Caída suavizada

En el primer trimestre diversos factores hicieron menos severa la contracción. Sin embargo, en los
Alejandro Castillo

Los resultados del Producto Interno Bruto (PIB) y los reportes de las empresas correspondientes al primer trimestre confirmaron algo que ya se esperaba: debido al ajuste, la actividad económica registra una contracción. Lo interesante es que el comportamiento del primer trimestre también permite descubrir que hubo factores que impidieron que esa contracción fuera más drástica.

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De acuerdo con los reportes mensuales del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) acerca de la actividad industrial, ésta fue de más a menos. De una tasa de crecimiento positiva de 3.7% en enero, pasó a una tasa negativa de 1.1% en febrero y se espera que las cifras de marzo muestren una caída todavía más fuerte.

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Según los reportes disponibles, la producción de las divisiones manufactureras mostró un comportamiento claramente definido por el destino de los bienes. En las ramas que producen bienes de consumo duradero (automotriz y línea blanca) y bienes de capital (maquinaria y equipo), de inmediato se observó una baja en la producción. En cambio, en las ramas fabricantes de bienes de consumo no duradero (alimentos, textil y papel) y bienes intermedios (química, petroquímica y metálicas básicas) la baja de la producción no fue muy pronunciada o sencillamente mejoró.

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Sobre esa base, el semanario Tendencias Económicas y Financieras publicó estimaciones acerca del comportamiento que tuvo el Producto Interno Bruto (PIB) durante el primer trimestre. Según ese análisis, éste bajó 1 %, influido especialmente por una fuerte caída en la producción del sector agricultura, silvicultura y pesca, de 3%. En cambio, el PIB industrial habría reportado una baja de 0.9% y el de servicios 0.7%.

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Un mayor desglosé de esas cifras comprueba que la caída no fue de la misma magnitud en todos los casos y hubo algunas actividades que crecieron. Por ejemplo, la actividad que sufrió el impacto más fuerte fue la industria de la construcción, con una baja en su PIB de 4.8%. En cambio, entre las actividades que crecieron se encuentran la electricidad, gas y agua, con 5.9%.

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Por su parte, los reportes de las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) muestran que la mayoría logró incrementar sus ingresos por ventas y un alto porcentaje mejoró su utilidad de operación. Sin embargo, muy pocas pudieron obtener utilidades netas, ya que el impacto de las pérdidas cambiarias determinó el resultado final.

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Los factores "colchones". El programa de ajuste económico que puso en marcha la administración del presidente Ernesto Zedillo se caracteriza por la severidad con la que se propuso contraer la economía para lograr, en el menor tiempo posible, la corrección del desequilibrio en cuenta corriente. No obstante, se observaron varios factores que suavizaron lo que anunciaba ser un drástico desplome de la actividad económica.

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Por ejemplo a raíz de la devaluación, disminuyó rápidamente la presencia de mercancías extranjeras en el mercado interno y las que quedaron se encarecieron. Como consecuencia de ello, las ramas que en los años previos habían sufrido la competencia de bienes importados pudieron recuperar parte del mercado que habían perdido. De acuerdo con cifras del Banco de México, en enero marzo las compras de bienes de consumo fueron inferiores en 29% a las realizadas en el primer trimestre de 1994.

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Hubo empresas que aprovecharon su experiencia como exportadoras y aumentaron sustancialmente sus ventas al exterior. Otras que no lo eran, y que debido al programa de ajuste se encontraron ante la perspectiva de que el mercado interno entraría en una fuerte depresión, también aumentaron de manera explosiva sus exportaciones. Cabe señalar que la reacción exportadora de las empresas también está relacionada con su necesidad de garantizarse flujos de divisas, ya que muchas de ellas habían asumido compromisos en dólares, para llevar a cabo inversiones en su modernización. Es interesante hacer notar que en el primer trimestre las exportaciones manufactureras, sin considerar la maquila, crecieron 43.6%.

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A su vez, la caída en el mercado interno no fue de golpe. Ante la crisis, los consumidores reaccionaron tratando de ganar la carrera al encarecimiento de los bienes. Eso provocó una demanda especialmente dinámica en enero, cuando la gente todavía tenia algo de liquidez y apenas comenzaba a asimilar la gravedad de la crisis, y en marzo, cuando se supo que a partir de abril se incrementaría el IVA.

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La caída del PIB en el primer trimestre también se ve matizada por un efecto estadístico, ya que se compara con un registro especialmente bajo del primer trimestre de 1994, cuando la economía nacional apenas iniciaba la recuperación de la recesión de 1993.

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Llegar al piso. En resumen, se podría afirmar que los resultados económicos del primer trimestre no fueron tan graves como se llegó a suponer, debido a tres tipos de factores: a) la devaluación significó una drástica reestructuración de la oferta para el mercado nacional, la cual abrió espacios para que las empresas que estuvieran en condiciones de hacerlo vendieran más internamente, o exportaran; b) la capacidad de un pequeño grupo de empresas, entre las que se encuentran las que cotizan en la bolsa, para hacer frente al cambio de las circunstancias y, c) el efecto calendario, que se explica por la inercia de crecimiento que se observó en enero y la comparación con un periodo de poca actividad.

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Pero si bien esos factores suavizaron en la realidad y estadísticamente el impacto de la crisis, su efecto no será permanente. Por ejemplo, conforme avance el programa de ajuste, el comportamiento inercial perderá fuerza y la comparación con 1994 será con respecto a periodos en los que hubo mayor dinamismo.

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En cambio, podría mejorar el aporte de los otros factores. En el caso de las empresas que si lograron remontar la depresión del mercado interno, el problema reside en que su efecto sobre la economía es muy limitado. Esa situación se podría modificar en tanto que su dinamismo integre a un mayor número de proveedores nacionales. En este sentido podrían ayudar las medidas gubernamentales recientemente anunciadas para estimular la incorporación de proveedores nacionales a proyectos de exportación. Sin embargo, sus efectos no serán de corto plazo.

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Además, sigue pendiente que se aclare si seguirá una política que busque consolidar la dramática reestructuración que sufrió la oferta nacional. Esta política deberá definir qué se hará en materia de tipo de cambio una vez que se logre controlar esa variable. Esto es más importante en la medida en que la apreciación del peso y el crecimiento de la inflación están mermando rápidamente las ventajas de la devaluación. También deberá establecer medidas para reducir la inflación mediante la productividad interna, la prestación de servicios eficientes y una competencia. De otro modo, pronto se regresará a la situación de finales de 1994.

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