Brasil en la mira

Por unos días, en Sao Paulo colgaron la samba en el closet y guardaron las caipirinhas en un cajón
Enrique Chao

¿Por qué no ganó el equipo de México al de Brasil en la reciente Copa América, cuando ya había dominado a su contrincante en el primer tiempo con un inolvidable dos a cero?

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La selección jugó bien, el árbitro no favoreció a los brasileños... De improviso, en la segunda mitad, los brasileños, misteriosamente, remontan el marcador: el encuentro finaliza dos a tres. México pierde.

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La respuesta al primer párrafo se supo poco después –el 19 de junio, en el Hotel Maksoud Plaza de Sao Paulo, Brasil–, en plena inauguración del Segundo Festival Cultural “Fiesta Mexicana”, en una ceremonia muy colorida que quiso reproducir –con sarape y bullicio– el sabor de lo muy mexicano. Así, durante 10 días, hubo guisos, bebidas, mariachis y danzas autóctonas para una clientela que, por cierto, llenó las mesas cada noche, sin temor a enchilarse con las picosas salsitas.

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Oscar Fitch Gómez, director de Relaciones Públicas de Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma, en su turno al micrófono, confesó, sonrojado, que él había impedido que los artilleros mexicanos golearan al equipo brasileño. Reconoció, cuando todos recobraron el aliento, que estaba muy quitado de la pena viendo el fútbol por televisión –yéndole a México, por supuesto–, cuando recordó que al día siguiente se iba precisamente a Brasil, acompañado tanto de importantes funcionarios del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y la Secretaría de Turismo, como de colegas suyos del Grupo Maseca (Gruma), de Hoteles Westin Regina, de Aeroméxico y de Tequila Tres Magueyes, con la intención de poner muy en alto el nombre de México; primero, con obras de arte y, segundo, con productos mexicanos, como tortillas, cerveza, destinos turísticos y tequila, entre otros.

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Fitch no esperó a que concluyera el partido. En el medio tiempo, y con carácter de urgente, llamó de larga distancia a la Selección Nacional –a su entrenador, quizá– para suplicarle que, por favor, por razones de imagen, por México... perdieran el juego. De lo contrario, explicó, no sólo quedaría deslucido el festival cultural que con tanto empeño había preparado el Consejo Promotor de México (una asociación venturosa del sector público con el privado), sino que el intento de poner un pedazo del corazón de México en el mapa de Brasil tendría un efecto diametralmente opuesto al propósito que los había llevado a esas tierras; es decir, a la conquista del enorme mercado brasileño, empezando por la cosmopolita ciudad de Sao Paulo (una de las cuatro más grandes del planeta, con 18 millones de habitantes por lo menos). De paso, harían sentir el lado bueno del “efecto tequila”, seduciendo con los finos platillos de la cocina mexicana y embelesando con el arte de los pintores mexicanos que dieron rumbo al destino estético no sólo de México, sino de toda América Latina.

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Por otro lado, uno no sabe hasta dónde puede desbordarse el fervor de los hinchas paulistas al ver perdido a su -scracht du ouro ante una escuadra azteca inusitada, en un encuentro de futbol -clave y en la Copa América que, naturalmente (como luego se confirmó), la sienten ganada de antemano.

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La fanaticada podría, a lo peor, linchar a todo lo que oliera a mexicano; a los cocineros, a los danzantes, a los diplomáticos, a los periodistas, a los altos funcionarios y a los altos ejecutivos de empresas, que lo único que querían con esa visita tan remota (más de 13 horas, sólo de ida) era exportar y dar a conocer la alta calidad de sus productos en otras latitudes del globo, las menos frecuentes, quizá, para los exportadores mexicanos.

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“¡Por eso perdió México!”, dijo Fitch, ya sin pena. Los asistentes a la inauguración, un puñado de mexicanos y brasileños –a punto de entonar “El Son de la Negra”– con alivio aplaudieron la ocurrencia.

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El arte, una llave eficaz
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Pero, más allá de los estadios y las jugadas fuera de lugar, lo que se llevó la copa de oro de esta expedición de empresarios y funcionarios, que invirtieron no menos de $100,000 dólares en la organización de este acontecimiento comercial, fue el arte.

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Con una importantísima muestra de “Arte Mexicana, Acervo do Museo de Monterrey”, que durará hasta agosto de este año en el Museu de Arte Contemporánea da -Universidade de Sâo Paulo, y que eclipsó –en los días de su apertura, en junio– a la muestra internacional “Monet” en el Museu de Arte Sâo Paulo, el Consejo Promotor del festival anotó un gol que, para muchos, fue el del empate.

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El Museo de Monterrey, brazo cultural del Grupo FEMSA, convencido de su importante papel en esta aventura, primero cultural y luego comercial, sacó de sus paredes y bodegas 40 obras muy representativas de las diversas etapas (a partir de la vanguardia de los años 20) que han marcado y coloreado el arte moderno del país. Desde Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, cabezas del muralismo, hasta pintores de la generación de los 80, como Georgina Quintana o Alejandro Colunga –de estilo “expresionista fantástico”– y Nahum B. Zenil, cuya obra ha sido clasificada como “neomexicanista”, pasando por trabajos destacados de pintores con mayor resonancia en la memoria colectiva: Rufino Tamayo, Carlos Mérida, Gunther Gerzso, Alberto Gironella, José Luis Cuevas, Francisco Toledo y muchos más, que han impactado y emocionado a un público que poco o nada conocía de las manifestaciones artísticas de México.

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“Quizá porque los brasileños, como los mexicanos, siempre han visto en la misma dirección, Europa”, comentó Paulo Roberto de A. Barbosa, asesor de la dirección del Museo.

