Aroma de crisis

Dependientes del precio internacional, los cafetaleros sobreviven a un magro decenio. El obstáculo
Juan Danell Sánchez

El calentamiento del mercado internacional del café produce un sudor frío en la espina dorsal de la cafeticultura nacional. De septiembre a la fecha el precio del grano ha sufrido altibajos que presagian una nueva crisis de grandes alcances. La cotización del saco de 100 libras ha oscilado entre $80 y $125 dólares, pero los productores temen que caiga incluso a $70 dólares.

- La volatilidad de los precios se produce en muchas ocasiones por una simple declaración de los cafeticultores de Brasil –el mayor productor mundial–, como cuando anunciaron que en el ciclo cafetalero 1999-2000 levantarían una cosecha superior a 40 millones de sacos: 62% más de lo que tradicionalmente produce. En diciembre pasado redujeron su previsión a 30 millones de sacos –debido a la intensa sequía en aquel país–, aunque, según la Organización Internacional del Café (OIC), la producción de esta cosecha es de 27’170,000.

- Los productores y exportadores mexicanos coinciden en que ese tipo de información es un detonante de los altibajos del precio del grano, que de por sí venía en picada desde el ciclo 1998-1999, cuando alcanzó a $120 dólares por saco, un precio alejado en 31.4% de los $175 dólares a que llegó en 1997-1998.

- En la presente temporada de corte de café, 1999-2000, que en México empieza en octubre, el valor comercial se desplomó a $80 dólares; cayó de golpe 55% de una cosecha a otra, explica Guillermo Escudero Robles, presidente de la Asociación Mexicana de Exportadores de Café (AMEC), para quien lo peor del caso es que no existe información confiable de la producción mundial. A fines de abril la libra se cotizaba en $99 dólares.

De calidad y deslealtad
Uno de los grandes problemas que traban el desarrollo de la cafeticultura nacional es que los productores no se han actualizdo como lo exigen los nuevos mercados globalizados, donde lo más importante es la calidad y la productividad a fin de tener mejores condiciones de competencia, afirma el también productor y torrefactor (tostador) de café de exportación. Con su léxico florido, Escudero asevera que a los industriales torrefactores sólo les interesa incrementar su cuota de ganancia y han perdido todo sentido de equilibrio entre la producción y la comercialización: “El mercado está de la chingada por la deslealtad que impera en él y eso está rompiendo los eslabones más importantes de la cadena productiva de este sector.” - El representante de los exportadores analiza las estrategias del mercado cafetalero y concluye que son extremadamente “irracionales, porque todos especulan: los productores, los comercializadores y los industriales”.

- No se trata de darse golpes de pecho ni de hacerse el mártir, dice el industrial, “de ninguna manera, pero la realidad es cabrona y no se puede ni debe ocultar: el poder y la riqueza de las grandes empresas como Nestlé se sustentan en el empobrecimiento de los productores.

- ”Mientras los precios fluctúan para los cafeticultores de acuerdo con la oferta y la demanda en el mercado internacional –y esto sucede todo el tiempo–, el precio al que venden los industriales sólo registra incrementos, jamás baja. Vaya, cuando el torrefactor compra muy barato el grano, no lo vende barato al consumidor final, pero sí pega de gritos cuando disminuyen los volúmenes de las cosechas y el mercado se encarece para él.”

- Sostiene: “La crisis que ya se deja sentir en el mercado mundial del café es una secuela del desorden provocado hace 10 años en la comercialización del tostado, cuando se suspendió definitivamente el sistema de cuotas de exportación establecido por la OIC, mediante el cual los países productores y consumidores fijaban cantidades específicas del grano que debía comercializarse, a fin de mantener un precio equilibrado.”

