Carlos Abascal Carranza. Reforma laboral

Más vale aglutinar consensos que respalden una reforma laboral o el conflicto será mayor que en la
Samuel García

Si tuviera que definir con una palabra al 2001 en materia laboral y salarial ¿cómo lo haría?
-Como un año esperanzador, porque los salarios mínimos y contractuales recuperaron poder de compra en términos reales. Ello nos permite augurar que si logramos sostener el paso de una recuperación, de manera gradual, al término del sexenio habrá una perceptible mejora del nivel de vida de los trabajadores.

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Siendo el responsable de la cartera de trabajo, ¿no le causa frustración el deterioro de la economía y del empleo?
-No. Me causa dolor, pero no frustración. Cada empleo que se pierde me pesa mucho. Sin embargo, el empleo no es responsabilidad del gobierno federal, no es su obligación crear plazas de trabajo. Segundo, el empleo es una consecuencia del crecimiento de la economía. Para que haya creación de puestos laborales tiene que haber crecimiento de empresas y a su vez esto implica al mercado. Éste se cayó, por lo tanto no hubo la proliferación de firmas necesaria. Eso no me causa frustración porque nos dimos a la tarea de atenuar al máximo, con los limitados instrumentos del gobierno federal, el impacto brutal que significa caer de un crecimiento de 7% en 2000 a uno de cero en 2001. A pesar del impacto de la desaceleración en la economía mundial, con nuestros programas logramos impulsar la colocación de 586,000 personas en el mercado formal de trabajo.

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Es partidario de la libertad absoluta en las negociaciones obrero-patronales. ¿Ya dejó de ser el salario un precio controlado por el gobierno?
-Sí, ha dejado de serlo. Esto no quiere decir que estemos faltando a nuestro deber legal de que la CNSM fije los salarios mínimos como un indicador. Pero es sólo eso: un indicador. La empresa que pudiendo pagar más se conforma con incrementar el mínimo para así cumplir con la ley está cumpliendo con la letra de ésta, pero está incumpliendo con su responsabilidad social que es, incluso, superior a la ley escrita.

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Si es así, ¿qué sentido tiene el salario mínimo en México?
-En todas las economías importantes existen salarios mínimos. Lo que está a discusión no es si tiene o no sentido; claro que lo tiene. Lo absurdo es el nivel en el que está. Llevamos 27 años de pérdida que nos ha situado a niveles de hace 50 años en el poder de compra. Por eso tenemos que encontrar fórmulas para que gradualmente se recupere.

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De acuerdo con el Banco de México un tercio de la inflación proviene de los incrementos salariales. ¿Está de acuerdo con esto?
-Yo no soy tan sofisticado y respeto profundamente a la autoridad monetaria. Saco una conclusión un poco más sencilla: el país proyectó un incremento de la inflación de 6.5%; va a concluir en 5.5% y hubo una recuperación real del salario. Muy probablemente en el modelo actuarial así es, no pongo en tela de juicio la seriedad del Banco de México. Es más, le es atribuible –en buena medida– la estabilidad económica del país.

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Mientras que los salarios reales se han incrementado a tasas elevadas, no ocurre lo mismo con la productividad media del país. ¿Acaso esto es reflejo de un mayor poder de los sindicatos?
-No. En 2000 México creció 7% y la productividad también se incrementó. Lo que sucedió en 2001 es que se reconoció ese avance y se distribuyó en los salarios. La otra parte de la explicación es que los empresarios están más conscientes de que si no le dan a sus trabajadores poder de compra, los productos que fabrican no se van a vender. Tienen la intención de recuperar gradualmente la capacidad de compra perdida. Estoy hablando de lo que he conversado con los hombres de negocios...

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¿Es una "conciencia económica"?
-Es social. La gama de revisiones salariales ha ido en 2001 desde lo nulo hasta 16% como en el caso de Nissan-Renault. Yo creo que el ejercicio de hacer de la empresa y el sindicato un campo de batalla no conduce a nada. Mientras más integración haya a lo largo del año entre ambos, el día en que llegan a actualizar contrato y salario las cosas resultan más fáciles. Esa es una enseñanza de oro.

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Usted está en medio de dos fuegos: por un lado se le critica la falta de firmeza para conducir las negociaciones con los sindicatos y, por otro, se le señala como defensor de causas empresariales. ¿Con quién está?
-Estoy con México. Fui empresario y obrero. Es preciso superar esa oposición enfermiza entre sindicatos y compañía. No me siento en medio de dos fuegos, sino ante un enorme reto: cómo contribuyo a construir la responsabilidad productiva y competitiva de los trabajadores y la responsabilidad social de los hombres de negocio. Es natural que hayan fuerzas y grupos que me achaquen, unos, debilidad, y otros, inclinación proempresarial. Pero esos son quienes no han comprendido el cambio de los signos de los tiempos. En el país queremos construir un modelo auténticamente humanista. Ese es el reto.

