Bank of Montreal <br>Con la flor más re

Este banco canadiense ha basado su principal apuesta internacional en explotar las oportunidades que

“Si podemos ayudar en la capitalización del banco, avísanos”. Jeffrey Chisholm, vicepresidente del consejo de administración de Bank of Montreal, sabía que una frase así, a pesar de que fuera dicha a modo de comentario rápido, no podía sonar a hueco en los oídos de Ricardo Guajardo Touché, director general de Grupo Financiero Bancomer (GFB).

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Era enero de 1995. La tremenda devaluación del peso y el desequilibrio en la balanza de pagos ya dejaban claro el calibre de la crisis económica que se cernía sobre el país, mientras los dos directivos se encontraban tomando una copa amistosa en Toronto, la capital financiera de Canadá.

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A los dos meses, Chisholm recibió una llamada telefónica de Guajardo, preguntándole si todavía se mantenía aquella propuesta. “Naturalmente, le dije que sí y fue de este modo como se empezaron a negociar los términos de la participación accionaria.” Así, un año después, Bank of Montreal inyectó $460 millones de dólares estadounidenses en la institución mexicana a cambio de 16% de las acciones, con lo que se aseguraban ocho asientos en el consejo de administración.

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Desde 1988, Bancomer y Bank of Montreal llevaban funcionando como bancos corresponsales y, a partir de la privatización de la entidad mexicana en 1990, ambas instituciones habían tratado siempre de incrementar su colaboración mutua, razón por la cual los órganos directivos de los dos bancos mantuvieron relaciones cada vez más estrechas.

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En 1992, con la firma del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, para Bank of Montreal cobraba mucho sentido buscarse un socio mexicano con el cual desarrollar un mayor ámbito de cooperación. Por su filosofía, no trataba de adueñarse de ninguna entidad en el país, sino establecer una asociación. “Para hacer banca local, ya sea en Estados Unidos o México, sólo lo podemos hacer a través de alianzas. Si gestionáramos las entidades de forma directa, no tendríamos la sensibilidad del mercado. Preferimos encontrar un socio para aprender de él y que él aprenda de nosotros”, explica Matthew Barrett, presidente y Chief Executive Officer (CEO) de Bank of Montreal.

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EN BANDEJA DE PLATA
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Al igual que para otros grupos extranjeros, la devaluación y posterior crisis del sector bancario pusieron en bandeja de plata la oportunidad de hacerse rápidamente de un socio en México. ¿Y qué mejor que hacerlo con aquella entidad con la que ya habían entablado contactos desde largo tiempo atrás?

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“La asociación con Bancomer se hubiera dado, a lo mejor con un -precio y unos tiempos distintos, pero hubiera llegado”, dice Michel Maila, vicepresidente ejecutivo para México y América Latina. Las principales condiciones que impuso Bank of Montreal para la capitalización del banco mexicano fueron tres: la realización de una auditoría de los estados contables, el compromiso para el desarrollo de proyectos futuros en común y, finalmente, que se contara con el apoyo del Gobierno Federal. Esta tercera meta se logró cuando el gobierno aceptó que la entidad canadiense intercambiara los bonos Brady que poseía de la renegociación de la deuda externa por participación accionaria en Bancomer.

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La negociación con Bancomer duró 14 meses. “Fue muy fácil porque tenemos unos valores y una visión de negocio muy compatibles”, dice Chisholm. Según él, no se encontró “nada fuera de lo ordinario” en las cuentas del banco.

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“No hubo ningún problema para asociarnos –dice a su vez Barrett–. El mayor tiempo lo gastamos pensando en la alianza estratégica y cómo estructurar las relaciones para compartir experiencia, conocimiento, tecnología, mercado y clientes. Está funcionando maravillosamente.”

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¿Qué quién es Bank of Montreal? Se trata de una de las 10 instituciones crediticias más grandes en Norteamérica, con $150,000 millones de dólares en activos, 6.2 millones de clientes en Canadá a los que da servicio a través de una red de 1,060 sucursales. Se trata del segundo banco privado más grande de Canadá (después de CIBC) y su filial, Nesbitt Burns, es el principal banco de inversión en su país.

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Además, desde 1984 es dueño en Estados Unidos de Harris Bank, una de las principales entidades financieras de Chicago, con 775,000 clientes y 140 sucursales. La llegada, hace 10 años, de Barrett a la presidencia del grupo, vino a darle nueva vida a la institución. ¿Su principal apuesta? “La innovación y creatividad en servicios financieros”, dice. El ceo (quien se define a sí mismo como un “paranoico”) vino a cambiar la demasiado ortodoxa y anquilosada visión de negocio del banco por una que lo apuesta todo al rejuvenecimiento integral de la institución, tanto en su imagen como en los productos bancarios.

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De ello se deriva la creación de modelos de negocio totalmente inusuales para los más fervientes creyentes en la banca más tradicional. Un caso -ejemplar serían las Investor, unas minitiendas con un concepto radicalmente distinto al de una sucursal bancaria, concebidas para incentivar a los clientes de clase social más popular para que inviertan sus ahorros en los fondos que maneja la entidad. Además, desde 1996 Bank of Montreal se lanzó a la banca virtual con Mbanx, uno de los primeros bancos de América del Norte que ofrecen todos sus servicios a través de Internet.