- El sistema de cuotas se vino abajo ante la posibilidad que vieron los países productores de ampliar el mercado con la anunciada caída del Muro de Berlín, pues le apostaron a que los países del ex bloque socialista serían importantes consumidores. Esto es algo que los propios cafeticultores aún no se perdonan, porque en aquellas fechas (1989) las naciones productoras habían acumulado en sus bodegas el equivalente a la mitad del volumen de la cosecha mundial, unos 50 millones de sacos, y se dejaron llevar por la ambición de un negocio que creyeron fácil, y lo único que lograron fue saturar el mercado, con el consecuente desplome del precio y provocando una crisis que duró cinco años. En el caso de México “tronó a un número indeterminado de productores medianos”, dice Escudero.

- El impacto de esta situación arrastró los precios internacionales del aromático a sus niveles históricos más bajos: $0.48 centavos de dólar por libra. Esa fue una lección muy dura para los productores y exportadores y, sin embargo, algunos dudan que muchos la hayan aprendido porque, como explica el dirigente de la AMEC, sólo unos cuantos cuidan la calidad del grano que producen y han elevado la productividad de sus fincas. La mayor parte del café mexicano que se exporta no cumple con la calidad internacional requerida, y por ello los compradores (industriales y tostadores) le imponen castigos muy severos en el precio.

- Para la AMEC ha sido dramático: en el ciclo 1998-1999 el valor de sus ventas cayó cerca de 30%, debido en gran medida a dichos castigos. En ese periodo (octubre 1998-agosto 1999), el monto de las exportaciones fue de $539.6 millones de dólares por el pago de 3.99 millones de sacos de café. En el ciclo anterior el volumen exportado fue similar, pero la captación de divisas había sido de $759.7 millones de dólares.

- La secuela de esto es que de 600 empresas que exportaban el aromático hace un lustro, en la actualidad quedan 100 y el número sigue bajando.

Acusaciones cruzadas
Pero, ¿dónde se origina ese problema de calidad? Porque, de acuerdo con el Consejo Mexicano del Café (CMC), el arómatico del país es reconocido como uno de los mejores del mundo, por contar con el clima y las variedades de cafetos necesarios para ello. La respuesta se puede sintetizar en que no hay un buen método de cosechar y beneficiar el grano. - Escudero lamenta que la mayor parte de los productores y exportadores nacionales no hagan nada por superar tal situación; “se limitan a ver la paja en el ojo ajeno y echarle la culpa de sus males al gobierno o a quien sea…, menos a reconocer su ineficiencia”.

- En cambio, Fernando Celis, asesor de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC) y también productor en el estado de Veracruz, atribuye la baja calidad a las presiones que tiene el cafeticultor: “Para el mediano y pequeño productor es prácticamente imposible cosechar y beneficiar adecuadamente su café, de acuerdo con los tiempos de maduración del grano, porque no cuenta con recursos financieros suficientes –dice–. Cuando se desploma el precio del grano, a los pequeños productores les sale más barato abandonar sus cafetales, dejar que se pierda la cosecha… porque cuando menos no tienen que endeudarse para pagar el corte”.

- Las crisis aniquilan el espíritu de la cafeticultura. Celis abunda: “En octubre, el precio internacional cayó hasta $0.80 centavos de dólar la libra, por lo que en las regiones productoras los intermediarios –acopiadores que después le venden a los grandes exportadores– estuvieron pagando a $1 peso el kilo de café, pero el productor tenía que pagar esa misma cantidad al cortador, además de darle de comer y un lugar donde vivir durante la temporada de cosecha. Entonces, ya no sólo no es negocio, sino que hay que pedir prestado para cubrir los gastos, además de que tampoco hay quien preste .”

- Comenta que eso obliga a gran parte de los productores a incorporar a su familia al trabajo de recolección; venden lo que alcanzan a cosechar, y lo demás lo dejan que se eche a perder.

- La CNOC agrupa a 85,000 productores de ese tipo, que forman parte del llamado sector social. En promedio, poseen huertos de entre cinco y 10 hectáreas y representan 30.3% de los 280,000 cafeticultores empadronados en el CMC.

- Para Celis las mieles del negocio mundial del café se quedan en la mesa de tres compañías torrefactoras y solubilizadoras: General Foods-Kraft, que acapara 31% del mercado mundial (100 millones de sacos de café anuales); Folger Coffee-Procter & Gamble, con 24%, y Nestlé, con 18%, mientras 27% se reparte en empresas menores.

