Ante la Crisis

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Arturo Hanono

En los ámbitos económico, político y social, el primer trimestre de 1995 se caracterizó por la incertidumbre y prueba de ello fue la evolución de los mercados financieros. En los primeros 90 días de 1995, los niveles en la paridad cambiaria, las tasas de interés y los precios de las acciones rompieron nuestra imaginación, reflejando un ánimo de gran pesimismo por parte de los participantes, quienes a su vez se han visto bombardeados por una gran cantidad de rumores, erosionando la confianza de los agentes económicos.

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Inflación personalizada
Durante los primeros meses del año, el inversionista vio afectado su patrimonio en términos reales, tanto por la baja en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), como por el nivel de las tasas de interés. De hecho, las fuertes alzas que experimentaron las tasas de interés apenas reconocen un premio por arriba de la inflación, que es evaluada a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la inflación medida a través del INPC se calcula a partir de una canasta básica, válida para una población superior a los 85 millones de habitantes. Sin embargo, cada uno tenemos nuestro propio índice personal de inflación.

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En materia cambiaria, la especulación y el nerviosismo de los inversionistas llevaron la paridad a niveles exagerados. Pero lo más preocupante es que existan compradores dispuestos a reconocer una cotización superior a los N$7 nuevos pesos. ¿Cuál es el nivel esperado para la paridad peso-dólar, si con intereses de 100% la tasa mensual, en moneda nacional, alcanza ocho puntos porcentuales?

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Además, la incertidumbre de los mercados ha provocado una crisis de confianza en las entidades financieras. Los problemas de cartera vencida, así como los nuevos niveles que alcanzan las tasas, forman parte de la problemática que deberán enfrentar los intermediarios. Y éstos, al trasladar los costos a sus acreedores, se encuentran entre la espada y la pared, no sólo por la contracción de los mercados, sino también por el alto costo del dinero.

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En estas circunstancias, es importante la actitud que se tome para enfrentar la crisis, si la meta que se busca es la de recuperar la confianza. El entorno financiero no sólo ha llevado al inversionista a revisar su actual estructura de ingresos y gastos, sino también a cuidar en forma muy especial su liquidez.

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El escenario que se vislumbra (es decir, el de un periodo recesivo, con inflación) hace de la liquidez el tesoro más preciado. Desde tal perspectiva, el inversionista no se puede dar el lujo de incurrir en inversiones superfluas. Las oportunidades y las gangas financieras –sean en plazo o en rendimiento, en tasa, divisa o acciones– habrán de ser necesariamente evaluadas y pensadas más de dos veces, ya que la liquidez hay que cuidarla.

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Con la transformación que se ha experimentado en el entorno económico-financiero, renace la figura del responsable de las finanzas como un elemento esencial en las empresas. Esta observación no significa que antes dicho responsable no tuviera un lugar importante. Sin embargo, la supervivencia de la empresa no sólo va a estar en función de la redefinición que realice con base en su giro, sino también de las decisiones financieras que se lleven a cabo.

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La estabilidad anterior a diciembre d 1994 provocó que la razón de ser de la empresa –es decir, las ventas del producto que se fabrica o el servicio que se ofrece– de alguna forma estuviera por encima del renglón financiero. Hoy, con mercados comprimidos, con una baja en el poder adquisitivo del consumidor, con altas tasas de inflación y de interés, habrá que hacer de las empresas entes financieros por encima de su giro. Y es ahí, precisamente, donde se verá la capacidad de las compañías para sortear la crisis y salir adelante.

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¿Quién se libra?
Los tiempos difíciles que corren repercuten en nuestro estado de ánimo. De alguna u otra forma, a cada uno de nosotros nos afecta la crisis. Esta más molestos y enfadados, ya sea por el saldo de la tarjeta, el arrendamiento del auto, la hipoteca de la casa, el crédito en dólares, o simplemente porque el sueldo ya no rinde lo que antes. En cualquier conversación, no hace falta escarbar mucho para llegar al tema de la crisis e ingresar en una batalla con el interlocutor, con tal de probar que uno está peor que el otro.

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Si bien el diálogo ayuda, hay que reconocer que los problemas hay que enfrentarlos con objetividad y optimismo ser pesimistas no ayuda; al contrario algunos más, otros menos, realmente no hay quien se haya librado de la crisis. Debemos hacerle frente con creatividad coraje y trabajo. No hay de otra.

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El autor es licenciado en Economía, Premio Nacional del Mercado de Valores y asesor en Operadora de Bolsa-Serfin SA de CV.

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