Burocracia en riesgo

El Servicio Profesional de Carrera, que intenta formar una élite de burócratas, podría quedar en
Manuel Lombera Martínez

Una ilusión del pueblo mexicano cobra vida en el gobierno: que los ciudadanos más capaces apliquen los programas públicos más allá del paso de los sexenios. Las palancas familiares, las recomendaciones y el amiguismo podrían desaparecer como forma de reclutamiento en el gobierno mexicano.

- Esto depende del éxito que logre un programa sin precedentes en la historia de México. Se trata del Servicio Profesional de Carrera (SPC) que afecta a casi 62,000 empleados de más de 80 dependencias, sin contar las paraestatales, quienes hoy ocupan (o aspiran a ocupar) un puesto en la Administración Pública Federal centralizada.

- La fase de reclutamiento del SPC ya está en marcha, en está iniciando la capacitación y en breve comenzará la de evaluaciones para verificar el trabajo de todos los servidores públicos, desde directores generales hasta las unidades de enlace.

- El proceso se inició cuando los senadores Carlos Rojas Gutiérrez, del PRI, y César Jáuregui Robles, del pan, propusieron, en 2000 y 2002, respectivamente, sendas iniciativas para crear el Servicio Profesional de Carrera mexicano. La Presidencia de la República tomó la estafeta y presentó su propia propuesta. “Estos proyectos, si no vienen del interés del nivel más alto de la administración, no hubiesen tenido el impulso que tienen hasta hoy día”, asegura Rafael Martínez Puón, director de Desarrollo Institucional de la Secretaría de la Función Pública (SFP). La ley del SPC fue aprobada por unanimidad por los diputados del PRI, pan y PRD en 2003, y puesta en marcha en abril de 2004. “Este consenso emergió en la lógica de la transición política del país. La reforma es vista como un paso hacia la consolidación democrática”, explica George Philip, investigador de la London School of Economics (LSE) en su estudio “International Agencies and Policy Transfer. The Case of the Mexican Civil Service Reform”.

- Pero la instrumentación de este programa tiene piedras en el camino. Por medio del proceso de reclutamiento se busca captar a los ciudadanos idóneos para ocupar los cargos del servicio público. Todos los interesados buscan las vacantes publicadas en la página de internet www.trabajaen.gob.mx; ahí mismo envían su currículum y el sistema evalúa si el candidato cumple con el perfil del cargo que pretende. No obstante, muchos concursantes se han inconformado con los criterios. “Currícula con menos experiencia que otra, es seleccionada”, asegura David Arellano, doctor en Administración Pública por el CIDE.

- Otro problema es la sobredemanda de solicitudes. Según datos obtenidos de la Secretaría de la Función Pública (SFP) en mayo de 2005, se calcula que se recibieron 400 solicitudes en promedio para cada una de las 800 vacantes convocadas hasta abril anterior. “No ha habido todavía la apertura de plazas que debe haber porque el sistema está apenas arrancando”, explica Luis Ernesto de la Fuente, titular de la unidad del SPC. Así que la difusión de vacantes es limitada. Las plazas disponibles se publican todos los miércoles en el Diario Oficial de la Federación, en algunos periódicos, se promocionan en ferias de universidades y a través de empresas de reclutamiento.

- Alberto Reyes fue uno de los 70 aspirantes aceptados en enero de este año para concursar por la Dirección de Responsabilidades de la SFP. Los postulantes presentaron un examen de conocimientos sobre los temas Derecho Administrativo y Marco Legal de las Responsabilidades Administrativas, materias necesarias para el puesto en cuestión. Reyes ya conocía de estos asuntos, pues hace más de dos años trabajó para el Conacyt en una contraloría interna. “Este conocimiento sólo lo adquieres en el servicio público. Para el examen no había temario, fue de opción múltiple, bien capcioso y bien complicado”, recuerda Reyes. Pero David Arellano no ve esto con buenos ojos. “Los que están en el servicio público tienen mucha mayor ventaja sobre los que están fuera”. Para Alberto Reyes esto depende del que se busca. “Hay muchas otras áreas en que no necesariamente pesa más la experiencia”, explica.

- Luego del examen de conocimientos se presentan tres pruebas más: una que aborda aspectos técnicos, otra que trata sobre habilidades gerenciales y, por último, una acerca de la visión del Servicio Público con base en valores como la verdad, la honestidad, la integridad y el espíritu de servicio. De acuerdo con Arellano todos los servicios civiles tienen problemas en la medición de valores por lo abstracto de su definición. Sin embargo, expertos en recursos humanos aseguran que sí es posible. “No es que los tengas o no los tengas; hay grados. Se ponderan por puesto. Existen herramientas que te pueden ir midiendo por conductas, reacciones, respuestas bajo presión y tiempo definido; se plantean situaciones, casos prácticos la vida cotidiana y de relación con las demás personas”, explica Yanis Raptis, director general de Headpower, filial de la empresa de selección de personal Manpower.

