Carta al señor Lozano

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Ricardo Medina

Estimado señor Antonio Lozano Gracia: Usted dice que es víctima de una persecución política porque en su desempeño como Procurador General de la República afectó poderosos y añejos intereses y porque usted milita en el Partido Acción Nacional (PAN).

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Sin ánimo de ofender, creo que deben hacerse algunas precisiones. En primer lugar, usted llegó a ser Procurador por su militancia en el PAN, no por su brillante historial como abogado. Usted se benefició en ese sentido del sólido prestigio del PAN y de algunos de sus viejos militantes en el campo del derecho. Tampoco está por demás recordar que usted fue designado después de que al menos dos muy destacados abogados por diversas razones no pudieron asumir ese puesto. Me temo que ahora en su defensa usted abusa de la generosidad de ese partido político, queriendo cobijar bajo la bandera blanquiazul sus personales desaciertos como Procurador.

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No dudo que algunos inefables priístas, amigos de la lucha sucia y de las trapacerías, han aprovechado sus desventuras, señor Lozano, para ensuciar la imagen del PAN. El problema es que usted les da la oportunidad en bandeja de plata para ese juego sucio. Tampoco dudo que otros procuradores en el pasado, de militancia priísta o sin militancia incluso, incurrieron en peores errores o en conductas reprobables. Pero, por favor señor Lozano, no vuelva a utilizar ese argumento como defensa. Es detestable que rebajemos la ética a la complicidad. La tradición del PAN exigiendo una vida pública transparente y honesta no merece ese argumento ratonero de “si los otros lo hacen y lo hicieron ¿por qué yo no?” Eso déjeselo a los priístas o a los perredistas, no a los militantes de un partido, como el PAN, en cuya doctrina está el rigor ético como fundamento.

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Con todo, usted insiste que es víctima de una persecución y agrede con insinuaciones maliciosas a periodistas y medios de comunicación que osan cuestionarlo. Por favor, señor Lozano, la militancia en la oposición no es patente de impunidad.

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Es probable que usted haya actuado de buena fe en su papel como Procurador. Pero por favor, señor Lozano, lea a Manuel Gómez Morín, la buena fe no es suficiente, la buena fe no suple la pericia y la dedicación en las tareas de gobierno. Usted como otros panistas de reciente protagonismo parece olvidar o ignorar que el fundador de su partido siempre predicó que para hacer las cosas bien no basta la buena intención, se precisa de la técnica y los conocimientos.

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En este sentido, resulta difícil que los mexicanos comunes y corrientes comprendamos que es “justo y correcto” pagar medio millón de dólares del erario público (ojo, señor Lozano, los bienes decomisados al narcotráfico son parte del erario público, no son “dinero sin dueño” que se puede usar sin responsabilidad) a un delincuente confeso a cambio de tal o cual declaración incriminatoria. A lo mejor usted fue sorprendido en su buena fe por alguno de sus colaboradores, digamos el señor Pablo Chapa Bezanilla, pero eso, de nueva cuenta, no es justificación. Para que nos entendamos, la impericia en el desempeño de funciones públicas también implica responsabilidades.

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En su afán de afectar “intereses poderosos”, usted y el ex fiscal Chapa utilizaron métodos cuestionables moral y jurídicamente. Afectaron la reputación de personas e instituciones, recurrieron a filtraciones interesadas en los medios de comunicación, esparcieron insinuaciones maliciosas nunca probadas como si se tratara de hechos verificados. Eso, señor Lozano, también implica una seria responsabilidad moral.

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Por todo esto, señor Lozano, me permito hacerle una sugerencia. Enfrente esa “persecución” no sólo con presencia de ánimo, sino con generosidad e inteligencia. No lesione más el prestigio moral de un partido que durante más de 57 años ha querido ennoblecer la vida pública en México. No decepcione a quienes creemos que la política puede y debe ser algo mejor que el intercambio de pastelazos y el chapoteo en el lodo.

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