Buena salud

Los investigadores mexicanos ganan batallas contra el cáncer... y patentes.
María Vázquez Guisán

El respaldo de la silla giratoria del doctor Ricardo Rosales parece un -satélite a punto de desplomarse contra el piso. Está tan inclinado que sus -palabras no hacen sino desafiar la gravedad. “Yo siempre supe hacia dónde iba”, -afirma sin vacilar. La voz del científico se asoma tras un sinfín de archivos -apilados, encima del escritorio y en los apretados estantes de su oficina del -Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de -México (UNAM).

- “Algunas compañías farmacéuticas extranjeras me han contactado por -internet ofreciéndome toda clase de apoyos a cambio de la patente –comenta -con los ojos barnizados por el brillo de la satisfacción–, pero yo de entrada -preferí una empresa mexicana para que el dinero se quede aquí.” Este -biólogo molecular es el descubridor de Vaccilem, la primera vacuna terapéutica -contra el cáncer cérvico-uterino a escala internacional, que Lemery -comercializará en México durante el primer trimestre de 2004.

- La buena salud de los fármacos nacionales se ha fortalecido últimamente -gracias a importantes hallazgos científicos en este sector. México ocupa el -noveno lugar mundial en el consumo de medicamentos. El ramo representa 1.18% del -producto interno bruto (PIB). Desde que salió a la venta en mayo de 2002, -Diabion ha generado algo más de $68.5 millones de pesos a la multinacional -estadounidense Merck. Y no tiene competencia: es el único complemento -vitamínico para diabéticos en el mercado.

- Diabion surgió como resultado de cuatro años de estudio bibliográfico por -parte de un grupo interdisciplinario de investigadores mexicanos del Instituto -Politécnico Nacional (IPN). El doctor Gilberto Castañeda, jefe de la sección -externa de farmacología del Centro de Investigación y Estudios Avanzados -(Cinvestav) de la institución fue uno de ellos: “Esta investigación se -desarrolló muy poco en laboratorio. Lo que hicimos fue retomar toda la -literatura existente acerca de la diabetes y los antioxidantes para decidir -cuál era la formulación correcta”, dice en su despacho repleto de libros con -rúbricas inglesas tatuadas en los lomos.

- Varias tías de Castañeda engrosaron en su momento la funesta lista de la -diabetes en México, donde una de cada 10 personas padece hoy en día esta -enfermedad. Ninguna de las hermanas de la madre del investigador ha vivido, sin -embargo, lo bastante como para beneficiarse del remedio que ha contribuido a -configurar. Diabion es un compuesto que equilibra el proceso de oxidación de -las células y, a largo plazo, evita el deterioro de los vasos sanguíneos, -impidiendo –entre otras complicaciones– la insuficiencia renal, la ceguera o -la amputación de las extremidades.

- Cada vez que las agujas del reloj dan una vuelta completa en México, cinco -personas mueren a consecuencia de la diabetes. Al cabo de dos horas, una mujer -habrá fallecido por cáncer cérvico-uterino. Y 24 minutos más tarde, otra lo -habrá hecho por cáncer de mama. Quizá Biodecan, la prueba para la detección -temprana de este último tipo de cáncer, desarrollada en Ottawa por el doctor -Gabriel Pulido, un científico mexicano formado en la UNAM, logre cambiar la -estadística.

- En agosto pasado, Laboratorios Columbia lanzó Biodecan en México, el primer -país del mundo en contar con esta novedosa prueba. A través de una toma de -sangre, el producto permite identificar con una precisión de 88.9% la presencia -del carcinoma antes de que pueda detectarse mediante mamografías o -autoexploración. Pero la multinacional mexicana no ha desarrollado este sistema -en el país, sino en los laboratorios de su socio canadiense, Canbreal -Therodiagnostics International.

- Falta I+D
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La industria farmacéutica mexicana apenas cuenta con científicos propios. -“Nuestra investigación se lleva a cabo en las universidades. Las empresas de -aquí no tienen tanto dinero y, cuando se trata de compañías grandes que -invierten en investigación, prefieren irse fuera –afirma el doctor Ricardo -Rosales–. En Estados Unidos uno paga un reactivo en dólares pero aquí, -aparte de eso, hay que pagar al distribuidor. Gastamos más y conseguimos menos -por hacer la misma labor”, sentencia al lado de un pizarrón blanco lleno de -fórmulas garabateadas con marcadores rojo y negro.

