Bienvenidos a Europa

¿Le interesa el mercado europeo? Estamos muy cerca de conseguir el pasaporte del libre comercio y d

Si las actuales negociaciones siguen fluyendo, amaneceremos en el 2000 con un nuevo acuerdo comercial. Luego de varios años de estiras y aflojas, las señales que llegan de Europa son positivas y las trabas son cada vez menores.

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Dimensionemos el hecho y, de paso, permítanos ser optimistas porque, esta vez, la ocasión realmente lo amerita. De entrada, ningún otro país del continente americano cuenta con un tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE). Esto ya supone una oportunidad que merece ser evaluada y, por supuesto, aprovechada. ¿Sabe cuánto exportamos a Estados Unidos? Arriba de $100,000 millones de dólares. ¿Y a la UE? $4,000.

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Esas son las cifras. La dependencia comercial que hoy tiene México ha tomado dimensiones épicas. Así, la estrategia de diversificación de socios comerciales no puede ser calificada más que como muy saludable. Cierto: cualquier acuerdo conlleva riesgos, pero creemos que las oportunidades, de lejos, superan a éstos. Gran parte de la planta productiva mexicana aún no es competitiva, pero son otros factores –y no el libre comercio– los que causan el retraso. De hecho, después de 14 años de apertura al mundo y más de cinco del pacto comercial con Estados Unidos y Canadá, los empresarios mexicanos han vivido un proceso de rápido aprendizaje para enfrentar los retos de la globalización. Quienes lo han tomado en serio, recogen hoy frutos.

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Asimismo, el tendido de este puente hacia Europa también debe interpretarse como una jugada estratégica en el terreno de la geopolítica. Las cartas de negociación de que dispone México frente al inmenso poder estadounidense son escasas. Y el tratado con un bloque comercial de la estatura de la UE puede ser un gran instrumento para equilibrar (aunque sea mínimamente) las fuerzas.

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Si sumamos la ubicación geográfica del país a estas ventajas añadidas, el resultado se vislumbra atractivo para lograr superar otra de las urgencias: la necesidad de capital productivo. Es de esperar que algunos de los megaconsorcios europeos encuentren tierra fértil para sembrar proyectos de producción e ingresar por esta vía al siempre atractivo mercado estadounidense. Ese puede ser el caso, por ejemplo, de la industria automotriz, que –con la excepción de Volkswagen– hasta ahora participa con bastante timidez en esta región.

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Visto desde estos distintos ángulos (el intercambio comercial, la geopolítica, las oportunidades de inversión), el acuerdo con la UE abre nuevas oportunidades. Aprovecharlas, hay que insistir, depende de nosotros.

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