Celebración prematura

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Ya sea entre predicciones supersticiosas y fatalistas o con serpentinas y champaña, buena parte de la población se prepara para recibir el nuevo milenio... con un año de anticipación. La razón es sencilla: jamás existió el año cero, por ende, la única cuenta posible es a partir del uno. Aunque de todas maneras, la medición es bastante arbitraria y arrastra, desde siglos atrás, algunos errores.

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Todo empezó con las fallas en los cálculos de Dionisio el Exiguo, monje del siglo vi creador del sistema base del calendario actual. Pero la culpa no es por entero del buen religioso, pues cuando inició sus cálculos, la fecha del nacimiento de Cristo estaba envuelta en la nebulosa y, para tomar el camino más sencillo dependió de las imprecisas mediciones romanas. Más aún, decidió marcar anno domini, o año del Señor, no en la supuesta fecha del nacimiento de Cristo, sino una semana después, en la fecha de la circuncisión de Jesús. Esta decisión obedeció al deseo de combinar celebraciones: conforme al calendario juliano, ese día la antigua Roma realizaba el festival del Sol Invictus, y qué mejor para atraer paganos que unir ambas festividades y facilitar más el paso de una creencia a otra.

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Pero, además de correr la fecha, Dionisio equivocó por cuatro años el  nacimiento de Cristo, ya que partió del Anno Urbis Conditae (AUC), año más legendario que histórico en el que se fundó Roma. El monje ubicó el año 1 dC como el 740 auc y de ahí dedujo que Jesús había nacido el 25 de diciembre del 753 AUC. Si se acepta lo asentado en el Nuevo Testamento, Cristo nació durante el reinado de Herodes, quien murió poco después del eclipse de primavera. Modernos cálculos muestran tres posibles eclipses en esos días: en el 1 AC, en el 5 DC y en el 4 DC. Por ende, si Herodes decretó la matanza de niños menores de dos años en el 4 DC, Cristo debió haber tenido entre cuatro y seis años en el año que Dionisio fijó como primero de la presente era. Pero, además, fray Dionisio también se equivocó de día, ya que, conforme a estudios actuales basados en cálculos astronómicos y en fuentes históricas, Cristo vino al mundo en otoño o en primavera.

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Pero más allá de estos errores, lo que hoy sorprende es que figuras notables caigan en el error respecto al nuevo milenio, como el Papa, quien encabeza una larga lista de gobiernos que ya organizan festejos. Eso sin mencionar a los comerciantes que, siempre dispuestos a una buena venta, han creado productos milenaristas y así aumentar ganancias.

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