Castillo Burgos. No hay última página

Comenzó como librero y dio el paso para ser también editor. Nacido en Yucatán, este empresario, r
Alba Leal García

Aunque los editores y libreros son como especies en vías de extinción y la actual situación económica les impide tener una visión clara del futuro de la s lectura, Alfonso Castillo Burgos, propietario de la Librería Castillo, seguirá apostando todo lo que tiene a sus proyectos editoriales.

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Enfático, este hombre que ha dedicado 37 años de su vida a la difusión de la lectura aclara: "No vamos a decaer con todas las crisis. Seguiremos adelante, seguiremos publicando, nuestros proyectos editoriales no se pararán". Perdido detrás de decenas de libros que casi no dejan un espacio libre en su escritorio, proyecta optimismo y un excelente ánimo, pues asegura que para este año espera un crecimiento sostenido como librero y editor. De hecho, planea lanzar al mercado 60 nuevos títulos de temas diversos.

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Renuente a hablar de pesos y centavos, asegura que al sumar los resultados de la matriz y otras tres sucursales (estratégicamente ubicadas en centros comerciales), la Librería Castillo es líder en ventas en Monterrey, y ésta es la principal motivación para modernizar y diversificar sus sistemas de comercialización, usando sistemas de venta por correo y de puntos de venta. Castillo Burgos no lo dice, pero además es el único librero local que se ha preocupado por ofrecer un ambiente agradable y bien iluminado, donde los clientes pueden revisar con toda tranquilidad las últimas novedades.

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Vuelo propio. A pesar de que sólo estudió hasta tercer grado de primaria en su natal Mérida, este empresario regio por adopción se incorporó al mundo de los libros en 1957, a los 20 años de edad, cuando entró a trabajar a la Editorial Iztaccíhuatl, en la ciudad de México. Posteriormente, la firma lo envió a Monterrey como gerente de ventas y, en 1974, se independizó, o para decirlo con sus propias palabras: comenzó "a volar como la gaviota".

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Su arranque fue la primer Librería Castillo, en la Plaza Comercial Morelos (que también alberga a la Librería Iztaccíhuatl). Este local, ubicado en pleno centro de la ciudad, también tiene muy cerca a la Librería Cosmos. Todos estos nombres son muy importantes cuando se habla de la tradición librera de Monterrey.

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Pronto, Castillo se dio cuenta que tenía capacidad para competir con los grandes y, poco a poco, abrió más sucursales para cubrir los principales puntos del área metropolitana (el único establecimiento que ha tenido que cerrar, hasta ahora, es la sucursal en el centro comercial Del Valle).

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Dicen que luego de ser librero, el paso obligado es convertirse en editor. Castillo así lo hizo en 1977, cuando se dio cuenta que hacía falta una editorial independiente, pues las que funcionaban eran gubernamentales y universitarias. El primer título publicado bajo el sello de Ediciones Castillo fue Nuevo León, apuntes históricos, de Santiago Roel. Después siguieron libros de motivación, como Siete segundos de optimismo, de J.G. Malakara -600,000 ejemplares vendidos-, y la primer traducción de El hombre más rico de babilonia, de George S. Clason, publicación que abrió las puertas del mercado extranjero.

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En plena crisis económica, a principio de los 80, Castillo creó espacios para la literatura y publicó títulos de poesía, cuento y novela. Asumió el riesgo, a sabiendas de que "el libro es el último satisfactor de los mexicanos". Y es que, como él mismo acepta, desde hace 25 años se ha ido perdiendo el gusto por la lectura debido al exceso de divertimientos electrónicos.

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El espejismo de los premios. Siempre inquieto, Castillo decidió impulsar nuevos valores literarios. Así, lanzó en 1988 el Premio Internacional de Novela Nuevo León. Participaron más de 150 trabajos de América Latina, Europa y Africa, y el ganador fue el guanajuatense Benjamín Valdivia con El pelícano verde. Hubo dos ediciones más de este certamen -la última fue en 1993, con un premio de N$40,000 nuevos pesos-, pero tuvo que ser cancelado, pues si bien los títulos ganadores eran excelentes en su calidad literaria, pero comercialmente fue un fracaso. "Fue una exploración en el campo de los negocios, que no me ha llenado en el campo de la difusión", dice con un tono de decepción.

