Aviso oportuno

Las altas ventas de autos nuevos golpean el mercado de usados: hay sobreoferta y precios bajos. Pero
Zacarías Ramírez

Una escena que enorgullece a quienes migran a Estados Unidos, aparecer fotografiados al lado de su primer auto, será común en unos años en México, si como se espera el mercado de vehículos usados logra organizarse de modo similar al del vecino país.

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Hay indicios que apuntan a un cambio. El auge en las ventas de unidades nuevas, gracias al financiamiento, reduce los precios de los vehículos de segunda mano en una tercera parte, a un ritmo de 3% a 5% por bimestre. Los lotes están inundados de autos y desiertos de compradores, acepta el presidente de la Asociación Nacional de Comerciantes de Automóviles y Camiones nuevos y usados (ANCA), Carlos Gómez, y lo mismo ocurre en los patios de seminuevos de las agencias y los tianguis informales.

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Se calcula que seis de cada 10 autos nuevos se adquieren a crédito, y de éstos 70% son financiados por filiales de las automotrices, entre las que destacan General Motors Acceptance Corporation (GMAC) y Ford Credit.

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Conforme la competencia se endurece, sobre todo en los segmentos de compactos y subcompactos, los esquemas de financiamiento se flexibilizan, incluso en renglones cruciales como enganche, mensualidades e intereses. El resultado: proyectadas a un año, las ventas registradas hasta ahora prometen superar en 2002 la barrera del millón de unidades. Más personas con ingreso limitado pueden comprar un coche nuevo, y eso incluye a clientes de usados. El incremento de consumidores es ineludible: por cada auto nuevo debieran venderse dos usados, dictan las estadísticas.

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Eso en teoría. Lo cierto es que los clientes no llegan a los lotes de usados, y que la caída de las ventas en los últimos tres años se calcula en 70%. La baja de los precios es muy reciente y la gente aún no se percata de ello, dice Gómez; entre los compradores de segunda mano, explica, figuran personas que han estado en el buró de crédito o que no tienen manera de comprobar sus ingresos. Una situación de desastre: han desaparecido 18% de los agremiados a la ANCA (quedan 450 negocios) y las ventas siguen descendiendo. “El mercado ya cambió –acepta–. Yo mismo he perdido dinero.”

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Lo irónico es que si hay un momento en que puede gestarse un verdadero mercado de usados es este. Otorgar créditos para adquirir tales vehículos haría despegar las ventas. Sólo que quienes están en posición de otorgarlos ven en este un mercado contaminado por fraudes y coyotaje.

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Aunque, según Gómez, ya hay algunas manos levantadas. Menciona a Nafin, Afirme y GMAC, así como la posibilidad de que la ANCA forme una unión de crédito.

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Podrían surgir otros jugadores. Las concesionarias necesitan contrarrestar el declive en los márgenes. “Antes la totalidad de la operación se sustentaba en la venta de nuevos –dice Eduardo Berlanga, presidente de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA)–. Ahora hay que incorporar la posventa, servicios financieros y los autos seminuevos si queremos ser rentables.” Firmas financieras de las automotrices ya promueven créditos para estos últimos entre sus distribuidores.

-Un escollo es bajar los precios a niveles similares a los de mercados desarrollados –especialmente el estadounidense, del que se podrán importar vehículos usados sin pagar aranceles a partir de 2009, de acuerdo con el calendario del TLC–. Los vendedores culpan a los impuestos por los altos precios, aunque la ley de oferta y demanda también juega su papel. Un auto con un valor de 100, por ejemplo, era comprado en los lotes de usados en 80 y vendido en 90. Hoy ese mismo vehículo es adquirido en 65 y revendido en 75.

-En tanto estos factores no se ajusten, los autos seguirán siendo trofeos.

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