CCE: cambio de guardia

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Alfonso Zárate*

En un contexto complejo, de señales encontradas, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) estrena dirigente. Le toca a José Luis Barraza encabezar esta cúpula en el último tramo de la administración del presidente Vicente Fox. Lo hace en un momento caracterizado por una sucesión adelantada, la mediocridad de la clase política y el hartazgo social. Los mensajes del 27 de junio, el día en que la sociedad ganó la calle, no puede ignorarse, menos aún la advertencia que sólo tres días después hizo el secretario de la Defensa Nacional, Clemente Vega: “sabemos lo que sucede [...] debemos poner  atención en que no se nos vaya la nación de las manos, es tiempo de conciliar”.

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El CCE nació el 7 de mayo de 1975  como la respuesta  orgánica de los empresarios al hostigamiento de un régimen que impugnaba a los “riquillos”, alentaba al sindicalismo independiente y manejaba las finanzas públicas, sin sensatez ni prudencia, “desde Los Pinos”, como aclaró el propio presidente Luis Echeverría. La dura confrontación con el presidente Echeverría alcanzó su momento más difícil tras la muerte de don Eugenio Garza Sada, en un intento fallido de secuestro de la Liga Comunista 23 de septiembre, de esos días data la primera generación de secuestros.

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En los últimos dos años, los planteamientos del CCE expuestos por su presidente, Héctor Rangel Domene, no encontraron respuestas. Los empresarios le han demandado al gobierno, a los partidos políticos y al Congreso que arriben a acuerdos en torno a las reformas  estructurales. Propusieron, entre otras cosas, un sistema fiscal —sencillo, eficiente y justo— que impulse el ahorro y la competitividad de las empresas. Nada ha ocurrido.

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Sin embargo, al participar en una mesa redonda, organizada por The Economist, el presidente Fox ofreció algunos datos que, según dijo, nos permitirán alcanzar un crecimiento superior  a 4% este año: en el primer trimestre la inversión privada creció 4.4% y de acuerdo a sus estimaciones la inversión extranjera directa podrá llegar a los $18,000 millones de dólares al terminar 2004. Los datos presidenciales son modestos si se comparan con otras economías, pero es una señal positiva porque implica dejar atrás el estancamiento que caracterizó la primera mitad de esta administración.

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Pero más allá, los inversionistas  reclaman otras ‘claves’: menos reglas, un combate eficaz a la impunidad, un diseño inteligente y funcional de las instituciones de gobierno y, desde luego, una profunda reforma educativa.

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Lo anterior no necesita del concurso del Poder Legislativo ni de reformas constitucionales, pero sí de algo que ha estado ausente o casi durante la administración del presidente Fox: la decisión del gobierno de gobernar.

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*El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario.

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