- Otra crítica es la diferencia que existe entre el perfil solicitado y las necesidades del puesto. César Hernández, maestro del Centro de Investigación para el Desarrollo (Cidac), opina: “A mis amigos funcionarios les cuesta trabajo contratar aspirantes. Los criterios con los que han sido elaborados los instrumentos de selección muchas veces no coinciden con el perfil que ellos consideran adecuado para el cargo”. Y da sus razones: “Amigos economistas creen que las baterías para vacantes de esa área son escritas por gente que no tiene un enfoque de economía moderna. Lo que las pruebas evalúan muchas veces está basado en gente que no está a la vanguardia de la disciplina. Esto hace que un candidato con un perfil más moderno, que a lo mejor viene del extranjero, no sepa las respuestas. La consecuencia de esto es que no se contrate a los mejor preparados”, dice. En el caso de Alberto Reyes, sólo 10 de los 70 candidatos originales pasaron el filtro de estos exámenes.

- Ahora viene entonces lo que para Raptis es la fase más sensible de cualquier proceso de reclutamiento: la entrevista. Y la que realiza el SPC tiene sus particularidades, debido a que la aplica el Comité de Ingresos, integrado por el jefe inmediato del puesto vacante, un representante de Recursos Humanos de la dependencia que tiene la vacante y un representante de la SFP. Durante media hora cada uno de ellos evalúa un aspecto distinto: capacidades técnicas, perfil psicológico y habilidades gerenciales. Al día siguiente de la entrevista el Comité elige al ganador del concurso y se le notifica. El jefe inmediato del cargo puede inconformarse una vez con la decisión y solicitar que se revise. Pero nadie vigila la decisión final. “Sacrificas la vigilancia por la confianza en el punto de vista de tres distintos funcionarios”, explica Philip.

- Viene la parte de la evaluación. Los 800 servidores públicos contratados desde abril de 2004 por el SPC y los 61,160 burócratas que ya poseían un cargo de director general a nivel de enlace en la APF centralizada tienen que comprobar sus capacidades. Quienes no lo logren pueden tomar una capacitación y volver a presentar los exámenes de evaluación. Si los pasan, se convierten en servidores públicos de carrera. Las certificaciones comenzarán a partir de octubre de este año y deben volverse a aplicar cuando mucho en lapsos de cinco años, con el propósito de garantizar que los servidores públicos se actualicen permanentemente. Aunque estas medidas representan un cambio de mentalidad en los burócratas, cifras de la SFP revelan que más de 70% de los funcionarios de confianza aceptan los exámenes.

- La certificación tiene dos propósitos: eliminar a quienes no cumplan con los criterios profesionales que requiere la administración pública y evitar que, en cada cambio de sexenio, los políticos asignen los puestos públicos a su conveniencia. La certificación garantiza la carrera de largo plazo de un funcionario capacitado y, en caso de despido justificado por otra razón, tiene derecho a indemnización.

- Hoy existen 25,000 alumnos inscritos en más de 14,000 cursos de capacitación que el gobierno federal pone a disposición de los burócratas de todo el país a través de la universidad virtual www.campusmexico.gob.mx. Cada funcionario toma determinados cursos de acuerdo con las capacidades que quiera fortalecer: liderazgo, trabajo en equipo, visión de largo plazo, negociación o fijación de objetivos.

- El primer semestre se ofreció de octubre de 2004 a marzo de 2005 y para mayo siguiente ya había 8,000 personas en lista de espera para los siguientes cursos.

- El gobierno federal también ha recurrido a empresas de recursos humanos para construir sistemas de evaluación de primera calidad. A través de una licitación, Manpower ganó el concurso para evaluar a los candidatos de promoción en el gobierno. “Pasamos los resultados de las evaluaciones y el gobierno decide quién es el mejor candidato para ocupar la posición”, explica Yanis Raptis.

- La aplicación del SPC en sus fases de capacitación y evaluación está en proceso. Pero existe un riesgo para el funcionamiento apropiado del programa y para su existencia misma. Aunque la mayoría de los servidores públicos de confianza aceptan los exámenes de ingreso, no están acostumbrados a ser evaluados. Es un riesgo cultural. “En la UNAM todo el mundo se resistió a ser evaluado cuando quiso entrar Ceneval (…) es parte de una dinámica cultural que tenemos que cambiar”, advierte el director de Desarrollo Institucional de la SFP.

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- El apego cultural también rodea a los políticos, pues algunos aún piensan que la administración les pertenece, por tanto, insisten en obstruir el acceso de los mejores a la burocracia, sin importar cuál sea su signo político. A decir de César Hernández: “La certificación, como funciona en nuestro país, muchas veces tiene un sesgo político. Hay la idea de que ha habido un proceso acelerado de contratación de gente. En los últimos años han llegado funcionarios más ligados a los políticos del pan. Si el gobierno electo en 2006 es de un partido diferente del que hoy tiene el poder, le van a heredar muchísimos funcionarios de nivel dirección general que son incompatibles con su ideología y con su programa de gobierno”.

- Hay quienes critican el programa, pero todos coinciden en que es la única esperanza de que los ciudadanos mexicanos cuenten algún día con servidores públicos de los cuales se sientan orgullosos.

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