- La industria mexicana origina 29.8% de los recursos en investigación y -desarrollo (I+D), algo más de $7,230 millones de pesos, frente a 59.1% que -aporta el Estado. El gasto total en I+D ascendió a $24,236 millones de pesos en -2001, una cifra que supera en casi $10,000 millones la cantidad destinada a este -mismo concepto hace ocho años.

- En el sector farmacéutico, las cosas parecen ir más rápido. El mercado de -fármacos mexicano es el más dinámico de Latinoamérica, con una previsión de -crecimiento de 13% anual hasta 2005, más de cinco puntos por encima de la tasa -media prevista para toda la región (7.8%). Las inversiones de la industria -farmacéutica en México para el desarrollo de nuevas plantas y de bienes de -capital ascienden a un promedio de $3,000 millones de pesos cada año. Y sólo -en el período de 1995 a 2000 el número de estudios clínicos se multiplicó -por 10.

- Pese a los buenos augurios, todos los equipos con los que cuenta en su -laboratorio el doctor Castañeda siguen siendo importados. “Estamos haciendo -trabajos de punta, pero muy básicos –explica–. En México aún no hay una -cultura de interacción entre la industria y el mundo académico. Y la -investigación con apoyo únicamente gubernamental resulta imposible en -farmacología. La investigación en medicamentos no puede ser concebida sin la -industria farmacéutica”.

- El amor a la ciencia
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El estatismo mexicano vigente entre los años 60 y 80 tiene su parte de -culpa. Syntex, una compañía fundada por un grupo de inmigrantes judíos que -habían huido de la Alemania nazi chocó con el rechazo de las universidades -cuando quiso buscar alianzas, recuerda Castañeda. Toda la industria, nacional o -multinacional, se consideraba algo malo. Así que los investigadores se -dedicaron a hacer ciencia pura que, teóricamente, debía servir al pueblo. “Dos -décadas después nos dimos cuenta de que todas las patentes de medicamentos en -México eran extranjeras. Nuestra ciencia no le había dado nada al pueblo ni -tampoco al inversionista.”

- Hasta 1991 el régimen mexicano de propiedad industrial seguía constituyendo -un freno para el desarrollo comercial en este sector. La situación mejoró -notablemente a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio para América del -Norte (TLCAN). Aunque México abandonó entonces su política proteccionista, la -legislación aún pone zancadillas a las compañías que desean financiar a la -investigación.

- Por ejemplo, no existen fideicomisos, por lo que el industrial entrega su -dinero a la burocracia. No hay transparencia y nunca le devuelven un estado de -cuenta –explica Castañeda–. Tampoco existe ningún estímulo fiscal. Corea -y Taiwán han logrado que la iniciativa privada entre a la investigación , pero -en nuestro país no existe ningún incentivo y tampoco hemos descubierto un -medicamento para acabar con los burócratas o volverlos inteligentes.”

- Mientras los trámites y papeleos enredan con su intrincada madeja a la -ciencia, una de las cerca de 140 compañías farmacéuticas mexicanas tomó un -atajo. Al margen de las instituciones académicas y de los centros públicos de -vanguardia, Lemery, subsidiaria de Sicor, decidió hace cuatro años probar -suerte en el desarrollo de productos oncológicos y formó su propio equipo de -investigadores. De los 304 empleados directos que tiene en México, 40 -investigan nuevas vacunas contra el cáncer.

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- El laboratorio mexicano, fundado en 1957, es uno de los líderes mundiales en -las áreas de oncología, infectología, anestesiología e inmunosupresión. -Está presente en más de una treintena de naciones y, en 2005, lanzará -Vaccilem en Centroamérica y Brasil. No le ha importado invertir más de $11 -millones de pesos en investigación.

- “El mexicano no arriesga, quiere resultados a corto plazo –afirma -Fernando Díaz, director ejecutivo de Lemery–. Nos dimos cuenta de que, para -poder crecer y afrontar la competencia, había que innovar.” ¿El balance? -Invierten $25 millones de pesos anuales en investigación y este año esperan -ganar $65 millones de dólares. El doble de lo que vendían hace cuatro años.

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