Arte + Negocio

Sotheby&#39s y Christie&#39s levantan millones con obras mexicanas. En México las cifras son menore
Ricardo M. García

Hace algunos años, un novel coleccionista mexicano llegó a una galería en Nueva York, la Marian Goodman –prestigiada por promover a artistas de todo el mundo, en especial fuera del espectro eurocentrista–, y se interesó por la fotografía ‘De techo a techo’ de un tal G. Orozco. El comprador contaba con muchos ceros en su chequera, y la quería para su incipiente colección. El valor a la que se tasaba esa obra era de unos miles de dólares, pero a él no le importó ni siquiera si el autor, tal como le sonaba su nombre, pudiera ser español, portugués, o brasileño. Finalmente se enteró que era mexicano. Se decepcionó. “Si es de un mexicano –pensó– no puede valer tanto dinero…” y abandonó la galería. Actualmente la obra de ese clásico contemporáneo valdría cientos de miles de dólares.

- Bajo este tipo de anécdotas sigue inmerso uno de los sectores emergentes de México con mucho potencial económico y que hoy es movilizado por casi 200 salones de exhibición y galerías. Como mercado joven, todavía no hay cifras oficiales, existen canales informales de venta y compra, y hay varias dificultades que todavía deben sortear artistas, galeristas, coleccionistas y corredores independientes del país.

- Uno de los escasos artistas jóvenes y con demanda mexicana es Javier Marín. Marín la sufre tanto como otros artistas jóvenes en México. “Yo sigo trabajando con las manos… algo que parece ya no importar ahora; se niega el objeto, la escuela, la tradición”, dice. Mientras en México el mercado todavía tarda en arrancar, Marín ha llegado a vender su obra en Nueva York por 22,000 dólares. Sean clásicos, tradicionales o alternativos, la tendencia que en la actualidad se vive en los centros mundiales del arte es otra y parece que tardará todavía un tiempo más en tocar tierras mexicanas.

- El departamento de Arte Latinoamericano de la casa de subastas Sotheby’s existe desde hace 26 años. Sólo en mayo pasado, esa empresa neoyorquina se alzó con 12.8 millones de dólares en subastas de arte latinoamericano. En apenas un mes lograron vender casi 12% de lo que esa empresa ha vendido en el último lustro (2000-2005), el mayor negocio de una casa de subasta en ese periodo.

- Christie’s, por su parte, llegó a los 75.7 millones también en el arte latinoamericano. Cuánto falta para que algunos de estos millones vengan por las obras mexicanas dentro de México, es la pregunta que se hacen muchos. Pero, aunque incipiente, el mercado está vivo.

- Clásicamente caro
El gusto por el arte existe desde hace décadas y décadas en México. Antes de los 90 ya había un canal para comprar arte, una de las galerías más antiguas es la Galería de Arte Mexicano, fundada en la década del los 30. Hoy operan 40 en el DF y otras dos en Guadalajara y Monterrey, además de los corredores de arte y casi 200 salones de exhibición de todo tipo.

- Pero eso todavía es poco comparado con las 4,000 galerías registradas en Nueva York y, además, el segmento promedio de los compradores sigue más interesado por los formatos convencionales del arte (más que en nuevos talentos) como Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Alfredo Zalce o Vicente Gandía.

- Quienes buscan estos canales tradicionales tienen dos pulsiones: se sienten atraídos por la firma o el estilo, de manera decorativa (no la obra en sí misma), o aquellos, la minoría, que quiere sumar piezas a sus colecciones importantes como Patrick Charpenell en Guadalajara; Ramis Barquet en Monterrey; Eugenio López de Jumex, Rodrigo Rivero Lake, y hasta Carlos Slim en el DF.

- Susana Zapata, corredora de arte desde hace 19 años, se especializa en ese tipo de público que busca a los mexicanos de los años 50, de la post-Revolución. A los 25, en su primer venta de cuadros de Joy Laville, se dio cuenta de su facilidad de relacionar personas y pintura. Después de ese surgimiento, vende clásicos por 20,000 a 150,000 pesos, según su última subasta de noviembre en la empresa mexicana Louis C. Morton.

- Fuera de México, obras de los Grandes Maestros Contemporáneos como Francisco Toledo, rebasan esas cifras en hasta 30,000 dólares. Su profesión es de paciencia y minuciosidad. “Trabajo bajo una petición concreta y busco quién puede tener el cuadro; por eso a veces, cinco cuadros encuentran a su dueño en un mes, en otros no se vende uno solo”, describe Zapata.

- Como ella, otros corredores sudan para vender arte dentro de México. ¿Por qué? Como en otros sectores económicos, los impuestos son una carga enorme. “En ocasiones rebasa 110% del valor original de la obra”, agrega el anticuario Rodrigo Rivero Lake, al pagar impuestos por unas piezas que le compraron en el extranjero.

- La consecuencia: el coleccionismo se convierte en una actividad minoritaria, el consumo del arte un lujo para muy pocos privilegiados y el arte mexicano se vende más fuera que dentro de México.

