Así dirigen ellas

Hay quienes sostienen que las mujeres ejercen un estilo de liderar distinto al masculino; creencia q
Gabriela Ruiz

Seis de la mañana: hora de comenzar el día para Lizbeth Hasfield, gerente general de Mastercard Internacional en México. “Tengo dos hijos y los llevo a la escuela antes de ir al trabajo. Si no tengo junta llego a la oficina a las nueve, pero como somos una empresa global, puede haber conferencias. Esto implica levantarme a las cinco.” La ejecutiva trata de salir del trabajo a las ocho de la noche, pero no siempre lo consigue. Intenta comer con sus hijos por lo menos dos o tres veces a la semana, lo que aumenta la presión del tiempo.

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Hasfield enfatiza la importancia tanto de su trabajo como de tener una buena relación con sus hijos. En su condición de divorciada, contrata los servicios de un conductor para que puedan tomar clases de baile, futbol, etcétera. “No tengo tiempo de llevarlos y no quería limitarlos. El chofer los lleva a cosas rutinarias; a eventos especiales, como algún festival en la escuela, los llevo yo sea lo que sea.” Esta mujer personifica a la ejecutiva que tiene que administrar el tiempo entre su trabajo y familia, fenómeno que promete cobrar auge.

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Al llevar la batuta tanto en el ámbito empresarial, como en el familiar y el social simultáneamente, la gerente general de Mastercard aporta a su trabajo profesional una capacidad de operar en múltiples canales.

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“Hoy en día, con la velocidad con que se mueven las compañías y los temas que tienes que ver, eso es una gran ventaja para la mujer”, dice Bárbara Mair, directora del área de PCs en Hewlett-Packard.

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El ser madre, Hasfield explica, implica cierta sensibilidad a flor de piel, lo que se traduce en una alta capacidad de manejar las relaciones humanas que caracteriza a las mujeres. Amelia Quelas, directora general de Detroit Diesel-Allison de México, afirma que esa cualidad consiste en “el hecho de estar en una reunión, poder abstraerte y empezar a analizar factores humanos que están afectando la reacción de cada una de las personas que están en la mesa.”

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“La mujer se sienta a hablar más con la gente con quien trabaja y eso crea más lealtad”, asegura María Asunción Aramburuzabala, de Tresalia Capital.

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Aunque la capacidad, la inteligencia y el ejercicio del poder son asexuados, académicas, empresarias y ejecutivas coinciden en que hay algunos rasgos que caracterizan el estilo femenino de gestión. Por décadas la participación de la mujer en la dirección de las corporaciones fue escueta. Las oportunidades se daban en puestos que no tenían impacto en el desempeño de la organización. Esta tendencia está cambiando para dar paso al liderazgo femenino.

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¿Diferencias?
Cabe señalar que hay quien no está de acuerdo con la idea de que existan estilos genéricos de dirigir. “Hay elementos que requieres para triunfar. No importa si eres hombre o mujer. Si no los pones en la práctica, no vas a obtener tus resultados”, dice Aliza Chelminsky, titular de Vinculación para la Transparencia en Secodam. Más que ser cuestión de género se trata de intelecto y capacidad de ejecutar, coincide Micha Jacobson, directora general de GE Polymerland. “Lo único que te puedo decir es que en mi oficina siempre hay flores y cuando voy a trabajar voy con la falda muy bien puesta. Por lo demás no veo formas diferentes”, asevera Angélica Fuentes, directora general de la empresa transportadora y distribuidora de energía Grupo Imperial.

Sin embargo, la mayoría de las personas consultadas difieren con este punto de vista. Más que ser una cuestión de opinión, el estilo de administrar femenino se ha convertido en un campo de estudio sobre el que se han realizado diversas investigaciones.

Norma Carr-Ruffino tiene más de 20 años de carrera como catedrática en administración de empresas en la Universidad de San Francisco. Autora del título Mujer de empresa, comentó a Expansión que hombres y mujeres conjugan elementos de ambos géneros. “Mi opinión está basada en la experiencia y en las investigaciones que he conducido. De ahí he concluido que hay una diferencia definitiva entre los estilos de gestionar masculino y femenino. Como seres humanos somos iguales, pero las mujeres le damos más importancia a las relaciones entre personas”, explica.

Camelia Romero, coordinadora de la Unidad de Documentación del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer en el Colegio de México, coincide con su colega. “Cuando se entra a un ámbito laboral, cualquier persona, al margen de su sexo, entra a la competencia. Sin embargo, hay una calidez que viene de la carga personal en las mujeres. Esto permite tener una relación más comprensiva, a diferencia de un vínculo entre hombres. Es un error considerar que no hay diferencias”, opina.

