¡Ay!, las &#34relaciones impropias&#34

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El señor Clinton convirtió la frase “relaciones impropias” en algo -obsceno de lo cual los hijos no deben hablar delante de los padres (a menos que -los padres sean supervisados por un adulto responsable), ni los maestros delante -de los alumnos, ni los periodistas honorables tratar en sus artículos.

- El problema es que se trata de un asunto público y que las mentadas “relaciones -impropias” (Clinton dixit) se verificaron al decir del susodicho entre él, -Presidente de Estados Unidos, y una joven entrada en carnes y relativamente -agraciada (en estas cuestiones, la relatividad es la regla, ¿Mónica Lewinsky -es “fellullita” comparada con quién?), todo lo cual hace inevitable -referirse al asunto. Esto sí, mediando una cuidadosa asesoría por parte de un -adulto responsable.

- No me lo van a creer pero el único “adulto responsable” que encontré -disponible (los demás estaban discutiendo sobre el Fobaproa, el pacto de -gobernabilidad para el año 2000 y la crisis financiera mundial), fue el Gordo -Basurto.

- El Gordo coincide en que el señor Clinton retorció el lenguaje a extremos -inusitados con la frasecita de las “relaciones impropias”. Según mi adulto -asesor hablar de ese modo es tan obsceno como decirle sexoservidoras a las -furcias o prostitutas.

- En descargo del señor Clinton, el Gordo me explica que los políticos de hoy -y de ayer suelen incurrir en la fiebre de los eufemismos cada vez que se topan -con cuestiones que los pueden llevar a la destitución, a la cárcel o a la -pérdida de popularidad.

- Para ilustrar que cada político tiene su peculiar manera de matar las pulgas -o de acuñar fórmulas eufemísticas, el Gordo imagina algunos ejemplos: ¿Qué -harían otros connotados políticos en un trance similar, enfrentados a confesar -públicamente un asunto de “relaciones impropias”?

- Algunos, como el señor Labastida, es probable que convocaran a una consulta -nacional sobre el tema. Si el asunto de la pena de muerte para los delincuentes -incorregibles y sanguinarios es materia para una consulta nacional, ¿por qué -no habría de serlo el asunto de las “relaciones impropias”?

- Claro, para hacer esa consulta tal vez podría solicitar los servicios del -habilidoso científico social tabasqueño López Obrador. Si lo que se desea es -que la consulta sea favorable al político en trance de relaciones impropias (es -decir, Clinton) las preguntas al público serían formuladas en este tenor: “¿Considera -usted incorrecto que el Presidente de Estados Unidos manifieste su virilidad y -hombría y conviva alegremente con los empleados de la Casa Blanca, -motivándolos a dedicar horas adicionales al servicio de su país?”. Por el -contrario, si lo que se busca es guillotinar, metafóricamente hablando desde -luego, al señor Clinton, la pregunta sería: “¿Considera correcto que el -Presidente Clinton abuse de su cargo y de su mayor edad para orillar a -jovencitas candorosas mediante argucias inconfesables a cometer acciones -inmorales, en horas de oficina y pagado con nuestros impuestos?”.

- Ahora imaginemos al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Su respuesta ante las -“relaciones impropias” sería magistral: “No estoy informado del asunto”, -o “vamos a revisarlo”, “ahorita no, no doy entrevistas de banqueta”. Por -su parte, don Manuel Bartlett atribuiría el asunto de las “relaciones -impropias” a la “reacción” y a las consabidas estratagemas de los -panistas. Explicaría de paso que para eso, justamente, para evitar las “relaciones -impropias” están los “candados” que sabiamente las bases priístas han -ideado con el fin de cerrar el paso...

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- Mientras tanto, don Vicente Fox no se andaría por las ramas: “Dénme 15 -minutos con Mónica Lewinsky y arreglo ese problema”...

- El autor es colaborador de TV Azteca y El Economista.

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