Aprovechar, pero ya, el mercado hispano

Aunque la sobrevaluación en el tipo de cambio resta competitividad a las empresas mexicanas, éstas
Alejandro Castillo

Debido a su cercanía geográfica y su importancia económica, Estados Unidos ocupa un lugar relevante en las relaciones de México con el exterior. Como consecuencia del Tratado de Libre Comercio (TLC), esas relaciones se volvieron más intensas, especialmente en materia de comercio e inversiones. Ahora, en el marco de una economía global que tiende a desarrollar bloques regionales, a México se le presenta el reto de explotar los vínculos que históricamente ha desarrollado con Estados Unidos.

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A raíz del TLC y la devaluación que sufrió el peso en diciembre de 1994, la balanza comercial de México con su vecino del norte ha mantenido un importante superávit. En estos años, ese saldo favorable le permitió a México compensar los déficit con otras regiones del mundo.

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Para evaluar la importancia que tiene Estados Unidos en el intercambio con México, vale decir que en 1997 captó $94,528 millones de dólares, 85.6% del total exportado por México. En cuanto a las importaciones, Estados Unidos vendió a México $82,181 millones, 74.8% del total.

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Además, las exportaciones enviadas a ese país crecieron a una tasa de 17.2%, una de las más altas. En términos absolutos, esa variación equivale a $13,857 millones de dólares, 96% del incremento observado en el total de las ventas al exterior. Esto significa que los fabricantes mexicanos siguen aprovechando las ventajas que ofrece exportar a Estados Unidos.

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En contrapartida, debido a la apreciación acumulada por el peso en los últimos meses, las importaciones provenientes de Estados Unidos crecieron a una tasa de 21%, con una variación absoluta de $14,553 millones de dólares. Como se observa, ese incremento en las importaciones, que representó 71% en el crecimiento del conjunto, ya fue deficitario para México. De hecho, como consecuencia de la sobrevaluación del peso el superávit con Estados Unidos cayó 5.3% con relación a 1996.

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El problema para la balanza comercial de México reside en que el país mantiene un saldo deficitario con otras regiones. De hecho, la participación de Estados Unidos en las importaciones baja porque existen otras regiones –Asia y Europa– que han aumentado sensiblemente sus ventas a México. Sin duda, en ese comportamiento influye la sobrevaluación que alcanza el peso con respecto al dólar y de esta divisa en relación con las monedas de los países competidores.

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Es interesante señalar que hasta 1997 el saldo comercial del país mostraba un equilibrio relativo –sólo se registró un déficit total de $623.6 millones de dólares– gracias a que se tuvo un superávit de $12,347 millones de dólares con Estados Unidos, el cual, junto con otros de menor importancia, compensó los déficit que se observaron con los países de la Unión Europea, que sumaron $5,359 millones de dólares, y con los países asiáticos, que ascendieron a $7,832 millones de dólares. De no ser porque todavía se mantiene un superávit con Estados Unidos, la balanza comercial habría reportado un fuerte déficit.

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UN LAZO EN LA RELACIÓN
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Para revertir ese deterioro comercial, México debe buscar otros caminos que le permitan aumentar sus exportaciones, incluso en condiciones de un tipo de cambio sobrevaluado. Para ello, podría explorar las posibilidades que ofrece la comunidad hispana de Estados Unidos.

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Como se dio a conocer en el ciclo de conferencias patrocinado por el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), “Acercamiento al mercado hispano de Estados Unidos”, en el vecino país existe una población de 30 millones de hispanos, de los cuales 63.6% son descendientes de mexicanos. Aunque provenientes de distintos países, los hispanos de Estados Unidos tienen lazos culturales comunes y se caracterizan por ser un grupo poblacional que crece a una tasa cinco veces mayor que la del resto de la población estadounidense.

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Casi 90% de dicho grupo se concentra en nueve estados, entre los que se encuentran los que son frontera con México –California, Arizona, Nuevo México y Texas, más Nueva York, Colorado, Florida, Illinois y Nueva Jersey–. Por otra parte, casi 50% de los hispanos vive en sólo siete ciudades: Los Angeles, Nueva York, Miami, San Francisco, Chicago, Houston y San Antonio.

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Aunque la enorme mayoría de los originarios de países de habla hispana fueron expulsados por la miseria, su capacidad de trabajo les permitió mejorar sus condiciones económicas y actualmente se estima que el mercado hispano de Estados Unidos tiene un poder de compra de $350,000 millones de dólares. Cabe señalar que se tienen censados más de 1.3 millones de negocios propiedad de latinos, con ventas anuales de $138,000 millones de dólares. Casi la mitad pertenece a empresarios de origen mexicano.

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También se dio a conocer en ese ciclo un estudio en el que se demuestra que los descendientes de mexicanos se caracterizan por preservar el gusto por lo típico de sus regiones y conservar costumbres y tradiciones.

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El encuentro, que fue organizado por la Fundación Solidaridad Mexicano Americana, contó con una asistencia superior a 100 compañías mexicanas y más de 70 empresarios de origen mexicano. La relación entre los participantes dio lugar a nuevas oportunidades de negocios.

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Sin duda, la existencia de esos vínculos propiciará la relación entre las empresas instaladas en el país y un importante segmento del mercado estadounidense. Eso no debe llevar a suponer que disminuirán los criterios de calidad y oportunidad que ya están implícitos en la mayoría de los intercambios con el exterior, pero sí facilitarán la comunicación y penetración de diseños, texturas y sabores característicos de lo mexicano.

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Como se ve, existen posibilidades que los empresarios mexicanos pueden explotar para incrementar sus ventas a Estados Unidos e incluso integrar operaciones en forma complementaria.

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