Apenas a tiempo

No habrá una catástrofe mañana en el sector de energía y no es necesario que la haya para actuar

Algunos voceros del gobierno federal dijeron en el sexenio pasado que México estaba a punto de sufrir serios apagones, por no haber invertido a tiempo en la generación de energía. Las interrupciones no llegaron, los representantes quedaron como el niño que gritaba "ahí viene el lobo" y el país siguió sin hacer nada. Al fin no era urgente una reforma en el sector. O no lo parecía. Ya ahora la capacidad de producción de energía es menor a la demanda, en algunas horas del día.

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Lo cierto es que el ritmo de inversión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no es tan rápido como México necesita. A medida que mejora el poder adquisitivo de los ciudadanos, el consumo de energía crece a una velocidad mucho mayor que la población. El sistema eléctrico nacional ya empieza a mostrar síntomas de cansancio. Por ejemplo, en sus contratos solicita a los grandes usuarios que acepten recortar su gasto en las horas pico de demanda, para no tener que reducir el abasto a los clientes residenciales.

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El problema se resume en que la electricidad no se almacena, de manera que hay que tener una cierta fuerza productiva de reserva para atender los cambios súbitos en el consumo. Ese margen se redujo en la última década, a pesar de los esfuerzos de inversión de la CFE, cuyos ingresos dependen por completo del presupuesto y de los límites de endeudamiento del gobierno. Es lógico, porque debido a su calidad de insumo estratégico, este bien no se considera un negocio por las leyes mexicanas, sino una obligación del Estado. ¿Y si fuera las dos cosas al mismo tiempo?

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Expansión consultó a expertos del sector electricidad para elaborar un pronóstico y diseñar una propuesta viable que, con suerte, no se atore en las discusiones del Congreso, el cual se dispone a analizar la necesaria reforma energética en el periodo ordinario de sesiones que iniciará en mayo.

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La buena noticia es que esta rama industrial puede llegar a ser negocio, al tiempo que cumple con el compromiso de llevar la electricidad a toda la población. En México hay cerca de 100,000 grandes usuarios corporativos que podrían acceder a un mercado abierto de este insumo. Permitir el acceso de generadores privados no tendría por qué traducirse en el largo plazo en un alza de tarifas. Al contrario. Como sucedió, por ejemplo, en el mercado de larga distancia, la combinación de competencia y uso de nuevas tecnologías se tradujo en una multiplicación de servicios y una baja en los precios. Al permitir que las grandes industrias obtengan su energía en un ámbito de libre competencia, también se liberaría capacidad de la CFE para atender a los pequeños y medianos usuarios. No hay que olvidar que se requerirá una regulación clara para que el gobierno provea energía suficiente y de calidad a la mayoría de la población, que seguiría siendo considerada como consumidora de un servicio público, tal como lo señala la Constitución.

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Ya quedó pendiente una reforma fiscal a fondo, que permita a Pemex tener más recursos para invertir en su desarrollo, en lugar de ser sólo la principal fuente de ingresos del Estado. Con la transformación energética, el Congreso de la Unión tiene una nueva oportunidad de sentar las bases para el desarrollo futuro del país. Ojalá que no necesite que venga el lobo para aprovecharla.

- –Los editores -

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