BBVA o cada loco con su tema

Los efectos del deslistamiento de Bancomer son la punta del iceberg: pocos incentivos para aumentar
Carlos Mota*

El 2 de febrero anunció el banco español BBVA su intención de adquirir la totalidad del capital accionario de Bancomer, mensaje que irrumpió con fuerza en el espectro noticioso financiero nacional. Días después del aviso, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, se mostró públicamente en contra de esa adquisición. ¿La razón? Estima que deslistar la acción de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) va contra la transparencia en una institución financiera de importancia magna en el país.

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El funcionario tiene razón. El evento es indeseable por cuanto la firma no quedará obligada a dar a conocer todo cuanto muestra hoy a los inversionistas. Sin embargo, los discursos de BBVA y de Ortiz están en canales completamente diferentes. Mientras el banco está empecinado en triunfar globalmente a través de medir su fuerza contra Santander en nuestro territorio, el gobernador aboga por un tema ausente en el discurso empresarial mexicano.

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Pregunta: “¿Me quieres, mi amor?”; respuesta: “No, soy alérgico a los perros.” No hay diálogo. En otras palabras, la dinámica global de los negocios está empezando a rebasar el tiempo en el que México pudo insertarse en el ámbito de las corporaciones de clase mundial.

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En el mundo desarrollado, la declaración de un personaje como el dirigente del banco central no habría sido noticia. La transparencia sería una premisa básica del sistema de negocios. Pero en el país son tan pocas las empresas públicas, y tan mala la perspectiva para que sea una práctica común, que se antoja muy deseable que el gobernador hiciera una campaña a favor de que más compañías se enlisten.

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Hace unos meses Guillermo Prieto, presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, me comentó que el órgano que preside presta muchos servicios y que el mercado de deuda ha tenido un comportamiento explosivo recientemente. Es cierto. Pero sigo pensando: ¿no será tiempo de que en México las empresas se financien con capital y un público amplio tenga acceso a precios de acciones de muchas más organizaciones, a la revisión de sus estrategias y a castigarlas o premiarlas según lo promisorio que sea su futuro?

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La preocupación de Guillermo Ortiz es muy válida, pero se enfoca en el jugador erróneo. El problema no es que los españoles deslisten a Bancomer, sino que el sistema de negocios mexicano sigue sin favorecer que más empresas sean transparentes. Si tuviéramos 3,000 firmas en la Bolsa el dicho de Ortiz habría sido inútil. Pero como apenas tenemos 200 y Bancomer es de las más bursátiles, su opinión cobró la relevancia que tendría en un país africano.

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Lástima. México es la novena economía del mundo, pero hay cosas que la ubican más allá del número 100. ¿Cuándo tendremos más firmas públicas? A este paso, mejor deberíamos fusionar a la BMV con el Nasdaq.

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*Columnista de Milenio Diario. Comentarios: motacarlos@aol.com.

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