- En otros países, el arte es una inversión para muchos como aquí lo es comprar un inmueble. Los fondos de inversión especializados en arte existen en Europa desde hace casi una década, la mayoría enfocados en el arte del último siglo en formato tradicional (pintura y escultura moderna y contemporánea) porque ofrecen más posibilidades de revalorización y de lograr liquidez.

- El pionero fue el DG Bank (Luxemburgo) que constituyó el Global Art Fund en 1997 y ha alcanzado una rentabilidad media de 6.6%. Pero aún son pocos los que una vez hecha la ‘convocatoria’ han alcanzado el patrimonio mínimo para constituirse y llegar a comprar obra. Simplemente, “en México no existen fondos de inversión de arte con estas características porque no hay incentivos fiscales”, señala Pablo del Val desde España, antiguo director de Expoarte Guadalajara y actual director de asesoramiento financiero en arte de Untitled-Art Consulting.

- Ellos bailan solos
La caída de la Bolsa de Valores en Nueva York, en 1994, paradójicamente ayudó al arte mexicano. Los coleccionistas extranjeros pudieron adquirir obras de arte a precios irrisorios y, así, comenzó una revolución silenciosa del arte contemporáneo. Los artistas jóvenes se desvivían por mostrar sus combinaciones tan extrañas como un acto teatral con obras plásticas (perfomances-instalaciones), fotografías, pinturas, videos y hasta esculturas-intervenciones (obras plásticas montadas en un edificio o recinto que le dan un nuevo significado a la construcción). Lo hacían en sedes alternativas a las instalaciones convencionales del DF (como La Panadería, Art&Idea, Art Deposit, Caja Dos) o en ferias como la ex Expoarte de Guadalajara que operó hasta 1998. A esto se sumaba la falta de espacios de organismos gubernamentales como la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), la ausencia de promoción y la existencia de un mercado que no entendía esas manifestaciones artísticas.

- Los creadores debieron encontrar su propio camino. Y no les fue nada mal. En esa búsqueda de alternativas llegaron a exhibir hasta en casas y locales privados, encontraron un eco en otros países a través del intercambio becado (por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes o las fundaciones Guggenheim o Rockefeller y la Asociación Francesa de Acción Artística) y hasta pagaron de su propio bolsillo para exponer en el extranjero.

- Lo demás vino de manera natural: los curadores internacionales comenzaron a interesarse por la escena mexicana. Y seducidos por obras novedosas y asequibles, comenzaron a viajar a México para comprar arte joven y fueron posicionándolo en el mercado internacional.

- Por ese circuito alternativo pasaron varios de los que hoy son artistas reconocidos en las galerías más importantes. Javier Marín, por ejemplo, que en sus inicios no se fiaba demasiado del arte como medio de vida, hoy tiene sus obras como parte de colecciones de los museos Carrillo Gil, el de Arte Moderno y el de Bellas Artes.

- Pero mientras estudiaba en la Academia de San Carlos (la escuela de artes por excelencia de la UNAM) hacía trabajos de diseño. Recién graduado hizo su primera exposición en 1983 en una pequeña galería y vendió todas sus esculturas a 600 pesos promedio cada una, una ganga comparado con los 22,000 dólares a los que se vendió en 2003 su obra ‘Mujer Piedra 2’ durante una subasta de Southeby’s.

- Pedro Reyes, uno de los escultores de esa generación que hasta creó su propia espacio de arte, comenzó a los 23 surcando un camino similar. “Nunca pensé que la comercialización del arte en espacios alternativos ocurriría tan rápido; el estar en un contexto del arte más libre y fuera de las convenciones me conectó con artistas de todo el orbe: desde Japón hasta Alemania”, explica.

- Reyes tiene su propio taller, una especie de estudio de arquitectura que en lugar de maquetas de construcción está rodeado de muebles de formas extrañas, mapas con cálculos matemáticos y prototipos a pequeña escala de sus esculturas. En el léxico artístico sus piezas son una mezcla de escultura e instalación: ‘Floating Piramyd’ es una pirámide que flota en el mar y se puede habitar temporalmente, o ‘Zik Zak’, una intervención en la ciudad alemana de Braunschweig, en la que diseñó una torre para su puerto (una reinterpretación de las Torres de Satélite en el DF, de Luis Barragán). Una de sus primeras esculturas valía 7,000 dólares, casi el doble de lo que usualmente podía cobrar un artista emergente, pero 300% más barato que el precio actual. “Corrí con suerte porque mis obras eran de gran tamaño, y quien las comprara debía tener suficiente espacio y poder adquisitivo”.

- Veo luego compro
Promover, promover, promover fue la clave en los inicios de este siglo. 2000 fue el año del clímax, luego del auge del arte contemporáneo mexicano. Lo complicado era prolongar el mayor tiempo posible ese ritmo y, para eso, había que promocionarlo continuamente. Por esas fechas, la colección de arte Jumex, propiedad de Eugenio López, se preparaba para presentarse de manera formal, con la curaduría de Patricia Martín. En paralelo, los espacios independientes consolidaban un circuito de exhibición y venta en el extranjero internacional. Con esa idea en mente, José Kuri y Mónica Manzutto regresaron a México luego de haber vivido por un tiempo en Nueva York, una presa difícil de domar para quienes inician, debido a la saturación de ideas, corrientes y competencia. En México, en cambio, encontraron un mercado en pañales y muchas posibilidades por explotar para los artistas en los que nadie se había interesado.

