Caja de Pandora

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Andrés Piedragil Gálvez

La imagen de portada de la edición número 421 de Expansión, con fecha 7 de agosto de 1985, es un ejemplo de metáfora precisa: a las elecciones realizadas el 7 de julio de ese año –que pusieron en juego ocho gobernaturas y la Cámara de Diputados– le siguió una ola de especulación económica y una avalancha de noticias poco gratas. La caja de Pandora se había destapado.

- Y en su interior, el país encontró muchas señales de preocupación y augurios de un año sumamente complicado. Entre otras: un mercado cambiario gravemente afectado por las operaciones del mercado negro –donde se llegaba a pagar, sobre todo en la zona fronteriza, hasta $500 pesos por un dólar–; las reservas de divisas del Banco de México registraban una caída de $1,900 millones de dólares (entre diciembre y agosto); la Secretaría de Hacienda informaba que la recolección del Impuesto al Valor Agregado (IVA) estaba por debajo de lo programado al inicio del segundo trimestre de 1985; y el gobierno mexicano decidía reducir los precios de su petróleo inmediatamente después de las elecciones (aun antes de que se difundieran los resultados preliminares), lo que podría representar una pérdida de $1,000 millones de dólares para las finanzas públicas.

- ¿El destape de esta caja de Pandora tenía que ver con el proceso electoral? Una hipótesis difícil de creer. La aplanadora priísta conservaba su poderío. Y en ese sentido, basta mencionar que la Legislatura que se conformó a partir de esas elecciones, la liii, contó con una muy discreta presencia de la oposición, aunque notable por los nombres invitados al debate:  por ejemplo, José Ángel Conchello, Heberto Castillo y Rosario Ibarra de Piedra.

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