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Con su participación en Estados Unidos y México, la meta de más largo plazo de Bank of Montreal es constituirse como el banco más importante de América del Norte. En esta institución no se encuentra a nadie que trate de poner en duda las virtudes del TLC. “Si México ha experimentado una recuperación macroeconómica tan rápida, es debido al acuerdo de libre comercio”, aseguran todos al unísono. Así, resulta claro que el crecimiento internacional de la entidad esté directamente ligado al futuro del desarrollo en los intercambios entre los tres países.

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Para Bank of Montreal esta jugada tan marcadamente regional constituye una clara ventaja competitiva, puesto que, a decir de ellos, no existe un banco que haya establecido una infraestructura tan sólida en los tres países a la vez. Los únicos a los que reconocen como verdaderos competidores directos son Citibank y Hong-Kong Shangai Bank (HSBC). “Pero se trata más de una apuesta global que regional”, se defienden.

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Además, todavía es pronto para saber cómo estos dos gigantes bancarios enfocarán sus estrategias en México; el primero, con la operación directa de la red de sucursales que se agenció de Grupo Ábaco, y el segundo, a través de su ya inmediata asociación con Grupo Financiero Serfin. “Llegan tarde”, aseguran algunos directivos de la entidad canadiense.

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¿Y su gran rival Bank of Nova Scotia, instalado en el territorio con la compra de Inverlat? “Su apuesta es totalmente diferente –argumenta Maila–. No tienen un banco en Estados Unidos y operan de manera directa en el país.” Para Barrett, los bancos que compra en el extranjero su competidor canadiense “no son de la misma categoría”. ¿Se atrevería a calificar a esta maniobra de errónea? “Prefiero no hacer ningún comentario al respecto, simplemente esa no es nuestra estrategia. Además, nunca subestimo a mi competencia”, dice.

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Para Barrett, Bancomer es “ el mejor caballo de México”, y acto seguido intenta hacer un balance entre sus cualidades y sus límites: “Es un banco de alta calidad que puede aspirar a encontrarse entre las más grandes instituciones internacionales. Lo único que les restringe es el tamaño de la economía doméstica y es por ello que requiere de un socio como nosotros, muy sofisticado a escala internacional.”

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ESTRATEGIA DEFENSIVA
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Ninguno de los directivos del banco canadiense vacila cuando se les pide que enumeren las virtudes de su socio mexicano: versatilidad, creatividad, metas comunes de expansión... “Don Eugenio (Garza Lagüera) es muy consciente, sabe muy bien en quién debe de confiar sus puestos clave”, subraya Chisholm.

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Y ya que se conocen tan bien las virtudes, ¿cuáles serían, a juicio de ellos, los mayores defectos de la entidad mexicana? “No poseo una apreciación adecuada debido a las diferencias de cultura”, argumenta Chisholm. “Donde más estamos trabajando con ellos es en el área internacional, para que dispongan de una tesorería más sofisticada en lo que se refiere a banca de inversión. Pero es algo de fácil solución. Espero que haya un periodo de crecimiento sostenido y estabilidad en la economía mexicana. De crearse estas condiciones, Bancomer no me preocupa en lo más mínimo”, comenta Barrett.

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El pasado 21 de julio, el ceo se desplazó a México acompañado de todos sus principales directivos, para realizar una reunión conjunta de ambos consejos de administración. “Uno de los mayores retos es fomentar la participación y el conocimiento entre las dos entidades”, comenta.

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¿Y cómo se instrumenta esta cooperación? Por ahora, hay diez ejecutivos de cada una de las entidades que han intercambiado países para aprender los métodos de trabajo del otro socio. ¿Sólo veinte? “Quizá sea poco –reconoce Chisholm–. Me gustaría que hubiera más.”

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Entretanto, los principales esfuerzos de ambos grupos se han enfocado en cómo juntar la base de clientes de los tres bancos para dar servicio en cualquiera de los tres países, en productos que involucran manejo de efectivo.

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Entretanto, Bancomer tendrá que esforzarse por obtener un desempeño brillante en su operación. Esa es la condición que impuso Bank of Montreal para que, en el año 2001, Bancomer pueda ejercer su derecho a compra de 10 millones de acciones de la entidad canadiense, equivalente a 3.7% del capital total.

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Y ya entrados en cuestiones de participación accionaria, ¿Barrett se considera “saciado” con la -posesión de 16% de las acciones de Bancomer? “Siempre me gustaría tener más –reconoce el CEO–. Creo que debería haber un fenómeno de mayor consolidación entre los bancos mexicanos, tal y como está pasando en todas las economías del mundo. Por ahora, el mercado financiero en México está un poco fragmentado, con demasiadas instituciones. Tanto mexicanos como canadienses deberíamos de preocuparnos por la aceleración de las fusiones entre entidades estadounidenses. Se están creando gigantes enormes contra los cuales será cada vez más difícil competir. La historia de David contra Goliat es muy bonita pero, puestos a elegir, siempre prefiero ser un Goliat.”

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¿Eso significa que, en un periodo mayor, el directivo vislumbraría la posibilidad de una fusión entre Bancomer y Bank of Montreal? “No tengo ningún comentario al respecto. Continuamos interesados en expandir nuestras operaciones allí donde encontremos ventajas competitivas”, concluye Barrett.

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