- En colaboración con Gabriel Orozco, fundaron la Galería Kurimanzutto que ha servido para catapultar internacionalmente a varios artistas desconocidos. “Más que preocuparme por exhibir a exponentes contemporáneos en espacios restringidos, decidimos promover fuera de México a un pull de artistas que no tenían cabida en las galerías comerciales”, relata José Kuri, entre llamadas y faxes, bastidores, pinturas y gente en un movimiento sin fin.

- Hoy, creaciones como las de Orozco, Gabriel Kuri, Miguel Calderón, Carlos Amorales y Damián Ortega se cotizan como luminarias en el extranjero. Hasta que el mercado de arte contemporáneo mexicano explotó, la pareja de galeristas compraba o vendía obras en unos módicos 1,000 dólares.

- Luego, 95% de su producción comenzó a venderse a coleccionistas y museos extranjeros como el Pompidou, en Francia y el MET, en Nueva York. “Ahora la galería gana en un mes lo que antes ganaba en un año”, comenta Kuri. Esa legitimidad ha provocado que las obras que ahora promueve Kurimanzutto se valoren a más de 60% de su valor original.

- Algunos casos incluso han superado esa cifra: un cuadro de Carlos Amorales se acaba de subastar en 19,500 dólares en Christie’s, muy lejos de los cientos de dólares de valor inicial; ‘Caballos que corren sin fin’, de Gabriel Orozco, tasado por esa casa de subastas en 20,000 dólares finalmente se subastó en 200,000 dólares. No por nada el libro International Art Galleries de la editorial alemana Dumont incluye a Kurimanzutto como una de las 75 galerías más influyentes, y la única mexicana de la lista.

- Otro eje fundamental para la promoción del arte mexicano lo constituye la feria México Arte Contemporáneo (MACO) que organizan Zélika García y Enrique Rubio. MACO abrió sus puertas en 2004 con un comité de selección internacional en el jurado, que avalaron las 43 galerías participantes: Luis Adelantado, de Valencia; Mario Brandao, de Portugal; OMR, de México; Art&Partener, de Alemania, y Michelle Macarrone, de Nueva York.

- Compradores, coleccionistas y aficionados fueron tan demandantes que la edición de este año sumó a una decena de galerías adicionales y sumarán otra más para la edición 2006 (febrero) para llegar a las 60. “La gente compra, las galerías saben que en México se vende y tratan de regresar o aplicar su solicitud por primera vez”, comenta García.

- En las dos ediciones de la feria ninguna galería se ha quedado sin vender. Pero “es muy difícil saber con exactitud los números de venta de una feria así; cada galería reporta la cantidad de piezas que vendió o simplemente un comentario como ‘nos fue bien’”, apunta la promotora. De todos modos, la ecuación que hacen les debe resultar favorable, pues están dispuestos a pagar rentas de 3,400 dólares a 12,250 dólares por 20 a 80 metros cuadrados de espacios para exhibirlas.

- Son obras que, en la sala principal de la feria –las de galerías reconocidas—, van de los 20,000 dólares a 50,000 dólares, y, las de galerías emergentes, van de los 5,000 a los 20,000; cotizaciones que, apunta García, siguen los valores del mercado de los coleccionistas nacionales.

- En otras partes del mundo como la Feria de Suiza o la Bienal de Venecia, las obras más baratas se venden a 150,000 y las más caras inician en el millón de dólares. Algunas obras internacionales como las de Thomas Glasford, Santiago Sierra o Steffan Brügueman funcionan como anzuelo en las ferias de MACO; eso les genera un valor adicional a las obras de nuevos valores mexicanos o aquellas que están camino a la consagración. “Creemos que la gente está lista –agrega García, de MACO– para apostar con mayor firmeza por el arte mexicano”.

- Este panorama predice un futuro prometedor pero complejo, sobre todo, para los creadores contemporáneos. Los organismos como el INBA o la sep, a cargo de los museos de este país, no cuentan con un programa de adquisiciones desde la década de los 50.

- En los próximos 20 años, un museo de arte mexicano podría no contar con una obra de los equivalentes de Rivera, Khalo, Siqueiros o Toledo, ya que estarán en otros latitudes o en colecciones privadas. Con eso, algunos temen que la apreciación y valoración de la memoria artística del país se pierda, sumado a que la falta de incentivos complican la inversión para convertir del arte un negocio.

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- Pese a todo, ayudados por el auge del arte latinoamericano, el mexicano continúa al alza en el extranjero y los artistas, sus promotores, las galerías con contacto internacional siguen encontrando beneficios, aunque con arduo trabajo.

- Habrá que esperar que el mercado interno se active, que se creen incentivos fiscales y que los artistas encuentren una justa valoración en el ámbito que los vio nacer.

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