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Por lo pronto, como marco dorado de un propósito comercial, cultural y de imagen, los 40 cuadros engalanan los muros brasileños y despiertan vivo entusiasmo entre los intelectuales y críticos de arte de esa ciudad, famosa en el mundo por su apetito de cultura.

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Lisbeth Rebollo Gonçalves, directora del Museo de Arte Contemporáneo, no cabía de gozo: “La ciudad de Sao Paulo –expresó– por primera ocasión tiene contacto con una muestra tan relevante de un conjunto de obras producidas por un país cuya historia lo ubica entre los polos culturales más activos de América Latina. Jamás tuvimos en Brasil a tantos nombres importantes dentro de la expresión del arte en México”.

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Dada la cálida recepción que tuvieron, las obras –empacadas y aseguradas– “continuarán después en una gira por Sudamérica”, según comentaron sus entusiastas escoltas, Armando Valdez y Beatriz de la Torre.

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La vanguardia comercial
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El sueño de expandirse por todos los rincones del globo ya tuvo su primera experiencia el año pasado, en la ciudad de Viena, Austria, con los mismos participantes que ahora empacaron maletas y cajas con masa de harina de maíz, chiles, flor de calabaza y los mil y un ingredientes que requiere la barroca cocina mexicana, y quienes –igual allá que en Brasil– tuvieron problemas con la aduana por tratarse de alimentos exóticos (para ellos, claro).

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La tesis de los empresarios de FEMSA, Maseca, Aeroméxico, Hoteles Westin Regina y Tequila Tres Magueyes coincide con la de la Secretaría de Relaciones Exteriores: hay que asomarse y promover a México en el extranjero con la finalidad de propulsar las exportaciones de los centenares de artículos de origen nacional que deberían estar en las casas de los consumidores de todo el mundo.

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Pero primero, para no fallar, es prioritario llevar como vanguardia los productos que más fácilmente se asocian con México, como el tequila, la cerveza, la tortilla y los paraísos turísticos mexicanos.

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Desde el punto de vista de la mencionada Secretaría –que coordina los esfuerzos para promover a México en el extranjero–, la creación del Consejo “refleja el compromiso de los sectores público y privado por apoyar, en forma activa y decidida, el comercio, la cultura, el turismo y la imagen de México alrededor del mundo, demostrando su voluntad de abrir nuevos mercados internacionales y beneficios para el país”.

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Del primer festival, que tuvo lugar en la sobria Viena, el escritor Sebastián Verti –especialista en tradiciones mexicanas y maestro de ceremonias de los dos festivales– cuenta que nunca olvidará las caras de asombro de los atildados vieneses cuando el guitarrón y una desbocada trompeta del mariachi irrumpieron, con alegre son, en la céntrica y plácida Stephans-Platz.

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En Viena también se pusieron de manifiesto el arte, la música, el cine y la gastronomía de México. Conocidos -chefs, cantineros y promotores turísticos de importantes hoteles y restaurantes mexicanos impartieron cursos, conferencias y seminarios de alta cocina y preparación de bebidas tradicionales, y se mostró el mapa turístico de México, así como algunos cuadros, también del Museo de Monterrey (aunque en esa ocasión sólo fueron 10), que colgaron, no en un museo, sino en las paredes del Hotel Intercontinental de Viena.

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Para los empresarios ya hubo ganancias, y no sólo en el renglón de la difusión. Una importante empresa austriaca, que controla 11 casinos, disfrutó tanto el espectáculo que ha solicitado a los organizadores que, el próximo mes de octubre, repitan la fiesta mexicana en sus instalaciones. “Vamos a venderles paletas heladas a los esquimales”, acotó Fitch, de Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma, al hacer patente que compiten en un mercado desbordado por la espuma de las cervezas locales.

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Tequila y tortillas en la dieta brasileña
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Lejos de lo que todos piensan, Sao Paulo no es la imagen evocada en la letra de una alegre samba o un movido -bossa nova, que sugieren por lo regular un Brasil tropical, de vegetación exuberante, con caimanes tomando el sol en las orillas de los turbulentos ríos y/o atractivas -garotas (muchachas) que ya no saben cómo volver más minúsculas sus tangas. La ciudad de Sao Paulo, como la de México, es una desmesura, creciendo sin fin a paletadas de concreto. Sus rascacielos son incontables y, hacia el horizonte, por donde entra en esta época del año el invierno austral (con frío y lluvias), se multiplica incontenible.

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Brasil es un país complejo. Guillermo Bolaños, subdirector de Mercadotecnia de Grupo Industrial Masca (GIMSA), uno de los participantes más activos del Consejo, comenta que la sociedad brasileña no come tortillas ni harina de maíz. “Tendríamos que modificar los hábitos de consumo de los brasileños, como hicimos en Costa Rica.” Bolaños confía en que esa hazaña no sea imposible. En pocas décadas, Masca ha penetrado y se ha consolidado en el mercado norteamericano y en el centroamericano.

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De acuerdo con cifras de Rafael Moreno Turren, ex director de Promoción Externa de Bancomext, el intercambio comercial con Brasil fue de $1,500 millones de dólares al cierre de 1996. Se espera que, con promociones así, “las exportaciones de productos mexicanos se incrementen por lo menos 10% anualmente, ya que el año pasado se exportaron alrededor de $850 millones de dólares a Brasil”.

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Por ello, los funcionarios de la SRE, de Bancomext y de la Secretaría de Turismo no se cansaron de recomendar un evento de esta naturaleza, ya que ayudará a que se reconozca la calidad de los productos mexicanos en el extranjero y a que aumente el intercambio comercial entre ambos países, “con la tendencia a mantener la balanza comercial superavitaria para nuestra nación”, como puntualizó Eduardo Sastré de la Riva, director de Comunicación de Gruma.

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