la capitalización de la banca comercial. Hay muy pocos instrumentos explícitos para estimar el efecto de las propuestas.

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El énfasis de la Alianza por México se ha puesto en reabrir el asunto del Instituto de Protección al Ahorrro Bancario (IPAB) e invertir todavía más recursos en el apoyo a los deudores de la banca. Además, propone reducir las tasas de interés de los pagarés del IPAB para abaratar el costo del rescate bancario. Desde luego que no dice con qué habrían de reemplazarse esos ingresos. Igualmente, se fortalecería la banca de desarrollo para convertirla en un medio para hacer llegar financiamiento a las pequeñas y medianas empresas regresándole la capacidad de operar en primer piso, es decir, directamente, sin necesidad de intermediar con la banca comercial.

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Ninguna de las tres propuestas se pronuncia explícitamente respecto a los temas que tienen que ver con la posible conformación de grandes bancos con una cuota elevada de mercado ni tampoco respecto de la presencia de extranjeros en el sistema financiero.

Industria -

En esta materia hay una coincidencia respecto a la necesidad de aumentar los apoyos a las pequeñas y medianas empresas a través de mecanismos fiscales y crediticios. Aún en el caso del PRI, aparece una crítica implícita a la falta de respaldo a este sector en los dos últimos sexenios.

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Para Fox, el crecimiento de este sector es crucial en su estrategia de crecimiento y empleo. En cuanto a Cárdenas, el apoyo a este sector tiene que ver de manera más directa con el objetivo de la equidad.

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¿Cuáles habrán de ser los apoyos y con qué criterios y mecanismos se aplicarían? Ninguno los define.

Campo -

En materia del sector rural, nuevamente se percibe una coincidencia en la necesidad de canalizarle más recursos. La diferencia está en los instrumentos. Cárdenas plantea como asunto clave la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica en materia agropecuaria. Fox plantea una serie de acciones para darle más sentido empresarial al campo como el desarrollo de una bolsa agropecuaria, la creación de asociaciones de productores o la reingeniería de las instituciones públicas vinculadas con el sector rural.

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Labastida propone reforzar los programas de respaldo pero también la aplicación de subsidios y estímulos a los productores rurales así como nuevos mecanismos de comercialización.

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Infraestructura

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Ninguno de los candidatos pretende que Pemex deje de ser controlado por el Estado. Si alguna vez lo pensó Fox, hoy ya no lo cree así. Pero todos están de acuerdo en que Pemex debe ser manejado con criterios empresariales y por tanto debe retener una parte mayor de sus recursos.

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Labastida y Fox apoyan la apertura de la inversión privada al sector eléctrico, aunque Fox propone que el Estado retenga una parte mayor de los actuales activos. Cárdenas apoya la apertura eléctrica sólo en el caso de plantas nuevas.

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No hay pronunciamientos expresos respecto al complicado tema de las telecomunicaciones y su regulación. Allí nos dejan todos una gran incógnita.

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Globalización

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Ninguno de los tres rechaza explícitamente el impulso a la globalización, pero todos también son enfáticos en reforzar el mercado interno. Cárdenas es el único que propone expresamente la reapertura de la negociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

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¿Tres países?

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Si pensáramos por un momento en los “tres países” en materia económica que surgirían de las tres propuestas planteadas. ¿Qué podríamos imaginarnos?

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Mi percepción es que entre Labastida y Fox hay más propuestas comunes de las que en una campaña se admitirían. Las diferencias en lo que se refiere a objetivos tienen que ver fundamentalmente con énfasis y no con sustancia.

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La posibilidad de que esas convergencias permitieran que, al margen de los resultados electorales, en caso de ganar uno u otro, hubiese condiciones para la gobernabilidad en materia económica, dependerá no sólo de los puntos de coincidencias específicos sino sobre todo del ambiente político global que resulte del proceso electoral y sus secuelas.

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No es el caso de lo que ocurría en un gobierno encabezado por Cárdenas, pues tendríamos una política económica que le pone un menor énfasis a los equilibrios macroeconómicos y fiscales. Tendríamos una serie de reformas legales orientadas al tema de la equidad, que probablemente causaran inquietud entre empresarios e inversionistas, como aumentos de algunos impuestos.

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Una administración encabezada por Fox tendría cuidado con los equilibrios fiscales y macroeconómicos, pero las políticas sectoriales no se ajustarían en función de ellos. En contraste, es probable que hubiese más agresivos recortes en la administración pública y un paquete de reformas legales orientadas a generar respaldos a la actividad empresarial.

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En cuanto a Labastida, sería la administración más consistente con la búsqueda de equilibrios macroeconómicos, como ha sido el actual régimen. Sin embargo, habría algunos puntos de ruptura con las políticas actuales, particularmente en lo referido a los apoyos a la pequeña y mediana industria y al sector agropecuario, en las que se diseñaría una estrategia más intervencionista.

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Pero, cuando pasamos de los qué a los cómo, hay insuficiencias y contradicciones. Sólo hasta que alguno llegue a Los Pinos veremos si es capaz de llenar las ausencias con un programa coherente que convierta las promesas de campaña en objetivos viables de gobierno

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