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Mano de hierro en guante de terciopelo
Las mismas directivas apuntan tales diferencias. Cecilia Durán Mena, directora general y socia de Duxy Autotiendas, señala que las líderes tienen mayor sensibilidad y que manejan las cosas de una manera más cálida. Aunque dice conocer lo que denomina sargentas, para ella es muy importante trabajar en un equipo unido y motivado con un estilo más suave, la misma eficacia y menos tensión.

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Este es uno de los puntos torales de la investigación de Carr-Ruffino. La autora estadounidense propone que las directivas tienden a ser más democráticas y que disfrutan compartiendo el poder. “La prioridad para las mujeres es estar conectadas con los demás, mientras que para el hombre lo principal es ganar y mantener el estatus. El género masculino es más respetuoso de las jerarquías y la superioridad”, agrega.

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“El hecho de ser maternal y cálida no se traduce en un problema para el liderazgo femenino.” Por el contrario, Romero señala que las mujeres tienden a ser más responsables en el ámbito laboral. “En la medida que nos cuesta más trabajo [ingresar a las actividades económicas formales], tenemos más cuidado con lo que estamos haciendo.”

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El estilo de dirección femenino no es mejor ni peor, sino que complementa al estilo masculino, según Leticia Narváez, presidenta de la Asociación Mexicana de Mujeres Ejecutivas (AMME). “Nosotras pensamos mucho antes de tomar una decisión y eso a veces no funciona. En cambio los varones se arriesgan más y toman decisiones más rápido”, indica.

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Por otra parte es vital evitar caer en los estereotipos que obstaculizan la instrumentación de mejores prácticas. Uno de los tabúes que aqueja a las directivas es la creencia de que la sensibilidad y calidez son signos de debilidad. “Se puede ser muy femenina y ser dura cuando se requiere tomar una decisión o llevar a cabo una acción. Hay que saber decir ‘no’ y actuar con la firmeza que esperan los subalternos”, observa Carr-Ruffino.

Existe también el mito de que las mujeres no pueden trabajar entre ellas y que compiten todo el tiempo. Esta creencia es falsa según Romero. El tratar de manejarse como hombre con faldas –al estilo de Margaret Thatcher– tampoco es la solución, coinciden la autora estadounidense y Romero. “Muchas mujeres abandonaron la parte femenina para poder incursionar en espacios que sólo ocupaban hombres”, destaca esta última. En la medida en que aumente la participación femenina en la alta dirección esto irá disminuyendo.

Los atributos femeninos antes mencionados pueden irritar a algunas profesionales, que sostienen que no hay diferencias de género sino de estilo. “Les molesta porque en algún momento se han utilizado estas características para impedir que sigan escalando la cima corporativa. La sensibilidad se ha usado en contra suya. Saben que la calidez equivale para muchos a ser suaves, pasivas e indecisas, incapaces de liderar; lo cual no es cierto”, agrega Carr-Ruffino.

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Abajo los mitos
Lleva tiempo romper falsedades, pero ya se están estableciendo una serie de mecanismos para documentar con datos duros las tendencias de la alta dirección femenina. Hace tres años se fundó la AMME que elabora, en conjunto con el Instituto Mora, una investigación sobre mujeres ejecutivas en México. El principal objetivo del organismo es promover que las mujeres tengan mayores posibilidades dentro de la empresa. El estudio dará a conocer la situación actual de esta problemática en México.

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“Si una vez terminada la investigación nos damos cuenta de que ganan menos que sus contrapartes masculinas, por ejemplo, vamos a llevar los resultados con senadores y diputados para que se haga algo al respecto”, añade Narváez. Es importante que haya cohesión en tales esfuerzos para que la dirección femenina siga proliferando. No se trata de ovacionar al género, sino de formalizar más su participación.

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Carr-Ruffino asegura que en la medida en que se sume a la fuerza laboral gente más preparada e independiente, el estilo femenino va a proliferar. Dice que los jóvenes profesionistas son más autónomos, les gusta tomar iniciativa. No les atrae el estilo autócrata o dictatorial, no requieren que alguien les diga cómo hacer las cosas. La flexibilidad y democracia femenina encajan bien en esta forma de trabajar.

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Aunque la manera de dirigir difiere según el género, el resultado final no varía. “El estilo es distinto, pero las decisiones son las mismas. Respecto a un negocio, la decisión finalmente acaba siendo financiera,”, asegura Aramburuzabala.

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