Bienvenido sea el realismo

¿Cómo transformar los resultados del 6 de julio en ganancia para todos? Llegó la hora de la madur

A suficiente distancia de las elecciones pasadas es posible ver, con la mirada fría, algunos saldos del proceso y, sobre todo, dirigir la mirada hacia el futuro. De entrada, hay señales que indican que tanto el presidente Vicente Fox como el secretario de Gobernación, Santiago Creel, han captado el significado de la voz (y el silencio) de los mexicanos en las urnas. De inmediato sus mensajes se orientaron a buscar el consenso entre las distintas fuerzas políticas para sacar adelante las reformas que el país requiere.

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Esto es un avance. Aunque no había otra manera de reaccionar, es una muestra de madurez política; justo lo que tanta falta ha hecho en esta administración. Es un paso adelante para disipar lo que caracterizó los tres primeros años de gobierno: la falsa ilusión del éxito imaginario.

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En un reciente artículo publicado por la revista Harvard Business Review, se habla precisamente sobre la engañosa ficción del triunfo y de cómo el optimismo socava las decisiones ejecutivas. Si bien el análisis de Dan Lovallo y Daniel Kahneman se orienta al mundo corporativo, varias de sus reflexiones calzan a la perfección con la administración pública. "Los seres humanos solemos ser muy optimistas la mayor parte del tiempo y tendemos a exagerar los talentos propios", dicen los autores. No es tan difícil entender, pues, el énfasis del mandatario en acentuar lo positivo e ignorar lo negativo de su gestión, escudado en los supuestos ratios de aprobación popular, que suelen ser un espejismo. Los profesores de Harvard señalan que "cuando se suprimen las opiniones pesimistas y se recompensan las optimistas, se debilita la capacidad de pensamiento crítico de la organización". Y, para romper con este paradigma del optimismo recalcitrante, los autores sugieren adoptar una visión externa, objetiva y sin conflictos de interés.

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Para continuar con la analogía, podríamos imaginar que el punto de vista externo a la ingenuidad de la administración foxista fue justamente la manifestación del desencanto de los ciudadanos en los comicios: una gran mayoría se abstuvo de participar (mensaje negativo, por donde se le vea) y el restante decidió castigar al partido en el poder. Lo que hoy sí puede ser visto con optimismo (objetivo) es que el Presidente y su equipo hayan sabido leer la desilusión expresada por el electorado. Esta nueva actitud despierta la esperanza. Cuando se logra asumir con humildad un tropiezo, el aprendizaje marca la ruta para hacer las cosas de otra manera. Visto de este modo, no es impensable que Fox y su gabinete ahora sí se orienten a conseguir resultados, haciendo la tarea de buscar verdaderos consensos, con una visión enriquecida por quienes no piensan igual que ellos.

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Perdió el candor del optimismo paralizante. Que gane ahora una mentalidad realista orientada a resultados. Llegó la hora de ganar-ganar.

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–Los editores

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