- Afirma que en México la crisis es más dramática que en otros países por el aumento del valor del castigo al precio del café, la sobrevaluación del peso, la falta de créditos y la baja productividad por falta de inversión.

Mentalidad, costos y crédito
Roberto Giesemann, productor chiapaneco de tamaño medio y presidente de Cafés de Alta Calidad de México AC (Calicafé), asegura que es posible elevar la productividad, independientemente del tamaño del productor. “Lo que hace falta es mentalidad empresarial y dedicarse 100% a la cafeticultura.” - La competencia es cada día más peleada, por la presencia del café de Vietnam e Indonesia, o de Brasil, que aun cuando no son de alta calidad sus costos de producción son más bajos. “Cuando acudes al mercado con tu cosecha y pides un precio determinado, el comprador te dice que por un precio más bajo puede comprar un café casi de la misma calidad, y si quieres vender, porque tienes que vender, pues lo das al precio que te pagan… no hay de otra”, admite.

- En cuanto a los costos promedio en México, Giesemann los calcula en $0.85 dólares la libra, aunque es un grano de menor calidad sujeto a los castigos, justifica. Sin embargo, una finca de alto rendimiento tiene costos de $1 dólar la libra, incluyendo insumos, mano de obra y gastos financieros; con estos costos se produce un café de alta calidad, al que no se le aplican castigos en el mercado internacional y con el que se puede obtener un mejor precio.

- Tales costos son casi el doble que los de Brasil, Indonesia y Vietnam, y en parte se deben a que aquí  la cosecha se tiene que hacer en tiempo de lluvias, lo cual la dificulta y encarece en el pago de mano de obra. Además, el corte se hace en tres o cuatro pasadas, por la maduración escalonada del fruto, mientras que en Brasil, por ejemplo, lo hacen de una sola vez y en tiempo de secas, lo que resulta más fácil y barato.

- Estima que 70% de los costos en México son por pago de mano de obra, 10% insumos, 10% transporte y 10% en el beneficiado del grano. ¿Y el costo del financiamiento? El joven productor revira con otra pregunta “¿Cuál financiamiento? ¡Nadie quiere prestarle a los cafeticultores por la volatilidad de su mercado!” Pero quizá si fuera banquero –justifica– él tampoco daría crédito para un producto con precio tan inestable.

- Si es tan adversa la actividad ¿entonces por qué ser cafeticultor? La respuesta de Giesemann es concisa. “Primero, porque este cultivo es generacional, se lleva en la sangre. Segundo, porque en los lugares donde se practica o siembras café o no siembras nada, no son aptos para otro cultivo”. Los productores continúan en esta actividad porque tienen años buenos en que logran reponerse de las pérdidas de los años malos y porque cambiar de cultivo es prácticamente imposible.

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Una larga década
Sin embargo, Alfredo Moisés, presidente de la Confederación Mexicana de Productores de Café (CMPC), afirma que en los últimos 10 años les ha ido mal a los productores porque no ha habido un año lo suficientemente bueno para superar los efectos de la crisis de principio de la década. La CMPC está integrada por 6,000 productores que aportan  60% de los cinco millones de sacos que se producen anualmente en el país. - Considera que México está desperdiciando una excelente oportunidad de colocarse entre el primer y tercer lugar como productor del mercado mundial, toda vez que Colombia y Costa Rica, entre otros, dejaron caer sus niveles de calidad y, por tanto, abrieron espacios que podría ocupar el café mexicano. Pero, al final se vuelve a lo mismo: “Para cuidar más la calidad se requieren inversiones, financiamiento, apoyos del gobierno, y eso es precisamente lo que no hay.”

- En la actualidad, remata, los productores no tienen capacidad económica para crear un fondo de financiamiento, aunque quisieran, “porque el campo cafetalero, como el resto del sector agropecuario, está descapitalizado”.

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