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¿Se está entendiendo este propósito? Porque a un año de gobierno se le dan calificaciones bajas. Vaya, usted pasa de panzazo.
-En primer lugar me importan los trabajadores que pudiendo haberse ido a una huelga no se fueron por la intervención conciliadora de la Secretaría y conservaron su empleo. Me importa que los 12 millones de empleados registrados en el Seguro Social hayan tenido ganancia real en su poder de compra. Que estemos avanzando en las reformas estructurales de la STPS con el fin de crear condiciones laborales seguras para los trabajadores y más atractivas para los empresarios.

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Si con todos estos logros en la STPS algunas personas me califican bajo, eso quiere decir que el gobierno federal va muy bien, porque hemos logrado romper paradigmas. Se han roto en la relación obrero-patronal, en la solución de conflictos, en la reforma estructural de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, en los ahorros y la transparencia con la que hemos conducido la Secretaría, en el replanteamiento integral de la inspección federal del trabajo que hoy es más preventiva que correctiva, en esta paz laboral que apenas ha reflejado 30 huelgas de las cuales 17 se han resuelto, en el respeto al derecho de huelga.

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Después de la experiencia política de la reforma fiscal, ¿cuál es la lección para sacar adelante la transformación laboral en 2002?
-Una gran enseñanza es que tenemos que aprender a conciliar. Para efectos de la revisión de la Ley Federal del Trabajo esta enseñanza es fundamental. Tengo que agudizar, profundizar y ser más apto y hábil para que cuando el proyecto llegue a la Cámara, lleve detrás de sí tal cantidad de consensos que no enfrente una oposición radical. Caminamos por el lado del acuerdo o el conflicto va a ser mucho mayor que el de la reforma hacendaria.

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¿Cuáles son los ejes fundamentales de una reforma laboral?
-Son tres. Uno, organizar el trabajo de acuerdo con las exigencias actuales del desarrollo tecnológico, de la mundialización de la economía y sin detrimento de los derechos sociales de los trabajadores. Dos, modernizar la impartición de la justicia laboral para tener procedimientos ágiles y eficaces que faciliten la solución de conflictos obrero-patronales. Tres, actualizar las instituciones laborales para que la STPS no sea un obstáculo en el desempeño de las empresas, sino promotora de la actividad productiva.

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¿Es el reparto de utilidades un impuesto a la utilización de la mano de obra o una compensación justa por la productividad que no se le entregó al trabajador?
-Hay que situarse en el entorno en el cual se crea la figura de la PTU. En ese contexto es un mecanismo de compensación adicional al trabajador por la riqueza producida. Creo que como concepto sigue siendo plenamente vigente. Quizá algunos sectores sugieran revisiones a la mecánica, pero la idea de que el trabajador participe de la prosperidad adicional producida es perfectamente válida, socialmente necesaria y, en justicia, debe sostenerse bajo la modalidad que sea.

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¿Es posible la supervivencia de los llamados contratos ley?
-Si entendemos por ello un marco en donde se encuentran las diversas unidades productivas que pueden, a su vez, celebrar convenios especiales, es perfectamente válido. Un buen ejemplo es el contrato ley de la CIRT. ¿Podría desaparecer y ser sustituido sólo por contratos colectivos? Sí puede ser, pero nada impide que existan contratos ley.

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¿Debe modificarse el artículo 123 constitucional?
-Eso lo decidirán los factores de la producción. Lo que no debe modificarse es su orientación social. Eso lo tengo absolutamente claro.

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Si volviera a comenzar su gestión al frente de la STPS y tuviera la oportunidad de corregir algo desde el principio ¿qué sería?
-Siempre hay cosas perfectibles. No cambiaría al equipo que me rodea ni las cinco estrategias que definí: inclusión, gradualidad, diálogo, legalidad y paz laboral. No corregiría mis cinco líneas de acción: nueva cultura laboral, nueva Ley Federal del Trabajo, nueva Secretaría del Trabajo, nuevo sindicalismo y relaciones internacionales más vigorosas. No transformaría los objetivos: crear condiciones favorables al empleo, capacitación, productividad, competitividad y al nivel de vida de los trabajadores. Creo que eso está bien concebido.

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Lo que corregiría son procesos. Quisiera haber avanzado más en la reforma estructural del mundo del trabajo. Creo que pude haber hecho mejor las cosas para caminar más rápido en esa vía.

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¿Ha sido difícil su aprendizaje sobre la instrumentación de las políticas públicas?
-Ha sido frustrante por el exceso de regulación. Quisiera operar con una dinámica mayor y me encuentro con una maraña impresionante de regulaciones internas, de leyes y reglamentos que hacen del gobierno federal un buque pesado en lugar de un conjunto de lanchas rápidas bien coordinadas. Yo quisiera que mi secretaría fuera una de ellas y no una embarcación colgada a un barco pesadísimo al que le cuesta un enorme trabajo virar.

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