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Con todo y sus sinsabores, esta experiencia es sólo una más en la carrera de Castillo, quien en 1989 decidió conmemorar el natalicio de Alfonso Reyes con el Premio Literario Nacional para las Juventudes. Para ello, trabajó en coordinación con el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM); paradójicamente, todos los premios fueron para poetas radicados en el Distrito Federal.

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Impermeable a los fracasos, Castillo ha continuado su búsqueda de estrategias alternativas que apoyen a la difusión de obras escritas por autores nacionales. Así, en 1994 este editor emprendió una nueva aventura: la colección "Más Allá", que comprende novela, poesía, ensayo, cuento, cine y teatro y que en tan sólo tres meses lanzó al mercado seis títulos de autores locales. El propósito de este proyecto es destinarlos primeros 10 números a los creadores neoleoneses, mientras que el resto de la colección (90 libros) estará abierta a escritores de todo el país, como Gustavo Sáinz (del Distrito Federal), Dante Medina (Jalisco) y José Francisco Amparán (Coahuila). Además, las escritoras tienen reservado un espacio especial en la colección "La Eterna Eva", cuyos primeros seis títulos también están dedicados a las plumas de Nuevo León.

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La reforma educativa que impulsó la Secretaría de Educación Pública el sexenio pasado significó la oportunidad de entrar en el campo pedagógico con libros para secundaria y algunos para primaria. La editorial empezó con dos textos en 1992 y dos años después produjo 30 obras. Hasta ahora, en este proyecto han participado 28 autores locales de diversas disciplinas. Cuando habla de este tema, Castillo no puede disimular su orgullo, pues en sólo tres años se ha colado hasta el quinto lugar entre los 30 editores de libros de texto que existen en el país, y sus obras están presentes en el 60% de los estados, desde Yucatán hasta Baja California. Además, para evitar el eterno problema del desabasto que se presenta cada ciclo escolar, tiene oficinas en Guadalajara, México y Mérida, y pronto abrirán sus puertas las de Chihuahua y Tijuana.

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En libros de texto, el mercado es masivo y seguro, pero "hay que evitar ser especulativo". Castillo recomienda hacer libros de calidad, bien ilustrados, que faciliten el aprendizaje. Una de sus mayores satisfacciones es que de los 525 títulos para secundaria, aprobados por la SEP, Ediciones Castillo publicó un libro de matemáticas con pasta dura, cuyo precio fue N$32 nuevos pesos, "aunque en Estados Unidos fácil vale $30 dólares". No obstante, considera que lo hecho hasta ahora es sólo el principio, pues la editorial reforzará su presencia en las primarias y es probable que incursione en textos para preescolar.

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Después de publicar 150 obras, un editor conoce a su público: "Estamos viendo que el mercado más importante para los libros son los hombres de negocio". En este campo, su mayor triunfo comercial es La meta, de Eliyahu M. Goldratt, con 150,000 ejemplares vendidos en México y dos millones en Estados Unidos. Ejemplares de esta obra fueron exportados a países como Colombia, Chile, Argentina, Uruguay, Perú, El Salvador y Costa Rica. Ante la evidencia del éxito, Ediciones Castillo publicó la segunda parte, que se llama No fue la suerte, con un tiraje de 30,000 ejemplares, de los que ya se han vendido 17,000.

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Cuando recuerda los primeros trabajos, Castillo habla sin rodeos: "Al principio fue cometer error tras error. Pero los hemos capitalizado uno a uno para ahora tener libros de calidad. Aprendimos la lección: no podemos improvisar, debemos ser editores profesionales". Hoy ya puede decir que esta actividad le ha dado muchas satisfacciones morales, "aunque a veces los libros se queden en bodega".

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Es tal su interés por promover la lectura y por acercar al público con los autores, que es el único librero local que organiza presentaciones de libros y talleres para lectores de todas las edades. Además, participa en las principales ferias internacionales que organizan México, Colombia, Estados Unidos, Alemania, Chile, Argentina y España.

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Como librero, su mayor satisfacción.,es tener un millón de amigos. Y no es arrogancia, porque el libro es lo más maravilloso del mundo. Cada vez que uno vende un libro, gana un amigo". Y ¿qué hay de su futuro? Lo que espera es que sus cuatro hijos se queden algún día con el negocio y lo administren con el mismo entusiasmo que él ha mantenido.

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