Carrera de obstáculos

Los atletas mexicanos son una oportunidad de negocio (y deducción de impuestos), pero las empresas no lo saben.
Marco Núñez

En una visita a México, al nadador Michael Phelps le sorprendió que los atletas mexicanos sean becados en 100% por el gobierno, dice Bernardo de la Garza, director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade).

El nadador se asombró no sólo porque nunca recibió dinero del gobierno (todos sus ingresos venían de patrocinios), sino porque en México las empresas aportan muy poco al desarrollo de los deportistas.

En 1998, el gobierno mexicano creó el Compromiso Integral de México con sus Atletas (CIMA) para becar a los deportistas. 70% de su presupuesto venía del gobierno, y 30%, de empresas como Coca-Cola, Lala y Soriana, pero para 2004 ya se habían perdido.

Hoy apoya a 190 atletas sólo con recursos del gobierno federal.

El apoyo empresarial es clave para llevar a los deportistas a la arena de los negocios, explica De la Garza.

Pero sólo Nike le ha entrado. A fines de 2010, acordó vestir a los atletas mexicanos en los Juegos Panamericanos de 2011 y los Olímpicos de 2012,  y darles hasta 100,000 pesos a los ganadores de medallas. Tres empresas más están en pláticas con la Conade.

La ayuda es pobre frente a países como España donde el Fideicomiso para el Deporte, que beca a 500 atletas, obtiene 70% de sus ingresos de empresas. Conade, en cambio, con un presupuesto histórico de 5,500 millones de pesos, sólo destina 6% al desarrollo del deporte y 60% a infraestructura.

Hay incentivos para que más firmas apoyen a los atletas, como deducir impuestos en sus aportaciones, pero  "nos falta promoción y a ellos, voltear a ver el deporte", dice De la Garza.

El problema es que la deducibilidad es limitada. "Tenemos una recaudación de impuestos raquítica (menos de 11% del PIB), por eso Hacienda ha eliminado las deducciones", explica Raúl Feliz, académico del CIDE.

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